En ocasiones, las piedras que se encuentran fuera de lugar contienen una gran historia. Se las conoce como “exolitos” y su presencia en zonas lejanas a su lugar de formación - cuando se descartan otros factores - puede ser una prueba de que alguien o algo las llevó muy lejos. En el verano de 2017 un grupo de investigadores recogió una serie de piedras de cuarzo rojo en un yacimiento de Wyoming (Estados Unidos) que parecían fuera de contexto. Se trataba de cantos muy redondeados y pulidos por la erosión en medio de un terreno de rocas sedimentarias de grano fino, de manera que decidieron investigar su origen. Analizaron los cristales de zirconio de su interior, una técnica de datación muy precisa en geología, y vieron que aquellos cantos rodados se habían formado al sur de Wisconsin, en una zona geológica a más de mil kilómetros del lugar. ¿Cómo habían llegado hasta allí?

Cuatro años después, Joshua Malone y su equipo presentan un trabajo en la revista Terra Nova en el que responden a la cuestión con una sugerente y provocadora conclusión. Tras reconstruir la historia de cinco de aquellas piedras, los autores del estudio proponen como posible explicación que esas rocas - halladas dentro de una zona conocida como formación Morrison, rica en fósiles del Jurásico - fueron tragadas por los grandes dinosaurios de cuello largo conocidos como saurópodos y trasladadas en sus estómagos de un lugar a otro. Se trataría, según ellos, de “gastrolitos” o piedras que estos animales habrían ingerido para procesar mejor las grandes cantidades de alimento que tomaban, a la manera en que las aves actuales incorporan piedras en sus mollejas. 

Zona donde se encontraron las rocas del estudio | Malone et al.

“Interpretamos que estos gastrolitos fueron ingeridos por dinosaurios, muy probablemente saurópodos”, escriben, “y trasladados después en sus tractos digestivos hasta el lugar de deposición”. Y no solo eso. De acuerdo con Malone, esta sería la primera prueba directa de que estos gigantes viajaban de un lugar a otro, en grandes migraciones, para conseguir alimento. “No ha habido ningún estudio como este hasta ahora que sugiera la migración de larga distancia de los dinosaurios usando esta técnica”, así que fue un momento emocionante para nosotros”, asegura en declaraciones a The New York Times

Dinosaurios que tragan piedras

El estudio ha sido acogido con interés y escepticismo por los expertos en este tipo de fósiles. Básicamente porque les faltan elementos para afirmar con rotundidad que estas piedras viajaron en algún momento “a bordo” de un dinosaurio, puesto que no han aparecido junto a los restos fósiles de ninguno de estos animales. “Desgraciadamente, no tenemos ninguna prueba real de que estos fragmentos de roca sean de hecho antiguos gastrolitos”, asegura el paleontólogo Oliver Wings, una de las máximas autoridades en el estudio de este fenómeno. De la misma opinión es el especialista español Francisco Ortega, paleontólogo del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED, quien considera que los investigadores han hecho una propuesta sugerente pero les faltan pruebas. “No se puede decir que sea una prueba robusta de una migración de dinosaurios que comen piedras y se las traen de un sitio para otro”, explica a Vozpopuli.

En el año 1991, el grupo de Ortega sí localizó evidencias directas de gastrolitos entre los restos fósiles de un gran saurópodo, un Dinheirosaurus de más de 23 metros de altura hallados en la localidad portuguesa de Porto Dinheiro, al norte de Lisboa. “Era un esqueleto bastante completo y lo tuvimos que ir desmontando a medida que lo íbamos excavando”, recuerda, “pero hubo un momento en que en los alrededores empezaron a aparecer piedras que eran exolitos, cantos rodados de entre dos y cinco centímetros. Aquello llamó nuestra atención, hasta que levantamos y vimos una pelota entre las costillas, una pelota muy densa en la que había ciento y pico piedras de este tipo”. Los paleontólogos extrajeron una a una aquellas piedras y hoy están en un museo, y aunque no hay pruebas definitivas de si los dinosaurios usaban las piedras en algún órgano para digerir la comida, como hacen las aves, el agrupamiento les lleva a pensar que quizá estaban en un mismo órgano.

