Cuando uno observa las imágenes en infrarrojo tomadas desde los satélites durante varios años, el planeta parece una criatura que respira. La secuencia muestra cómo el norte se cubre de hielo cuando el sur se incendia y viceversa, cómo la situación se invierte durante los meses de invierno austral. Estos datos tomados meticulosamente por varios satélites durante largos periodos son los que sirven a los científicos de la NASA para elaborar modelos, hacer previsiones y cuantificar la cantidad de gases de efecto invernadero que se están emitiendo y su procedencia. Pero los datos del metano no cuadraban y el modelo preveía mucha más cantidad de la que se observaba en las mediciones.

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En un trabajo publicado esta semana en la revista Nature Communications, el equipo de John Worden ha resuelto el enigma mediante una revisión sistemática de los datos de emisión de metano a nivel global. Estas cantidades de metano atmosférico se miden en teragramos (millones de toneladas). Cada año se emiten a la atmósfera alrededor de 550 teragramos de metano, el equivalente al peso de 110 millones de elefantes, y las emisiones vienen aumentando de forma constante desde 2006 en unas 25 millones de toneladas al año. La mayor parte de este metano tiene tres fuentes principales: las emisiones procedentes de los combustibles fósiles, los humedales y cultivos por inundación como el arroz y los incendios en distintos lugares de la Tierra. Cuando se tomaban los datos reales, la suma de las emisiones de estas tres fuentes era considerablemente menor que la observada, de modo que Worden y su equipo han revisado todos los datos hasta encontrar el origen del problema.

Cada año se emiten a la atmósfera el metano equivalente al peso de 110 millones de elefantes

La causa de la discrepancia, explican los autores del estudio, está en los incendios a nivel global, que decrecieron alrededor de un 12 por ciento desde el año 2000. A partir de las imágenes tomadas por el instrumento MODIS (Espectrorradiómetro de imágenes de media resolución) del satélite Terra, lo esperable es que las emisiones de metano procedentes de los fuegos descendieran en la misma proporción, pero lo que han visto Worden y los suyos es que es al menos el doble de lo que se esperaba. Cuando han restado esta diferencia de la suma global de emisiones, el modelo volvía a encajar de las mediciones y arroja el siguiente balance: cada año se emiten 17 millones de toneladas de metano procedentes de los combustibles fósiles, otras 12 de las zonas pantanosa y cultivos de arroz y el metano cuyo origen se debe a los incendios ha decrecido en unos 4 millones de toneladas cada año. Las tres cifras, combinadas, cuadran con el aumento de 25 teragramos de metano observadas cada año.

Fuente: JPL (NASA)