Así es la transfobia en España

“Las chicas del instituto me pedían un tampax para dejarme en ridículo" #Transfobia

Más de 3.000 personas viven en España con un sexo que no sienten como propio. Personas que conviven diariamente en una sociedad tremendamente transfóbica e ignorante respecto a la identidad de género. Hablamos con varias mujeres trans que nos cuentan su historia, sus miedos y lo difícil que es, hoy en día, ser ellas mismas.

Sonia, 43 años, madrileña y mujer trans
Sonia, 43 años, madrileña y mujer trans Sonia

[...] un día al salir de la clase de gimnasia tres chicos de clase me cogieron y me encerraron en el vestuario. Me metieron un palo de madera por el culo mientras me insultaban y me decían que si de verdad me sentía chica eso me tenía que gustar y si no, era un mariconazo...

Se llama Madoka, tiene 28 años y reside en Madrid aunque es gaditana. Es una chica trans, auxiliar de veterinaria, estudiante de psicología y actriz porno. Nos cuenta su vida curtida a base de experiencias al límite con una naturalidad que abruma. Un camino lleno de baches hasta exhibir con libertad su identidad de género.

Después de eso empecé a ir mal en los estudios. Repetí varias veces y caí en una depresión. No salía de mi casa para nada y me pasaba el día jugando al ordenador o viendo pornografía en Internet... esto último lo hacía para ver si así me ‘curaba’"...prosigue Madoka.

Madoka.
Madoka. Madoka. Madoka/Twitter

Hemos entrevistado a una docena de mujeres trans para poner en contexto un problema tan grave como el de la transfobia. Para contar con experiencias en primera persona el odio e intolerancia hacia la diversidad de género. Una fobia social nunca lo suficientemente mediática. Un tabú para telediarios de prime-time más enganchados a intolerancias clásicas más triviales. Una docena de mujeres curtidas en mil batallas de abusos, discriminación, falta de recursos e incluso amenazas de muerte que han construido una vida con inexistente o muy poco apoyo social. Mujeres con mentes privilegiadas que nacieron en cuerpos equivocados y han buscado su camino en absoluta soledad.

“[..] así estuve años hasta que reuní el valor para decírselo a mis padres, pero no lo hice porque a mi madre le detectaron un cáncer de colon y preferí no preocuparla con algo así.

El caso es que seguí sin decírselo a mi familia hasta que cumplí los 21.

Entonces, cerca de las navidades de 2009, se lo conté —con un ataque de ansiedad tremendo— y mis padres me dijeron que no pasaba nada, que todo se iba a solucionar, etc, etc,...

Todo mentira.

A día de hoy, después de 8 años siguen sin comprenderme, me siguen tratando en masculino.”... termina Madoka.

Cuando un problema como el bullying o acoso escolar se hace mediático por una noticia de alcance el país se revoluciona y se implica con la víctima. Cuando una chica trans sufre una agresión tránsfoba se cuenta con la turbidez de la crónica de sucesos de suburbio de extrarradio. “El callejón informativo es un punto de partida dolorosísimo y hace un daño tremendo, los medios siempre cuentan lo mismo”, nos reprocha una de las mujeres.

El 82% de los transexuales en España ha sufrido alguna agresión en su vida

Pero es que la mayoría de los chicos o chicas víctimas de ese bullying escolar encuentran una tregua a su terrible pesadilla al llegar a casa. La tortura escolar se toma un tiempo muerto cuando el niño se acurruca en su familia. Sin embargo, la mujer trans que es violada con un palo, intimidada e insultada en el instituto llega a casa y se encuentra con una familia que, por lo general, también le rechaza. Es un desamparo que congela.

Sonia, de Madrid, tiene 43 años y decenas de anécdotas como las de Madoka. Trabaja como técnico sociosanitario en una clínica privada. Me impresiona el currículo de abusos y atropellos que tienen TODAS estas mujeres y la forma de aprender a sobrevivir y convivir con normalidad con todos ellos.

