Mémesis

¿Somos más machistas en redes sociales?

Las redes sociales en el punto de mira de la violencia sexista. ¿Está justificado? Tres psicólogos nos dan una visión profesional sobre la influencia de las nuevas tecnologías en estas conductas.

Montaje Wikipedia y @memesis_
Montaje Wikipedia y @memesis_

... Porque machistas ya lo somos y mucho. Sobre todo de ese machismo silencioso, el asimilado, el invisible. El que dejamos pasar por costumbre sin diagnosticar pero que va minando poco a poco a sus víctimas. El que se hace bola en las tertulias de la tele, en los grupos de whatsapp de nuestros hijos o en los clasificados de un periódico.

No hay peor machista que el que no se reconoce o el que lo deja estar. El falso activista que acusa con una mano mientras que con la otra bebe de aquel Soberano. El hombre que se irrita con el mínimo reproche como si su derecho de indignación estuviera por encima del de la mujer ofendida. El que interpreta un ‘no’ borracho de testosterona.

Somos machistas cosificando a la mujer en la tele, en la publicidad o en la barra de un bar. Somos machistas en el ascensor, en la familia o en el hipermercado. Eso lo vemos todos. Pero también somos machistas en la cortesía mal entendida, en el lenguaje sexista o desde la indolencia. Micromachismos enquistados en una cultura diseñada tradicionalmente desde la autoridad masculina. La herencia del famoso patriarcado. Esa palabrota que enciende a unas e indigna a otros.

Si sientes que todo esto no va contigo... bienvenido al universo machista. No te irrites por ello. Este artículo también adolece de lo que reprocha. Intenta deliberadamente ponerse de la parte ofendida para buscar complicidad y ocultar carencias. Es inevitable. La terapia anti machista incluye la repetición de conductas positivas hasta la asimilación. En las escuelas franquistas y la sección femenina se hizo al revés durante cuatro décadas. Queda mucho trabajo.

La pregunta que intentamos responder hoy con la ayuda de varios profesionales es saber si las nuevas tecnologías favorecen estas actitudes silenciosas o condescendientes. Si el anonimato o la desinhibición de las redes sociales destapan o fabrican al machista. