Mémesis

5 disparates de la Fiesta Nacional que no acabamos de superar

¿Por qué una fiesta diseñada para unir a todos los actores sociales acaba por hacer justo lo contrario? 

La cabra de la Legión protagonista del desfile
La cabra de la Legión protagonista del desfile Emilio NAranjo /EFE
  • Una fiesta nacional con el protagonismo exclusivo del ejército es siempre una fiesta incompleta

El 90% de los actos de la Fiesta Nacional española está protagonizados por el ejército y sus autoridades. Incluso los conciertos públicos son de orquestas militares. Solo los museos se apuntan a la fiesta con jornadas abiertas.

Celebrar la unidad de un país apelando a la fuerza militar nos deja más cerca del delirio Coreano de Kim Jong-un que de una nación comprometida con su diversidad. Normal que la gente identifique la fiesta con viejos imperialismos cuando solo promocionas tus fuerzas y símbolos bélicos.

La jactancia y ostentación belicista como único símbolo de unidad nacional es rancia y partidista. El imprescindible ejército merece respeto y reconocimiento infinito pero no protagonismo exclusivo en el día que todos confunden con el de las fuerzas armadas. Flaco favor.

El panegírico militar, la oda y culto al ‘morir por España’, a la potencia castrense, a la cabra o a la autoridad es parte de un pasado muy lastrado y que no ha evolucionado desde que festejábamos el ‘Dia de la Raza’ del Generalísimo.

“Si la Fiesta Nacional se centra en el ejército porque salvan vidas y nos protegen ¿Por qué no hay 'Día de la Sanidad Pública Española' que salvan más?”

Para que cualquier español se sienta representado por una Fiesta Nacional laica, ciudadana y civilista se debería apostar por la integración de la diversidad cultural, ideológica y profesional. Incluida la militar, sí... pero todos sumamos, no solo los del uniforme de gala.

En Alemania, por ejemplo, con cicatrices peores que las nuestras y con la herencia del Ostalgie no se celebra una Fiesta Nacional sino el Día de la Unidad Alemana. Además de los actos conjuntos de Berlín cada año convierten en protagonista a la ciudad del Bundesland que preside el Consejo Federal, celebrando un festival ciudadano (el Bürgerfest) que da protagonismo a todos. Gastronomía, conciertos, actividades culturales sin paradas militares ni iconografía belicista. Y todo ello teniendo uno de los ejércitos más potentes del mundo.

  • Una fecha sin consenso

A pesar de aprobarse por Ley 18/1987 el disenso contínuo merecería una revisión.

Como en muchos países existe polémica de fechas. En los que no la hay tanta es porque celebran las uniones más que las rupturas. La construcción, no la destrucción ni la humillación de los vencidos. Es difícil encontrar un equilibrio sin víctimas pero más fácil que no ver el permanente conflicto con ellas.

En España tenemos grandes fechas de unificación y consenso, sin ir más lejos el día de la Constitución —rechazada ya por la UCD en el contexto de una transición chantajeada— parece aún más razonable y moderna que el de la colonización americana.

Tampoco parece tan importante la fecha como la excusa. En Portugal, por ejemplo, celebran el Día Nacional el 10 de junio, fecha del fallecimiento de Luis de Camoens, uno de los mayores poetas en su lengua.

No habría mejor forma de celebrar la Hispanidad que una honra Cervantina al mejor valedor de esa marca tan internacional. También Lope de Vega, Quevedo o incluso Velázquez o Picasso estarían encantados de servir para construir ese consenso. ¿Quién estaría en contra?

Incluso una fiesta cediendo protagonismo rotatorio a las identidades culturales de cada Comunidad Autónoma —al modo alemán— sería más integradora y justa que potenciar el actual centralismo.

  • Celebrar con apología del esclavismo

El Día de la Hispanidad nos vende el descubrimiento de América como un momento mágico en la construcción de nuestro historia colectiva. Pero se olvida de escuchar a los del otro lado.

Lo que nos recuerda también el Día de la Hispanidad no es el genocidio en las Américas —como se empeñan en subrayar algunos líderes de la nueva izquierda— No hubo consignas ni órdenes centralizadas de la Corona española para exterminar a pueblos y etnias durante la campaña americana. Lo que hubo es una destrucción del pueblo indígena con una colección de atrocidades, salvajismo y ejecuciones imperialistas como consecuencia de las incautaciones territoriales de la ocupación evangelizadora. Un eufemismo histórico que sigue siendo inapropiado para celebrar, construir orgullo o sacar pecho a costa de los expoliados, aunque fuera hace 500 años y con otras leyes.

Cualquier historiador especializado en la colonización indígena reconoce que la hispanización de América fue eminentemente esclavista. Al poder colonizador nunca le interesa eliminar a los indígenas (como sí hicieron los norteamericanos) sino esclavizarlos como mano de obra barata para explotar las ricas tierras y sus recursos. Eso es parte de lo que hoy tenemos que celebrar, por obligación y con orgullo.

  • Los símbolos nacionales de un país deben estar en la gente, no en las instituciones

Confundir lo nacional con lo cívico es el gran debe de la Fiesta Nacional. Dar salida solo al patriotismo y no a TODOS los valores comunes de nuestra diversidad nacional no favorece la unidad de la mayoría sino la exaltación de minorías.

En un país lastrado por el nacionalismo mal entendido (tanto central como periférico) no parece inteligente empezar por potencial valores que ahora solo generan conflictos. Para construir una unidad hay que empezar desde más abajo y con valores más primarios.

Entregar la fiesta a (algunas) instituciones y no a (toda) la gente la hace aburrida e ineficaz. Que se lo pregunten al ’coñazo’ de Rajoy o los abucheos a Zapatero en las últimas paradas militares.

La España que tenemos que celebrar es la de su cultura, la de su gente, la de asociaciones vecinales, colegios, Universidades, ONGs, voluntarios, funcionarios o profesionales. Militares y bomberos, sanitarios y parados. Incidir en la diversidad y multiplicidad donde cada uno se pueda sentir protagonista será siempre más eficaz para fabricar patriotismo que conceder ese papel solo a un gremio dominante.

  • Incoherencias nacionalistas

Si quieres integrar, confluir o conciliar no puedes estar en contra de la Fiesta nacional e ir apoyando las mismas fiestas de nacionalismos periféricos.

...y viceversa. Morirse por el patriotismo de una bandera común integradora y renegar de otras nacionalidades históricas reguladas por el 151 de la Constitución y el ordenamiento legal vigente.

Feliz día de todos.

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