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Miquel Giménez

Opinión

La ANC se quita la careta y apoya descaradamente a los ex convergentes

Archivo. El vicepresidente de la ANC, Agustí Alcoberro, junto al portavoz de Òmnium, Marcel Mauri.
Archivo. El vicepresidente de la ANC, Agustí Alcoberro, junto al portavoz de Òmnium, Marcel Mauri. Andreu Dalmau

En tiempos de carnavales tiene mérito prescindir de disfraces como ha hecho la Asamblea Nacional Catalana. Apoyarán a muerte a Carles Puigdemont sea como sea. La unidad del independentismo ha pasado a mejor vida. Visca Convergència.

La ANC, un instrumento en manos de los convergentes

El comunicado emitido por la entidad separatista presidida por Agustí Alcoberro, sucesor del encarcelado Jordi Sánchez, no deja lugar a ninguna duda. Aseguran que piensan movilizarse en caso de que no haya acuerdo para la investidura del ex President. El tono duro que emplean hacia otros partidos independentistas, léase Esquerra, es poco usual. De hecho, es la primera vez que la ANC se muestra públicamente como lo que siempre ha sido, una herramienta política de la ex Convergencia al servicio, primero de Artur Mas, y ahora de Puigdemont.

La tesis que mantienen en la Asamblea es la misma que utilizan en Junts per Catalunya, siguiendo el guión impuesto por Puigdemont desde Bruselas. No piensan admitir otro candidato porque el cesado “es el legítimo President que hemos votado”; califican a la justicia como “los desacreditados tribunales españoles”; denuncian la “inacción de los partidos soberanistas”; finalizan, en suma, anunciando todo tipo de manifestaciones y actuaciones “hasta las últimas consecuencias” en aras de su fidelidad a Puigdemont. Todo aderezado con el imaginario típico del fugadísimo, afirmando que volverá muy pronto a pisar tierra catalana y que, cuando lo haga para liderar la creación efectiva de la República, la ANC estará siempre a su lado.

Es hora de ajustar cuentas (con ERC), dicen los neo convergentes, de quitarse las caretas y quedarse cada uno en su trinchera"

Lo anteriormente expuesto no es más que la demostración de la ruptura existente entre ex convergentes y Esquerra, como ya se vio en el acto que el pasado sábado celebraron en Sant Vicent dels Horts, municipio del líder republicano, en favor de la libertad de Oriol Junqueras. No acudieron ni PDeCAT, ni Junts per Catalunya ni las CUP. Cada uno va por su lado, algo de suma importancia. Todo indica que el carnavalesco desfile de las manifestaciones unitarias al que hemos asistido en los últimos años toca a su fin. Los de Convergencia se han quedado con sus cachorros políticos, las CUP, así como con las entidades financiadas abundantemente por ellos a lo largo de estos años, ANC y Ómnium. Se acabó la transversalidad.

A Esquerra jamás la consideraron de los suyos porque tenía en su haber el enorme y terrible pecado de haber pactado con socialistas y comunistas los Tripartitos de Maragall y Montilla. Es hora de ajustar cuentas, dicen los neo convergentes, de quitarse las caretas y quedarse cada uno en su trinchera.

En Esquerra no ha gustado nada el comunicado, aunque tampoco los ha pillado por sorpresa. Que en la Asamblea se actuaba a toque de pito, obedeciendo paulovianamente todo lo que se dijera desde el partido fundado por Jordi Pujol, era cosa más que sabida. Si Carme Forcadell, militante de Esquerra, llegó a ser su máxima representante fue porque era una persona fácilmente manipulable y servía como cobertura ante los que denunciaban el carácter manipulado de dicha entidad. Las mentiras, por muy bien urdidas que estén, tienen fecha de caducidad.

Nos oirán desde calles y plazas

Ya que hablamos acerca del concepto mentira será bueno recordar que este proceso está repleto de ellas. En lo que atañe a la ANC y su deseo de salir a la calle, especialmente. Hasta ahora solamente han demostrado ser capaces de organizar manifestaciones orquestadas desde los despachos oficiales, con abundancia de presupuesto, acarreando en autocares a lo más profundo de la Cataluña convergente para manifestarse alrededor de cualquier lema banal, eso sí, convenientemente uniformados con camisetas y pancartas.