Un supuesto gastrolito sobre el terreno
Un supuesto gastrolito en la formación Morrison | Malone et al.

“El uso de piedras con estos fines es habitual no solo en las aves”, apunta Ortega, “otros animales como los cocodrilos y algunos mamíferos marinos también se tragan piedras con fines hidrostáticos, para ayudarles a la inmersión”. Por eso el hecho de encontrar piedras dentro de los dinosaurios tampoco es una prueba definitiva de que las utilizaran para la digestión. Unos animales tan grandes, apunta Ortega, pudieron tragar cantos de manera accidental al alimentarse  y dado que estos elementos sólidos tardan en salir del tracto digestivo, haberlas ido acumulando a lo largo de sus vidas.

Un “salto sin red”

¿Son gastrolitos las rocas encontradas por el equipo de Malone? De entrada, aunque estas rocas suelen tener aspecto alisado parecido al de los cantos rodados por la abrasión a la que fueron sometidas en el estómago de los dinosaurios, no existe un análisis morfológico que permita identificarlas con certeza. “Hay na semejanza morfológica que no es del todo real”, explica Ortega. “Se parece a un canto rodado porque dentro de la molleja choca con otros gastrolitos y está sometido a un ataque ácido que puede dejar una pátina de disolución. Pero esa pátina ha estado 140 millones de años expuesta a la erosión y percolador de fluidos, por lo que desaparece”. Por eso, establecer como premisa que los cantos hallados originalmente por el equipo en Wyoming son gastrolitos, sin haberlos hallado en el interior de un fósil, le parece “un salto sin red”.

Los ácidos del estómago dejarían una pátina sobre la piedra, pero esa pátina ha estado 140 millones de años expuesta a la erosión

La segunda cuestión es que aunque gracias a los zircones los autores tienen bien identificado que las rocas se formaron a 1000 kilómetros de distancia del lugar en que fueron encontradas, existen otras vías por las que pudieron llegar hasta allí y que no han sido descartadas. “El problema es que la explicación es muy circunstancial y no la única”, asegura el paleontólogo español. Otro de los procesos en los que se ha visto que se pueden aportar piedras fuera de contexto en el sedimento es mediante su transporte en los cepellones de árboles. Es decir, los árboles arrancados por una riada llevan en sus raíces una gran cantidad de tierra y piedras que se van deshaciendo a medida que los arboles son transportados flotando lejos de de su lugar de origen”. Entre los geólogos, por ejemplo, es también muy conocido el caso de las piedras arrastradas en el interior de los icebergs y llevadas a grandes distancias de su lugar de origen.

Por último, ¿existen otras pruebas que nos digan si los saurópodos viajaban largas distancias para alimentarse?  De momento, los indicios más claros son el hallazgo de fósiles de ceratopsios (un pariente de los triceratops) en una yacimiento de Canadá. “Parece que claramente que fueron atrapados por riadas que arrastraron a manadas enteras y hay quien propone que fueron sorprendidas en migración, como sucede hoy día con los ñus”. Esto no explica que migraran, podrían ser solo grandes manadas pero, de acuerdo con el especialista, en el caso de los saurópodos es muy probable que lo hicieran. Teniendo en cuenta que cada animal de la manada podría ingerir media tonelada al día de vegetación, la posibilidad de que vivieran en una zona estable es muy remota. “Que se estuvieran moviendo por cuestiones de alimentación no me parece tan extraño”, afirma Ortega, “y tampoco que se movieran mil kilómetros, aunque desde luego no lo iban a hacer como las aves, sino con mucho más tiempo”.

En cualquier caso, aunque le falten elementos para ser concluyente, el trabajo de Joshua Malone y sus colaboradores puede haber abierto un camino para comprobar su hipótesis en un futuro y confirmar estas grandes migraciones. “El día que estos gastrolitos aparezcan de forma inequívoca dentro de un fósil, hagamos el zircón y veamos de dónde viene esa piedra, tendremos la prueba”, asegura Ortega. Y tal vez, bromea, ya haya equipos que hayan tomado nota y estén revisando sus gastrolitos para ver si se puede confirmar. 

Referencia: Jurassic dinosaurs on the move: Gastrolith provenance and long-distance migration (Terra Nova) DOI: 10.1111/ter.12522