A Alberto Garzón le debían un ministerio después de la OPA de Podemos a Izquierda Unida y como no quedaba ninguno libre, crearon uno nuevo sacando el departamento de Consumo del Ministerio de Sanidad.

Justificar la estructura y el presupuesto que conlleva todo un ministerio es difícil y como no había precedentes en la materia, ha habido que improvisar, así que ahora tenemos un Ministro de Consumo que sale en la tele recomendando comer cinco piezas de fruta diarias, ponerse protección para tomar el sol o beber mucha agua para evitar la deshidratación. Han creado un Ministerio para recordarte cosas que ya te recuerda tu madre por WhatsApp.

La última campaña que han lanzado se titula ‘Menos carne, más vida’, una advertencia del peligro del consumo excesivo de carne para la salud y el medio ambiente, que ha desatado una tormenta de indignación entre la derecha más omnívora.

No ha faltado un sólo político del PP sin reivindicar las grasas saturadas y el derecho a taponarse las arterias libremente de todo individuo. Entre todos ellos ha destacado Juan Ignacio Zoido, que ha reivindicando la dieta mediterránea con una foto de un escalope con patatas fritas. El plato combinado Nº5 del Bar Manolo de toda la vida, pero sin tomate ni lechuguita.

Ni siquiera en su Gobierno ha encontrado apoyo Alberto Garzón. El propio presidente, que probablemente desconociese la existencia de la campaña y hasta del propio ministro, contestó al ser preguntado por el asunto: “A mí, donde se ponga un buen chuletón al punto…”.

Sánchez tiene pinta de ser de esos que en las bodas le dice al camarero “El agua para regar las plantas” mientras descorcha una botella de Barbardillo. El chuletón desbanca así a Operación Camarón como la comedia del verano, al menos en Twitter.

Y este domingo termina una Eurocopa en la que España ha superado las expectativas, como cuando mandasteis a Chiquilicuatre a Eurovisión y consiguió el mejor puesto de los últimos años. Con la selección ya elminada, los tuiteros españoles se han volcado con Italia en la final, por su cercanía con la cultura latina y por odio visceral que generan los ingleses en cualquier ámbito de la vida.