Mi pequeño Salottino

Consideraciones sobre el gobierno representativo

El disparate nunca es un obstáculo político

(Honoré de Balzac)

Votar es una actividad emocional y racional. Los procesos electorales son básicamente un mecanismo de sugestión de masas. El riesgo del sistema representativo - y de la convivencia misma - aumenta cuando las masas están dispuestas a votar contra sus propios intereses.

En todo proceso electoral siempre es más importante lo que no se dice que aquello que se dice. Es obligación del ciudadano descubrir o al menos intuir lo que se oculta y desconfiar de todo lo que se le oferta. En esta tarea siempre hay que poner en cuarentena al periodismo y huir de aquellos medios que contribuyen activamente a la tensión.

Cuando la gente instruida se comporta como militancia y se muestra dispuesta a votar a grupos de tiranos, el sistema representativo ya está en avanzada crisis

Cuando la gente instruida se comporta como militancia y se muestra dispuesta a votar a grupos de tiranos, el sistema representativo ya está en avanzada crisis. La mejor defensa siempre será no sobrevalorar dicho sistema y dudar mucho de quienes insistentemente lo citan.

Entre los principales problemas del sistema representativo se encuentra hoy día la existencia de una Administración omnipresente, poderosa y activa, con gran capacidad de ofrecer, dar y quitar. En estas circunstancias los riesgos son claros. En primer lugar su financiación, que nos lleva al masivo endeudamiento y sacrificio de las clases productoras, y en segundo término - y no menos importante - la eventual irrupción de colectivistas en el sistema político. Pues fagocitarán dicha estructura para ponerla al servicio de la nueva tiranía

El control de la Administración supone el control de los recursos públicos: contratos, subvenciones, cargos, más contratos, más subvenciones, más contratos. Los recursos púbicos acaban así al servicio de un programa ideológico y de la conservación de un grupo político. Surge entonces una nueva-vieja jerarquía cuya influencia puede acabar siendo más nefasta que cualquier otra clase que antes haya desempeñado la función de gobierno.

Toda la confianza que los ciudadanos depositamos en la Constitución está basada, no sólo en el convencimiento de que los depositarios del poder no harán mal empleo del mismo, sino que no podrán hacerlo aunque quieran. Esto es, en esencia, el Estado de Derecho. Pero no podemos desconocer que la Constitución está sujeta a los males característicos del gobierno de clase y será el principal objetivo de todas las tentaciones tiránicas. En estas circunstancias urge su defensa.

Entre los principales enemigos del sistema representativo se encuentra la práctica de la autocensura y la inacción. Pensar que los problemas o desafíos se solucionan solos o que otros los solucionan por nosotros es la garantía de que éstos se agraven y de que el sistema representativo pueda ser demolido. El reino de los déspotas y los tiranos se basa en la inacción de los ciudadanos de bien.

El caso español e hispanoamericano, donde los reaccionarios siempre han sido de verdad y los liberales siempre han sido de pacotilla, es uno de los supuestos más esquizofrénicos de todos los existentes. En las Cortes de Cádiz (1812) descubrimos la pólvora constitucional. Y desde entonces seguimos sin comprender, como ciudadanía, que la Ley no es reflejo del poder político sino su límite, enredados en un círculo vicioso entre la ideología y la identidad, donde al final es la burocracia corrupta y el progresivo descrédito del sistema entre quienes verdaderamente lo sostienen, lo único destacable.

La denominada representatividad de los partidos, su expansión o mengua, gira casi exclusivamente en torno a su capacidad de control y gestión de subvenciones y cargos

Existen dos claves fundamentales para explicar los equilibrios en nuestro sistema político, así como las lealtades y fidelidad a una determinada agrupación: subvenciones y cargos. La denominada representatividad de los partidos, su expansión o mengua, gira casi exclusivamente en torno a su capacidad de control y gestión de ambas cosas. Subvenciones y cargos. Nadie está dispuesto a renunciar a ello y ambas cosas se utilizan para financiar al partido correspondiente. Son unas variables casi asimilables al control del comité electoral.

El sistema representativo, en definitiva, no es exclusivamente un conjunto de normas, reglas, procedimientos o principios, es más bien un estado en el que se encuentra una sociedad. Y no es difícil encontrar una cierta relación de proporcionalidad - directa o inversa - entre el estándar de calidad democrática de una sociedad determinada con su vocación productora y/o planificadora-colectivista.


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