¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir audiencia?

Mi primera vez viendo el programa 'Mujeres y hombres y viceversa'

Me enfrento por primera vez a 'Mujeres y hombres y viceversa' un programa de Telecinco de audiencia casi millonaria que encandila al público más joven con el cebo del encontrar el amor entre chonismos y tópicos sexistas.

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No se me ocurría nada mejor un viernes después de comer que sentarme a ver una nueva entrega de "Mujeres, hombres y viceversa". Llevaba tiempo intentando escribir algo coherente acerca de este programa que muchas tardes invade los 'time lines' de Twitter con constantes referencias a él pero previamente debería documentarme, así que me enfrenté a mi televisor, mi paciencia y mis ganas de siesta.

Lo primero que veo es el teatrillo de un desfile de los famosos 'tronistas' —aún no entendía bien qué querían decir con este término— y de los pretendientes. El plato —en el que no han tirado la casa por la ventana— es una simulación de un ring de boxeo o lucha libre rodeado de pequeñas tribunas en las que se sientan los actores y actrices y un buen número de jaleadores.

Empieza el 'show':

Tengo que reconocer que me lleva unos minutos comprender cuál es el guión o sentido de aquel programa. Finalmente entiendo que se trata de una especie de rifa en la que un chico y una chica tienen que elegir al 'amor de su vida' en base a citas preparadas, intrigas entre ellos y —supongo— en base a lo que cada uno quiera alargar allí su actuación y por tanto, sus ingresos.

El número de tuits o publicaciones en redes sociales acerca de un programa como éste es bastante elevado, alcanzando muchos días el trending topic nacional aunque, salvo en tuits o publicaciones muy contadas, no suelen arrastrar demasiado 'engagement', es decir la interacción es tremendamente baja.

A pesar de ello el programa cuenta con audiencias muy estables y próximas a las 800.000 personas al día con cuotas de pantalla que se mantienen en torno al 12%, es decir, una barbaridad, aunque parece que nadie lo ve —o dicen no verlo

"Cara de payaso", dice uno de los pretendiente a otro. Han pasado poco más de 8 minutos y surge el primer encuentro verbal no amistoso. No es más que una pieza más en el juego, del guión establecido: intentar provocar la polémica a toda costa. Todo vale en el mercadeo de la audiencia.

Muchos declaran que ven el programa simplemente por diversión, por reírse un rato de lo que ven y oyen en aquella mala opereta. Pero no es extraño leer en redes sociales la intensidad con la que los telespectadores interactúan con los diálogos y riñas que se producen.

Lo cierto es que el tiempo que un programa como éste lleva en parrilla y las audiencias con las que cuenta y mi corta experiencia de poco menos de 60 minutos viendo uno de sus episodios, me hace pensar que no se trata de un programa banal sino más bien lo contrario. Un teatrillo demasiado influyente entre su público diario —jóvenes entre 18 y 25 años— en el que se normalizan ciertos patrones de conducta y llevan las relaciones de pareja a una clara degradación.

Ésta fue la escena que hace pocas semanas se hizo viral en redes y que me llevó a fijarme en este programa. En ella puede verse como el 'tronista' de turno, Suso expone su argumentario con respecto a las explicaciones que previamente había dado su pretendiente, Camila, en las que ella daba su visión de lo ocurrido en la cita previa al programa y como se había sentido muy presionada a mantener relaciones sexuales, cosa que ella no quería en una primera cita.

Las reacciones en redes no se hicieron esperar ante lo que muchas personas consideraron un nuevo episodio televisivo de esta especie de "cultura de la sexo forzado" y de no entender que cuando una mujer dice "no", es "no".

Del resto del programa surgieron más perlas de esa cultura del "chonismo" de la que se nutren. Se pudo ver como los animadores de la fiesta no reaccionaron —salvo un pequeño comentario de la conductora del programa— ante las declaraciones del rey del programa y también cómo fueron capaces de culpar a ella de toda la confusión. Ella, ante los ojos de todos los presentes y de muchos de los espectadores, se mostraba indefensa y culpable.

Por si el fuego no estaba suficientemente avivado, no faltó el comentario de quien ahora se consideraba un víctima y amenazaba, previo agradecimiento a todos, con denunciar a las personas que habían puesto en marcha el hashtag #SusoViolador.

Hecho este paréntesis, a medida que el programa avanza, voy entendiendo que el chico y la chica que ostentan el asiento privilegiado —es decir, el trono— deben ir descartando o no a los candidatos a conquistar su 'corazón' en virtud de las conclusiones —me pareció muy profundo hablar de 'sentimientos'— que pueda sacar entre aquella algarabía.

'Entremos' al sitio en el que teníamos el bolo..." "ENTRAMOOOOOS" gritan al unísono casi todos los que se encuentran en el plató. Mi inexperiencia en este tipo de programas me hace saltar de mi asiento: "¡Corrigen los errores de lenguaje a los actorcillos en directo! 

La palabra "bolo" también me pone en guardia y rápidamente encuentro la explicación en Twitter.

bolos myhyv
bolos myhyv Twitter

Otra fuente de ingresos de la que se nutren los participantes, las agencias y probablemente también el programa son los bolos, es decir los actos presenciales de los que participan en el sarao diario en locales, discotecas,etc... que, por lo que sigo averiguando, anuncian a bombo y platillo en redes.

"¡¡Pagarías un millón por ser la mitad que yo!!". Vuelvo a saltar de mi asiento ante los gritos de uno de los candidatos. No han pasado más de 10 minutos desde la perla anterior y ya tenemos un nuevo motivo para llorar, reír o apagar el televisor.

Los murmullos y las participaciones esporádicas de antiguos participantes o personajes reconocidos de la farándula juvenil son constantes. También forman parte del espectáculo un vaivén de entradas y salidas del plató más propio de alguien con algún tipo de incontinencia que de un regidor con criterio, aunque en este caso sea parte del guión.

De repente una cámara sigue las evoluciones de uno de los despechados pretendientes que entre bambalinas enjuaga sus lágrimas mientras se apoya en la fría torreta de iluminación. Se suceden los cambios de cámara y la tronista decide salir del plató ante los fingidos sollozos del que era —hasta el momento— el favorito de su maquillado corazón.

Es suficiente. Decido apagar la televisión. 55 minutos y no más. La vida tiene escenarios con obras de teatro mucho creíbles e infinitamente más humanas que este batido de chonis y machos.

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