Hace unos 150 millones de años, los dinosaurios caminaron sobre los fósiles de almejas que aún es posible encontrar en las playas asturianas. El equipo de Graciela Delvene y Rafael Pablo Lozano, investigadores del Museo Geominero (Instituto Geológico y Minero de España, IGME), publica esta semana un artículo en las revista Papers in Palaeontology en el que documentan el hallazgo de nuevas especies de almejas de agua dulce que vivieron en el Jurásico y coexistieron con los dinosaurios, como demuestran las huellas de saurópodos que desplazan los bivalvos en el yacimiento de El Talameru. Los bivalvos, señalan los científicos, fueron pisoteados por los dinosaurios.

El estudio da a conocer nuevos géneros y especies de bivalvos a nivel mundial

El estudio de Delvene y Lozano da a conocer nuevos géneros y especies de bivalvos a nivel mundial cuyos nombres están dedicados y rinden homenaje a localidades costeras asturianas: Colunga, Lastres, Abeu, Playa de La Griega, así como al propio MUJA. Algunas de estas nuevas especies se han denominado Asturianaia colunghensis, Asturianaia lastrensis y Mujanaia abeuensis.

Este nuevo registro de bivalvos asturianos es muy importante por lo escasos y poco conocidos que son los moluscos mesozoicos españoles de ambientes continentales. La distribución geográfica de estos animales y la expansión de sus hábitats en la actualidad está condicionada por la existencia de peces, que transportan en sus branquias las larvas de estos bivalvos hasta que alcanzan el estadio juvenil. Esta peculiar estrategia de reproducción fue la misma durante el Jurásico y por tanto las trayectorias que los peces siguieron en aquella época condicionaron y dieron lugar a nuevos hábitats para los bivalvos.

En otro artículo, publicado en Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, Laura Piñuela y José Carlos García-Ramos presentan los resultados del estudio de la composición química de estas almejas de agua dulce, que aporta las claves necesarias para conocer el ambiente en el que vivieron en Asturias hace 152 millones de años. En este caso, las conchas de los antiguos bivalvos se recubrieron de un tipo muy particular de roca, conocida como microbialita, que se forma del siguiente modo: tras la muerte de las almejas, las conchas fueron colonizadas bajo el agua por microbios fotosintéticos (predominantemente cianobacterias), que utilizaron la luz del sol para realizar la fotosíntesis, del mismo modo que lo hacen las plantas. El crecimiento de estos microorganismos modifica el medio acuoso y favorece la precipitación de calcita, que va acumulándose, capa a capa, sobre la concha, en el interior y en el exterior de la misma.

Tanto el recubrimiento microbialítico como la propia concha del bivalvo contienen códigos químicos que permiten reconstruir el ambiente donde vivían estos animales en el Jurásico. El alto contenido en azufre indica que el agua provenía de surgencias o fuentes termales, habitualmente ricas en este elemento químico. Gracias a los análisis isotópicos, ahora sabemos que los bivalvos colonizaron sectores donde el agua procedente de las fuentes termales discurría con una cierta energía y también que a duras penas sobrevivieron en pequeñas charcas que se fueron desecando poco a poco, siempre en un clima semiárido.

Referencias: Delvene, G., Munt, M. C., Piñuela, L., and García-Ramos, J.C. "New Unionida (Bivalvia) from the Kimmeridgian (Late Jurassic) of Asturias, Spain, and their palaeobiogeographical implications." Papers in Palaeontology 2.1 (2016): 1-21. Lozano, R.P., Delvene, G., Piñuela, L., García-Ramos, J.C. “Late Jurassic biogeochemical microenvironments associated with microbialite-coated unionids (Bivalvia), Asturias (N Spain)”. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 443 (2016): 80-97. | Fuente: Instituto Geológico y Minero de España