Mémesis

Morir solos y olvidados: un creciente fenómeno social

La muerte casi en solitario de su padre cambió la vida de Miyu Kojima. Desde entonces trabaja en una empresa encargada de la limpieza de viviendas de personas que han sido encontradas muertas después de días, meses e incluso años en sus hogares. Ella refleja en sus maquetas la vida en soledad, tal y como se lo encuentra en su trabajo a diario

Maqueta realizada por Miyu Kojima |  Twitter
Maqueta realizada por Miyu Kojima | Twitter Miyu Kojima

Hace cuatro años la vida cambió para la joven Miyu Kojima de 26 años. Su padre había fallecido en el hospital después de un tiempo en coma causado por un infarto al corazón. El padre de Miyu vivía solo después de divorciarse de su madre, el alcohol y la soledad se encargaron de conjugar el final de su vida.

Las lágrimas finales de su padre en la cama del hospital mientras ella le hablaba por recomendación de los médicos hicieron tenerlo claro a la joven Miyu.

Tenía que haber escuchado más a mi padre y no perder el vínculo con él

Miyu Kojima

Desde ese momento, quizás movida por un sentimiento de culpa, Miyu comenzó a trabajar en una empresa de Yokohama creada hace 15 años por un joven empresario llamado Masuda, después de tener que vaciar el apartamento de su vecina muerta al no hacerse cargo los familiares de los trabajos de limpieza.

Dicha empresa se encarga actualmente de llevar a cabo más de 300 intervenciones al año de limpieza final en las viviendas en las que se ha producido una muerte solitaria o kodokushi (孤独死), en las que los cadáveres yacen largo tiempo sin ser descubiertos.

En una especie de terapia personal y necesidad de concienciar a la sociedad japonesa de un fenómeno cada vez más preocupante, Miyu comenzó a realizar pequeñas maquetas en las que refleja algunas de las escenas que ha podido ver a lo largo de estos años en su trabajo.

Escenas a escala y sin cadáveres pero extremadamente perturbadoras que Miyu empezó a realizar gracias a las imágenes y vídeos que en cada jornada laboral obtenían para poder documentar ante las autoridades y la familia el estado de la vivienda antes de proceder a la limpieza integral de la misma.

Maquetas próximas a una tarea escolar pero dotadas de gran realismo a las que la joven Miyu dedica casi un mes de sus ratos libres y que sirven para plasmar el lugar en el que ese anciano o persona aislada de cualquier contacto social había caído muerto o cómo había llenado su propio espacio vital de basura u objetos y recuerdos que le permitían rememorar que una vez tuvo una vida fuera de aquellas cuatro paredes.

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Una publicación compartida de Spoon & Tamago (@spoontamago) el 5 Oct, 2018 a las 8:22 PDT

La muerte en soledad

En Japón se producen más de 30.000 muertes en soledad al año en un fenómeno social al que la sociedad japonesa empezó a prestar atención a partir del año 2000.  

Fue entonces cuando una noticia tuvo gran impacto en el país asiático al tener las autoridades que acceder al apartamento que un vecino de un conocido bloque de viviendas en Tokiwadaira en la prefectura de Chiba. El hombre había dejado de pagar su alquiler, gastos de electricidad y agua y aquello hizo sospechar que algo le ocurría a aquel hombre de 69 años. Al entrar en el pequeño apartamento encontraron el esqueleto del anciano tirado en la cocina, llevaba muerto tres años, el tiempo que habían durado sus últimos ahorros en la cuenta del banco.

Nadie lo nota hasta que llega el olor

Cheiko Ito

En Tokiwadaira se encuentra una zona residencial de más de 4.800 apartamentos (171 bloques blancos idénticos) que fueron emblema del boom demográfico que vivió Japón después de la 2ª Guerra Mundial.  Actualmente cuenta con más de un 50% de residentes con edades superiores a los 65 años y entre ellos Cheiko Ito, de 91 años. Ella sigue plantando cara a la muerte en soledad.

Una lucha en el día a día en la que Cheiko participa con actividades que se realizan en el complejo residencial en el que reside, con visitas a la tumba de su marido y su hija y escribiendo sus memorias para mantener vivos sus recuerdos y su cerebro. Días en los que no deberá olvidar abrir las cortinas de su ventana para que su vecina del bloque de enfrente sepa -tal y como ellas han pactado- que aquella noche no le llegó el final de sus días y que no será necesario poner en marcha el protocolo acordado de avisar a las autoridades.

A pesar de la importancia que la avanzada edad puede tener en los casos de muerte en soledad este no es un fenómeno únicamente vinculado a personas ancianas y en Japón también han saltado las alarmas ante el aumento de los casos en población más joven. "Las dificultades en la comunicación de los más jóvenes y problemas como no pagar los alquileres, una dieta deficiente y un posterior deterioro de la salud, lleva a los jóvenes a no decir nada a sus amigos, y mucho menos a sus familiares", declara el profesor Yasuhiro Yuki -autor del libro "The reality of lonely death"- en una entrevista concedida a "Japan Today".

También coinciden los expertos en que se trata de una situación global que se está produciendo en las sociedades más desarrolladas ante comportamientos de aislamiento social(social withdrawal) de muchos individuos que pueden deberse a distintas circunstancias personales y que tienen como consecuencia bajos niveles de autoestima y depresiones profundas.

Este aislamiento puede convertirse en extremo ante el desarrollo de las nuevas tecnologías que permiten tenerlo todo en casa sin salir de ella, con lo que las nuevas generaciones aún serán más propensas a dicho problema y, por tanto, a una de sus consecuencias: la soledad.



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