Mercado abierto

Terremotos, réplicas y bolsa

Después de un fuerte terremoto suele producirse una réplica. Quizás es el símil más sencillo para explicar lo que ocurre con las bolsas. Claro que no está tan claro si la réplica es en relación a la fuerte caída de los mercados del verano de 2015 o si las turbulencias de los últimos seis meses son, en conjunto, una réplica del descenso de los mercados que nos acompañó cuando llegó la Gran Recesión. Yo me inclino más bien por lo segundo. Tras el estallido de la burbuja subprime en Estados Unidos, la inyección de dinero en las economías por parte de los bancos centrales fue la medicina usada de manera global para generar seguridad. Estados Unidos ha decidido pulsar el stop en la máquina de imprimir, y eso trae consecuencias: la subida del dólar y la subida de los tipos de interés de la deuda emitida en dólares (y los emergentes tienen mucha deuda en dólares).

Factores derivados de la solución a la crisis financiera se unen a los nuevos agentes, y todo junto da como resultado las turbulencias

Volvamos ahora al terremoto. Tras un temblor de tierra, suele producirse un ajuste de las placas. Pues algo parecido ha sucedido con los mercados y con la economía. El terremoto original (la crisis financiera) trajo consigo apoyos de todos los bancos centrales, no sólo en Estados Unidos, también en la eurozona, en Reino Unido, en Japón… Y ello permitió que, por ejemplo, los PIGS europeos (Portugal, Irlanda, Grecia y España) recuperasen parte de la credibilidad perdida y emitiesen deuda a coste más barato para pagar salir del atolladero. Y mientras la Tierra se movía por dentro, también se producían otros cambios: que si China iba cambiando su modelo de crecimiento, que si Estados Unidos volcaba energía en el fracking para ser autosuficiente energéticamente... Y es ahora cuando los cambios bajo tierra y los cambios sobre la superficie coinciden en el tiempo. Factores derivados de la solución a la crisis financiera se unen a los nuevos agentes, y todo junto da como resultado las turbulencias.

Riesgo de recesión (por muy suave que sea, en Estados Unidos), sospecha de que quedan bancos sin limpiar pese al aumento de la regulación (el mayor banco de Alemania, Deutsche Bank, lleva dos días negando problemas), un precio del petróleo que asusta por la velocidad de su caída (con riesgo de que esa brusquedad traiga consigo impagos de empresas energéticas), cambio del modelo económico en China, países emergentes con economías sustentadas en poco más que el consumo ligado a grandes cantidades de población, países del sur de Europa en los que se pretende dar marcha atrás a las reformas que se les exigieron para apoyarles durante la crisis, tecnología que aumenta productividad sin necesidad de mejorar las tasas de empleo… ¿Sigo? Pues podría, porque dice el matemático Juan Ignacio Crespo que ahora toca enfrentar una crisis de divisas. La verdad es que no me extraña, y más cuando se ha creado dinero de la nada.

La bolsa americana todavía no ha empezado a caer en serio

Miren, mi escena favorita en la película de “The Big Short” (La Gran Apuesta) se produce cuando los trabajadores de una de las firmas de inversión deciden ir a Florida a comprobar puerta por puerta y con sus propios ojos el rumor que circula de que muchas hipotecas están concedidas a perfiles de mucho riesgo (personas que se han endeudado por encima de sus posibilidades, en definitiva). Ahora no toca ir a Florida a comprobar el mercado inmobiliario, pero como sucede en la película, delante de nuestros ojos lo tenemos todo. Y como me recuerda el analista Gerardo Ortega, la bolsa americana todavía no ha empezado a caer en serio.


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