“[...] He tenido experiencias desagradables y hasta divertidas. Como la maldad de las chicas de mi instituto pidiendo un tampax a sabiendas de mi identidad solo para dejarme en ridículo. Menos mal que sujetaba el bolso de una amiga y les di con el tampax en toda la jeta...”

Detrás de esa anécdota hay otra carrera increíble por defender no solo su identidad sino los derechos de un colectivo siempre ninguneado. Sonia recibe por ello constantes amenazas en redes sociales, curiosamente muchas de ellas de mujeres:

Amenazas a Sonia en Facebook
Amenazas a Sonia en Facebook Sonia

Pero también habla de su activismo casi como terapia:

El Orgullo Gay
El Orgullo Gay Sonia

“En esta foto y gracias a ese grupo que estábamos en el orgullo gay nació el movimiento lgtb. Hicimos el desfile y al ratito vimos que los medios se iban, al chico que estaba para guardar su cámara le pregunté "¿De qué medio eres?" y me dijo "De Interviú".

Así que me dio una idea para que no se marcharán y se quedara en nada el desfile. Me saque los pechos y les dije a las otras que me imitaran.

Volvieron los medios como locos y salimos en todos los lados y el Orgullo Gay es lo que es hoy en día. Gracias a las tetas y desparpajo trans.”

Uno de los graves problemas que tienen que afrontar los transexuales es que no existe la autodeterminación de género. Es decir, la sociedad ha impuesto que necesiten de un tercero para que les confirmen que son lo que ellos quieren ser, que se les dé un DNI conforme a un rol de género que imponen otros. Un arbitraje sexual que no tienen los cisgénero (personas cuya identidad de género y género asignado al nacer coinciden). La lucha por reivindicarse tiene que convivir con esta desigualdad, sobre todo si quieren acceder a programas de salud que mejoren el bienestar psicosocial del individuo.

Sonia, 43 años.
Sonia, 43 años. Sonia

Todo ello les prepara para una historia de lucha constante llena de mecanismos de supervivencia como nos confirma el testimonio de Sonia:

“[...] En el colegio solía escapar de los insultos. Me escondía en el recreo en el jardín de la casa del guardián. Su mujer me protegía de las agresiones. Con 12 años opté por hacerme amiga de las chicas de clase, así que me respetaban o sabían que no podrían acercarse a ellas. Con un comentario mío les podría joder estar cerca de las chicas. Así que empezaron a respetarme.”

La transfobia [palabra que, por algún motivo que no alcanzo a entender, aún no recoge la RAE] se alimenta desde la ignorancia. El analfabetismo cisexista y los topicazos mediáticos arruinan la lucha por los derechos del colectivo. Muy poca gente sabe distinguir entre identidad de género, identidad sexual, orientación sexual y el rol de género.

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Muy pocos saben que el transgénero es una personas cuya tendencia no se adecua al rol de género asignado al nacer y que el transexual es, además, el trasgénero que decide hormonarse u operarse para completar esa reasignación sexual. Pero, sobre todo, que ninguna de esas condiciones determina la orientación sexual. Como dice la conocida activista Janet Mock: “La orientación sexual es la persona con la que me voy a la cama, la identidad de género es persona con la me identifico cuando me voy a la cama”.

El inmovilismo cultural hace que muchos no salgan del género binario. Si preguntas a un adolescente cuál es la pareja natural de una mujer trans le estalla la cabeza antes de comprender que la pregunta está mal planteada.

Otros asimilan la transexualidad directamente al travestismo, a una desviación sexual transitoria propia de carnaval o de desfile del orgullo Gay. Lo normal es lo suyo, lo de la Biblia. Esos que ni miran, ni respetan lo que hay detrás: simplemente personas.

No hace falta tener un máster en identidad de género para escuchar y tolerar a otras personas que lo único que quieren es ejercer su sexualidad en libertad.

Hay mujeres trans que no se operan los genitales y tienen más asumido su género que Rita Hayworth. O al revés:”La ausencia de pene no debe privar a la actora de ser un hombre cuando su actitud y signos externos e internos demuestran lo contrario”, no lo digo yo, lo dice ya la jurisprudencia.

