Ante la amenaza de otros grupos, los humanos se unen y aumentan su comportamiento cooperativo, algo que ya Charles Darwin observó y juzgó como una capacidad que habíamos desarrollado gracias a los procesos evolutivos. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Tokio ha demostrado por primera vez experimentalmente que esta tendencia es compartida por los chimpancés, uno de nuestros parientes evolutivos más cercanos.

En un trabajo publicado este miércoles en la revista PLOS ONE, el equipo de James Brooks detalla el resultado de una serie de experimentos con chimpancés en cautividad para comprobar la reacción de estos animales a nivel colectivo e individual ante la presencia de otros grupos. “A pesar de la importancia de entender cómo los humanos pueden ser cooperativos con los miembros de su propio grupo y aún así llevar a cabo agresiones extremas con miembros de otros grupos, hasta ahora ha habido pocos estudios sobre si esta asociación de comportamientos sucede en primates no humanos”, asegura Brooks.

Los trabajos con chimpancés en libertad han documentado durante años la existencia de comportamientos de cohesión entre los miembros de grupos cuando se encuentran con otros, pero para poner a prueba estas observaciones el equipo de Brooks diseñó una serie de experimentos que consistían en simular la presencia de otros primates en el entorno mediante sonidos y observar la respuesta de los individuos. Durante las pruebas, cinco grupos de chimpancés escucharon vocalizaciones de animales desconocidos junto a otros sonidos de control, como el graznido de cuervos. 

Los chimpancés que detectaron la presencia de otros se mostraron más afectivos y fueron menos agresivos con el grupo 

Los autores descubrieron que los individuos que escucharon estos sonidos de animales ajenos a sus grupos se mostraron más estresados y vigilantes, pero en lugar de trasladar esta tensión a sus compañeros, se mostraron más afectivos y fueron menos agresivos en general cuando los cuidadores hicieron escasear la comida, en comparación con el grupo de control.

Uno de los grupos de chimpancés con los que se hizo el experimento.| Etsuko Nogami, Kumamoto Sanctuary, Kyoto University

A juicio de los investigadores, estos resultados sugieren que, al igual que sucede en los humanos, la competición entre grupos favorece la cohesión. Y van más allá al afirmar que la competición entre grupos durante la evolución humana puede haber conducido a nuestra capacidad de mantener relaciones de cooperación y tolerancia en grandes grupos ante la presencia de un enemigo común. 

“Es la primera prueba experimental de que los humanos compartimos esta propensión con los chimpancés”

“Esta es la primera prueba experimental de que los humanos compartimos esta propensión con los chimpancés”, asegura Shinya Yamamoto, copartícipe en el estudio, “pero aún debe ser probado si se debe a la fuerte historia evolutiva de competición intergrupal en ambas especies o si es un rasgo común compartido con otros grande simios”. El siguiente objetivo del grupo es realizar los mismos experimentos en bonobos, cuyo comportamiento difiere en algunos aspectos del de los chimpancés y no cometen agresiones a miembros de otros grupos.

Una premisa básica de la evolución

“La cohesión y cooperación social fueron una premisa básica en la evolución humana”, apunta el naturalista, explorador y profesor de Evolución Humana Jordi Serrallonga, que ha estudiado durante años a los chimpancés y otros primates en libertad, a los que ha visto defenderse en grupo de los depredadores como el leopardo. "La cohesión social en chimpancés, ahora estudiada en este interesante paper, no es extraño que sea compartida con los humanos y otros muchos seres vivos donde traer una nueva criatura al mundo no solo supone un elevado coste energético”, asegura. “La unión no solo hace la fuerza, sino que supone una genial estrategia adaptativa para la supervivencia de la especie”.

Chimp Eden Sanctuary - Zeena
Un chimpancé joven en un santuario. Imagen: Chimp Eden Sanctuary - Zeena (Flickr, CC)

Para el doctor en biología y especialista en comportamiento animal Antonio José Osuna, los resultados de este trabajo están muy en la línea de lo que se ha observado en seres humanos. “Los desencadenantes que nos llevan a estrechar lazos dentro de nuestros grupos suelen coincidir con los que nos llevan a ser más desconfiados con los grupos externos”, explica a Vozpópuli. “Sabemos que los chimpancés, cuando atacan a otros grupos, lo hacen de forma táctica. No es una violencia reactiva, impulsiva, e irracional. La violencia proactiva de los chimpancés se realiza entre grupos donde los lazos sociales son muy importantes, así como el tamaño del mismo, o la táctica empleada (normalmente son emboscadas). Es esta especie, tanto el ataque como la defensa requieren de cohesión dentro del grupo, de otra forma, estaría destinado al fracaso”.

En el caso de los humanos, esta reacción de agresión parece estar modulada por la hormona oxitocina. “En nuestra especie, la administración de oxitocina nos lleva a favorecer a cooperar dentro del grupo, pero al mismo tiempo también a competir con aquellos que consideramos externos a nuestro grupo”, explica Osuna. “Es esperable que en chimpancés, con los que estamos cercanamente emparentados, exista un fenómeno similar”, concluye.

Referencia: Uniting against a common enemy: Perceived outgroup threat elicits ingroup cohesion in chimpanzees (PLOS ONE) doi: 10.1371/journal.pone.0246869