El océano es un edificio de varias plantas en el que la comida se distribuye de manera desigual. Algunas criaturas de gran tamaño, como los cachalotes, se han especializado en inmersiones en las plantas más bajas - en la llamada zona batipelágica (de los 1000 m hasta los 4000 m aproximadamente)  - donde pescan (o cazan) grandes presas como los calamares gigantes y compensan el gasto energético de la inmersión. Otros animales de gran tamaño que viven y cazan en el océano abierto (el piélago), como los elefantes marinos, se han especializado en cazar en las aguas marinas situadas entre 200 y 1000 metros, la denominada zona mesopelágica, ¿pero cómo consiguen alimentarse a diario para mantener el balance energético y poder acumular la grasa que necesitan?

En un trabajo publicado este miércoles en la revista Science Avances, el equipo de Taiki Adachi aporta nueva luz sobre este comportamiento gracias al seguimiento de 48 elefantes marinos hembras mediante acelerómetros y cámaras que les han proporcionado más de 48 horas de grabaciones submarinas y valiosa información sobre su comportamiento diario, los lugares en que cazan y la frecuencia de inmersión. En las imágenes recogidas por los equipos se puede observar cómo estos animales pasan al menos el 80% del día buscando peces y se alimentan entre 1000 y 2000 veces por día. Según sus autores, estas nuevas pruebas muestran que la estrategia de alimentación de estos grandes mamíferos marinos consiste en explotar un nicho oceánico único lleno de peces pequeños. 

Pesca en la oscuridad

Los grandes mamíferos marinos pueden sumergirse profundamente para encontrar comida en esta zona, entre los 200  y los 1000 metros de profundidad, pero cuanto más grandes son, más comida necesitan para mantenerse. Por fortuna para los elefantes marinos, en esta zona los pequeños peces mesopelágicos dominan la biomasa oceánica del mundo, que son los que aparecen como presas en las 48 horas de grabaciones, atrapados y devorados por los mamíferos en la oscuridad.

“Los elefantes marinos hembras bucean continuamente por largos periodos, de entre 20 y 100 minutos, y a gran profundidad entre 500 y 1500 metros”, explica Adachi a Vozpópuli. “Solo descansan unos pocos minutos para respirar entre inmersión e inmersión en la superficie. Su número de inmersiones diarias es de unas sesenta”. En cuanto a la cantidad de peces que devoran, Adachi detalla que pescan entre 1000 y 2000 individuos cada día de una talla dentro 5 y 11 gramos, lo que ofrece una media diaria de alrededor de 11 kg de pescado. “También atrapan calamares cuando bucean a gran profundidad, aunque más raramente”, explica. “A veces, las grabaciones en vídeo se puede ver la bioluminiscencia de las presas, aunque es difícil identificar de qué especie concreta se trata”.

Hacen una media de 60 inmersiones diarias de entre 20 y 100 minutos y comen unos 11 kilos de pescado al día

Una especie "centinela"

Los datos recopilados por Adachi y su equipo sugieren que incluso los elefantes marinos más pequeños resuelven el problema del balance energético comiendo una gran cantidad de peces mesopelágicos pequeños, pero los bocados más pequeños significan que deben bucear repetidamente para mantener un balance energético positivo y esto puede suponer una desventaja si se producen cambios importantes en su ecosistema.

Esta necesidad de alimentarse durante todo el día los hace muy vulnerables a los cambios en la abundancia

“Nuestra principal conclusión es que no es fácil aumentar de peso”, asegura el autor principal del estudio. “Los elefantes marinos tienen que pasar casi todo el día, de 20 a 24 horas diarias, buceando en las profundidades de forma continua para comerse todos los pequeños peces que puedan y acumular las reservas de grasa que son esenciales para tener éxito en la reproducción”.  A su juicio, este comportamiento extremo sugiere que ser "grande" tiene un fuerte peso evolutivo a la hora de seleccionar los alimentos en el océano. Y lo más importante, señala Adachi, esta necesidad de alimentarse durante todo el día indica que estos mamíferos son muy vulnerables a los cambios en la abundancia de presas

“Un reciente modelo climático sugiere que la capa entre 200 y 1000 metros está experimentando cambios físicos (como el calentamiento y la desoxigenación) y que será una de las zonas más sensibles del océano a final de siglo”, asegura. “Los elefantes marinos pueden ser una especie centinela que revele los efectos del cambio climático en la vida oceánica de las profundidades, porque su ganancia de grasa nos puede ayudar a rastrear la abundancia de presas”.

De este modo, la actividad de alimentación del elefante marino podría usarse para rastrear la salud futura de las poblaciones de peces mesopelágicos y monitorizar la salud del ecosistema de la “zona crepuscular” del océano que se caracteriza por las bajas temperaturas y la oscuridad.

Desde hace unos años, la información recogida por los propios animales mediante dispositivos de grabación y seguimiento está siendo de gran utilidad para los biólogos marinos, pero también para quienes monitorizan el deshielo del Ártico. En el consorcio MEOP un grupo de científicos que acoplan sensores en animales como los elefantes marinos recoge datos sobre salinidad y temperatura de las aguas polares. Con este sistema, los científicos analizan los centenares de mediciones realizadas por los elefantes marinos en las aguas árticas para documentar la pérdida de hielo en los últimos años.

Referencia: Forced into an ecological corner: Round-the-clock deep foraging on small prey by elephant seals (Science Advances)