Puro humo. Vean como, cuando se impidió la investidura ilegal de Puigdemont, la Asamblea tenía organizada una de estas. Transportados desde los cuatro puntos cardinales de Cataluña, los aguerridos separatistas querían celebrar el advenimiento del nuevo mesías independentista, pero cuando las cosas se torcieron y las CUP y sus Comités para la Defensa de la República tomaron al asalto el Parque de la Ciutadella en el que se encuentra el Parlament catalán, a la Asamblea le faltó tiempo para desconvocarla y rehuir cualquier tipo de implicación. Es la típica estrategia de los nacionalistas de Pujol. Tirar la piedra para luego decir que ellos no han sido.

Esa bravuconería rayana en el infantilismo más pueril les lleva ahora a profetizar movilizaciones colosales, apocalípticas. ¿A quien pretenden engañar? En la Plaza de Catalunya barcelonesa tenían que acampar en señal de protesta miles de separatistas. Pues bien, solo hay cuatro, que además tienen que ver como personas constitucionalistas han hecho lo propio, enarbolando banderas de Tabarnia. Eso es lo que peor les sienta. No solo eso, ven como la gente se enfrenta a ellos, les replica, les planta cara. Atrás quedaron los días en los que su voz era la única que se escuchaba en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades.

La burguesía catalana, que ha estado detrás del nacionalismo, ha cambiado de juguete, abandonando a los que solamente utilizaron como carne de cañón"

A los actos de la ANC seguirán acudiendo los mismos de siempre, por supuesto, que no son otros que los votantes de una convergencia en decadencia. Cada vez menos, porque el desencanto cunde de manera rapidísima entre las filas de aquellos que pensaron crear una República como el que se fuma un puro. Creyeron todo lo que les dijo Mas, y Romeva, y Junqueras, si a eso vamos, pero la realidad les demostró cuan lejos de la verdad estaban aquellas soflamas. Del “tenemos prisa” se ha pasado al momento actual. La burguesía catalana, que ha estado detrás del nacionalismo, ha cambiado de juguete, abandonando a los que solamente utilizaron como carne de cañón.

La broma puede durar aún algún tiempo, porque desde los medios del régimen se sigue machacando de manera pornográfica con los mismos mantras de siempre, ofreciendo una realidad imaginada, sesgada y sectaria. Mucha gente los ve, esperando que esa dosis de adormidera envuelta en una estelada elimine de una vez para siempre la pesadilla de volver a tener que aceptar que los últimos años han vivido en un estado de sonambulismo político. Pero eso también acabará. Cuando lo haga, será muy interesante ver como actúan los que hasta ahora han sido voceros procesistas. El futuro político catalán no depende ya de lo que las asociaciones separatistas digan o hagan. El declive es inexorable y su punto álgido ha pasado. Son carne de hemeroteca, condenados a figurar entre los fiascos más colosales de toda la historia.

A Esquerra y a Convergencia les unía la manifestación populista, la pancartita, las mil y una camisetas y el autocar de ida y vuelta al pueblo, bocadillo incluido"

De ahí que la ANC sea un asunto de menor importancia. Baladronada más o menos, han quedado como lo que han sido siempre, un apéndice de los despachos convergentes. Recordar como los dirigentes de la Asamblea mantenían que representaban un proceso que venía de abajo, del pueblo, y que los políticos lo único que hacían era seguirles el camino que trazaban produce sonrojo. Siguen en lo mismo, claro, porque no van a decir que siempre estuvieron financiados por oscuros capitales de procedencia injustificable. Tampoco asumirán su responsabilidad por el inmenso guirigay en el que nos metieron, todo para tapar la corrupción e intentar no perder el cortijo.

A Esquerra y a Convergencia les unía la manifestación populista, la pancartita, las mil y una camisetas y el autocar de ida y vuelta al pueblo, bocadillo incluido. Al acabarse la fiesta, con el escenario roto y los forillos agujereados, solo les queda la lucha por el poder o evitar las consecuencias penales.

Ese es el epitafio de la ANC, digan lo que digan en sus comunicados.

Miquel Giménez



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