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Personajes bankarios

Las agencias de calificación ya no son lo que fueron, y fueron objeto de nuestro odio. Ya no renegamos de ellas porque ahora miran a España con otros ojos y nos suben la nota (y cuando se llama a la puerta de uno para aplaudir es poco habitual renegar del emisor del elogio). Ah, esperen, a Cataluña no se la suben, ¿pero ahí la culpa es de las firmas de rating o del ambiente incierto que producen las intenciones separatistas de unos?

No podemos olvidar que España tiene una indignante tasa de desempleo del 22,37% y que desde Bruselas llegan peticiones de ajuste de déficit

Tras la subida de calificación de la deuda española decidida por S&P el pasado 2 de octubre, aguardamos a Moody’s. Este viernes día 16 anunciará si mantiene o mejora el rating Baa2 con perspectiva estable (el viernes 23 de octubre la revisión llegará de la mano de Fitch que mantiene una nota de BBB+ con perspectiva estable). Desde luego que la subida de rating por parte de S&P sorprendió a muchos al entenderse como un aplauso a la política económica de un gobierno a las puertas de unas elecciones generales; si bien es cierto que la incertidumbre que nuestro país genera de cara a los inversores poco tiene que ver con la primavera del 2012 en la que el bono soberano a 10 años llegó a marcar una rentabilidad del 7% en un evidente gesto de desconfianza (entre mayo y agosto de ese año la fuga de depósitos en España se cifró en más de 133.000 millones de euros), no podemos olvidar que España tiene una indignante tasa de desempleo del 22,37% y que desde Bruselas llegan peticiones de ajuste de déficit. A ver qué dice Moody´s el viernes.

El caso es que en estos días en los que las empresas de rating vuelven a la palestra, leo que Caja Madrid fue la primera caja española sometida al escrutinio de las agencias de calificación. Pues vaya. Sucedió bajo el mandato de Jaime Terceiro Lomba, presidente de la caja desde 1988. Durante sus ocho años al frente de Caja Madrid, este catedrático de Economía cuadriplicó los beneficios y triplicó los depósitos de la clientela. Es más, bajo el mandato de Terceiro la entidad madrileña se convirtió en una de las primeras que utilizaba en España modelos econométricos y derivados financieros para proteger el balance, claro que también bajo su tutela las retribuciones de consejeros empezaron a incluir el uso de tarjetas de crédito para gastos como comidas o viajes. ¡Quién iba a pensar por aquel entonces que entrado ya el siglo XXI las tarjetas y el balance de la que pasó a ser Bankia se convertirían en objeto de crítica nacional! Pero eran otros tiempos, tiempos heredados de unos años ochenta en los que se trabajó por dotar de competencia a un sector financiero que había estado dominado por unos pocos bancos.

Terceiro no es nada comparado con los 18.000 millones de euros que Caja Madrid llegó a destinar para financiar a empresas promotoras

El relato sobre los turbulentos años de una caja transformada en banco rescatado, lo tienen en “Bankia confidencial”, del periodista Nicolás Menéndez Sarriés. Claro que lo de Terceiro no es nada comparado con los 18.000 millones de euros (el 16% del volumen de crédito) que Caja Madrid llegó a destinar para financiar a empresas promotoras o los 1.000 millones que Bancaja había metido en suelo húngaro que resultó ser suelo agrícola a la espera de que lo recalificasen. Eran años dorados en el sector de la construcción en los que un botones podía acabar como director de un departamento de Riesgos o en el que el presidente de una caja (Blesa) tenía a su disposición una carta casi infinita de vinos para elegir en su despacho. Y luego todo se derrumbó, y entonces se vendieron preferentes y se promovieron fusiones frías y salidas a bolsa. Y volvió Rato. Y también volvió Goirigolzarri con el rescate a la americana de Bankia.

Consciente de que la información, los artículos y los libros surgen a borbotones y una no siempre tiene tiempo para leérselo todo, agradezco el libro de Nicolás Menéndez. “Bankia confidencial” (Deusto) reconstruye hechos y aporta testimonios. La historia la conocíamos pero la agilidad de libro consigue que todavía hoy los personajes bankarios nos sorprendan.


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