Risas

La dieta de la risa

Los coleccionables y las dietas. Si algo se repite en redes sociales, año tras año, es el cachondeo ante los retos del nuevo curso. Repasamos lo mejor para adelgazar visto en Twitter en lo que llevamos de 2017.

La dieta de la risa
La dieta de la risa @Trastisima

Si preguntásemos en enero qué tres cosas te llevarías a una isla desierta seguramente habría quien nos diría que los dos primeros fascículos del coleccionable de ganchillo que acaba de adquirir o la esterilla para hacer ejercicios que se acaba de comprar o incluso la hoja que tienen colgada en la puerta de la nevera con la dieta que le pasó tu tía la endocrina —o su cuñado— y que acababa de empezar.

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¡La dieta! ¡Ay, la dieta! Ese término recurrente en todos los inicios de año y que parece que nos martiriza el cuerpo y el 'Almax' y que por más que nos empeñemos no es más que una válvula de escape a nuestros reproches ante los excesos cometidos durante las fiestas.

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Pero nuestra mente va por un lado, la voluntad por el otro...

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Atrás quedan esos días de vino y de comerse hasta las rosas en los que lo único que tu vista es capaz de captar se llama "bebida y comida", en el que tu madre te dice aquello de "Pero si estás muy bien, hijo" mientras te ofrece otro diabólico polvorón o tu abuela vuelve a susurrarte al oído lo de "Come, hijo. No vaya a ser que vuelva el hambre".

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Podríamos decir que todas las fases de "hacer una dieta" son críticas pero en la inicial es en la que te lo juegas todo a una carta: ¿qué dieta debes hacer?.

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Las hay que son de sobra conocidas: "vegana", "bajas en...", "blandas", etc

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Y luego están las dietas "monoproducto", es decir, aquellas que se fundamentan en la ingesta —siempre de forma compulsiva— de un producto: limón, alcachofa, té verde, cucurucho, etc... aunque más bien diríamos que son aquellas en las que estás en todo momento con un 'mono' o síndrome de abstinencia feroz.

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Y es esa fase en la que todo te parece comestible y se convierte en una de las más críticas en todo ese proceso en el que te has embarcado de "recuperar tu volumen pre-navideño".

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Una fase en la que pierdes antes la razón que un puñado de gramos en la maldita báscula.

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A lo largo de este camino recorrido en tu propósito anual de adelgazar, no faltarán los amigos, familiares y vecinos interesados en tus progresos...

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...aunque con alguno de ellos se tenga que ser más tajante ante lo que más que un interés parece un irónico intento de boicotear tu cruzada contra las calorías.

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Y los días, las horas, los minutos y los bollos rellenos de chocolate siguen pasando ante ti...

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...hasta que un día explotas mentalmente —físicamente lo hiciste con el roscón de Reyes—...

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...y decides que eso no es vida, al menos, hasta que no llegue un nuevo año.

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