Mientras investigaba con babosas marinas, la investigadora Sakaya Mitoh descubrió que uno de los especímenes se había dividido en dos partes y que la cabeza estaba separada del cuerpo. Aunque ambas partes se estaban moviendo, la bióloga pensó que al menos la cabeza del animal no viviría mucho tiempo, pues los órganos vitales, como el corazón y el sistema digestivo, estaban en la otra parte. Pero, para su sorpresa, la cabeza no solo siguió viviendo, sino que en las siguientes dos semanas desarrolló un nuevo cuerpo completo, mientras que el cuerpo anterior se deterioró y se descompuso.

En un trabajo publicado en la revista Current Biology, Mitoh ha sorprendido a la comunidad científica al demostrar, después de una serie de experimentos, esta propiedad inesperada en dos especies de babosas marinasElysia cf. marginata Elysia atroviridis, que pertenecen a género Elysia y al lado de los Sacoglossa. Aunque la capacidad de separarse de partes de su cuerpo y regenerarlas más tarde, conocida como autotomía, se conoce en otras especies, como lagartijas o salamandras, es la primera vez que se observa este fenómeno de regeneración de una cabeza separada de los órganos vitales.

Tras provocar esta autodecapitación en varios especímenes en laboratorio manipulándolos con hilos de nylon, los autores del estudio han llegado a la conclusión de que estas criaturas son capaces de poner en marcha este proceso gracias a su particular metabolismo y creen que las babosas se separan del cuerpo cuando están acosadas por los copépodos parásitos. 

Una imagen del proceso de regeneración Sakaya Mitoh

Ladrón de cloroplastos 

Las babosas que pertenecen al caso de los Sacoglossa se caracterizan por haber desarrollado una particular estrategia evolutiva denominada “cleptoplastia” y que consiste en incorporar los cloroplastos de las algas que se comen a su propio organismo en lugar de digerirlos, de manera que consiguen un aporte de energía a partir de la fotosíntesis que producen estos órganos incorporados a su cuerpo. Este sería el recurso principal que permitiría a la cabeza sobrevivir durante un largo periodo hasta que, al cabo de dos semanas, el nuevo cuerpo ha crecido lo suficiente como para tener un corazón y un sistema digestivo nuevos que permitan al animal recuperar su modo de vida “normal”.

Los autores del trabajo quieren estudiar si esta versión extrema de la autotomía a partir de la cabeza se da en otros animales de este mismo lado y tratan de averiguar qué circunstancias en su entorno natural han dado lugar a esta estrategia. En las pruebas con las babosas marinas en el laboratorio lo que han visto es que aquellas que estaban libres de parásitos no desencadenaron el proceso, por lo que sospechan que es una forma de librarse de estos copépodos que le roban energía para la reproducción, lo cual tendría sentido desde el punto de vista evolutivo.

En cualquier caso, aún queda mucho por estudiar sobre estas sorprendentes habilidades de las babosas marinas y tiempo para fantasear, por qué no, con la posibilidad de aplicar esta increíble capacidad de regeneración en las personas.

"Se quedan sin corazón y lo regeneran"

Para el catedrático de Fisiología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) Juan Ignacio Pérez, lo interesante es que es el resultado de la combinación de dos factores muy especiales: (1) que tengan tantos parásitos que, en la práctica, ello conduzca a una forma indirecta de castración parasitaria y que por ello la autotomía sea ventajosa; y (2) que la presencia de cloroplastos simbiontes le proporcione la energía que le deja de proporcionar el digestivo durante el periodo en que debe regenerarlo (junto con el resto). “Esos dos factores deben darse a la vez para que esa estrategia sea ventajosa”, asegura. “Lo llamativo es que se quedan sin corazón y luego es lo primero que regeneran. Eso quiere decir que hasta que lo recuperan, se las arreglan sin él para que las células respiren y reciban alimento”.  

Referencia: Extreme autotomy and whole-body regeneration in photosynthetic sea slugs (Current Biology)