Porque cuando alguien se enamora o se siente atraído por otro lo hace del género, no del sexo. Repitan conmigo, tatúense en la frente: “El pene o la vagina de nacimiento no define tu género, en todo caso tu sexo biológico”, por mucho que los impresentables de hazteoir pinten sus soflamas en un autobús [ya inmovilizado].

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Esas campañas que a nosotros nos rechinan al colectivo les destroza. Beatriz (nombre ficticio) 40 años, sevillana y mujer trans residente en Barcelona habla sobre ello:

“Lo malo de todo esto es que, cuando te encuentras con cosas tránsfobas, como lo del bus de HazteOir, con los problemas de distribución de hormonas, con la gente que te dice que eres un tío porque naciste así... pues duele.

A veces piensas que quizá te hubieras quedado mejor sin transicionar por vivir conforme a la sociedad, aunque hubieras sido infeliz.

Eso es lo que quieren, mostrar la imagen de que somos seres dañinos, infelices, enfermos, tóxicos, y que realmente la solución a nuestros problemas es aguantarnos; "aceptarnos como somos", dicen. Precisamente cuando una mujer trans se acepta como es es cuando transiciona.

Luego me acuerdo de cómo era yo, y de cómo soy ahora, y de cuánto he crecido y he mejorado en todo.”

Pero esto no es lo peor, la transexualidad sigue formando parte de la lista de enfermedades mentales de la OMS (como lo fue en su día la homosexualidad y al menos hasta 2018). Esa chabacanería de la calle avalada en las instituciones es un estigma hiper doloroso para todos ellos.

Basta darse un paseo también por la Internet social para comprender el trabajo pedagógico que aún queda. Para elaborar el conjunto de entrevistas de este artículo, por ejemplo, solicité ayuda en redes sociales. ”Lo que pasó después te dejará entre lágrimas”:

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Sin comentarios
Sin comentarios Twitter

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La transfobia burocrática

Beatriz sigue contándonos el complicado proceso 'oficinesco' que tienes que asumir al luchar por legalizar tu verdadera identidad de género:

“Antes, cuando yo transicioné, necesitabas un informe de un psicólogo que te evaluaba. Creo que ahora no estamos mucho mejor. El problema es que el psicólogo a menudo te evalúa conforme a criterios totalmente normativos de lo que es ser mujer. Por ejemplo, si eres lesbiana, te ponen peros. O si no eres una Barbie.

Una vez tienes el informe, un endocrino te hace una prescripción. Cuando llevas un año de tratamiento puedes acceder al cambio de documentación. Primero cambias la partida de nacimiento, y luego el DNI.”

Es en este momento cuando la transfobia burocrática se hace evidente. Antes de llegar a la reasignación de sexo oficial, la transición —lo que erróneamente llama el vulgo ‘cambio de sexo’— el trans vive en un limbo legal que es una pesadilla social. Beatriz prosigue:

“Realmente es un número, ir al mercado con tu tarjeta de crédito donde pone tu nombre antiguo, o ir a votar con el DNI de un señor. Durante ese tiempo estás siempre dando explicaciones y confiando de no toparte con algún estúpido.”

Este limbo normativo algunas lo llevan mejor que otros y depende, en mayor medida, de la aleatoriedad del físico que te regala tu ADN. MurielAurora, otra chica trans, nos cuenta en Facebook su experiencia:

"[...] He observado que la peor parte de la transfobia hacia mujeres es simplemente machismo amplificado. Todas las actitudes machistas contra mí eran mucho más frecuentes cuando se me notaba más que soy trans.

Piropos babosos, ser perseguida por la calle, que intenten tocarme, que me pidan/exijan sexo, algunas veces ofreciendo dinero y este tipo de cosas que pasan a cualquier mujer, todas estas, me las hacían más cuando se notaba más que soy trans. Ahora [por el tratamiento hormonal] me lo hacen menos."

Muriel Aurora
Muriel Aurora Muriel Aurora/ Facebook

Si en España tenemos un problema estructural con la transfobia en México es endémico. Repasando las respuestas a mi solicitud la mayoría de comentarios abusivos y denigrantes vienen de cuentas aztecas, donde el transexual es visto casi siempre como una especie de prostituta asexuada. Una máquina para alquilar sexo folklórico. Pobreza e ignorancia de la mano para buscar simple notoriedad en redes.

Melissa Del Rey. 39 años, universitaria. DF; nos demuestra cómo vencerlos con inteligencia:

“[...] en Twitter los ataques son más virulentos porque son anónimos. Y la transfobia viene del machismo directamente (Una de las mayores gracias de México es el machismo). Aquí aún se tiene la identidad trans como parte de un chiste, como una broma. Nada más que ver los programas cómicos de la televisión o las rutinas de los youtubers para darte cuenta que lo trans son un chiste en sí y que se invalida tomarlo en serio porque "no son reales". Eso y la consideración de sexismo binario (O es hombre o es mujer, nada más), etc.

Hay un montón de troles gay que al parecer les gusta derrochar su transfobia pensando que las mujeres trans son solo gais muy transtornados y desubicados. Pero, de nuevo, al notar que tengo una visión muy crítica de mi persona y que no sólo no me atraen los hombres sino que no tengo vida sexual (Y, ah, que si tengo una carrera, cosa que ellos no lo tienen y no esperan que la tengas), al parecer ya no supieron cómo lidiar con eso y me dejaron en paz también.”

El activismo es perseguido en muchos países por este fascismo integrista e ignorante. Diane Rodríguez es una transexual ecuatoriana, ella y su pareja Fernando Machado se convirtieron en la primera pareja completamente transexual en Ecuador y los primeros en tener un hijo por métodos naturales. Hoy es presidenta de Federación Ecuatoriana LGBTI, asambleísta y con carrera política.

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Diane lleva tiempo denunciando amenazas de muerte en redes, en su casa y en el trabajo. Nos lo cuenta como quien habla de su agenda.

“En el 2012 me secuestraron casi me violan y me matan por el activismo. Y el 2014 me fueron a buscar unos tipos armados a las oficinas de la Asociación donde trabajaba.

Las dos denuncias están en investigación y todavía hoy sin respuesta. Y el miércoles presentaré está tercera [por estos mensajes]”

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La masculinidad herida suele acabar con una mujer trans muerta

Volvemos a España. Esos problemas cotidianos en los baños públicos, en los vestuarios o votando con un DNI de otro género son minucias comparados a los que surgen cuando llega la hora de ligar o intentar encontrar una pareja. Me asombro como muchas de las entrevistadas han perdido las ganas de relacionarse por una simple cuestión de seguridad.

Para Beatriz:

“Lo baños no me dan miedo. Para mi el problema son los vestuarios. Desde que transicioné no he vuelto a ir a un vestuario o gimnasio. Cuando transicionas en edad adulta la estructura ósea ya está forjada y no cambia. Aún pasando por cirugía de pecho y tal, puedes tener unas proporciones masculinas. En un lavabo estás vestida, pero ahí estás desnuda.

El capítulo de citas, sexo, etc... es otro jaleo enorme. Yo creo de que el problema de la gente es que están convencidos de que las personas trans somos bichos raros. Si tuvieran contacto con nosotros, con nosotras, sería todo más normal. Yo ya paso. El problema es que hay una proporción enorme de gente que te busca porque eres un fetiche, o que se echa atrás si sabe que eres trans.

Yo suelo procurar —cuando me he liado con alguien— que supiera desde el principio que yo era trans, y que fuera alguien de confianza. El escenario en que te lías con alguien y se entera a posteriori de que eres trans, para nosotras es especialmente peligroso. A menudo una masculinidad herida acaba con una mujer trans muerta.”

Tras 12 horas de entrevistas me quedo con la sensación agridulce de la opresión a un colectivo y la fuerza o coraza que estas mujeres generan en su autodefensa. Una sociedad demasiado ignorante y una administración  indolente y con muy pocos reflejos para educar en la tolerancia, la protección y el respeto.

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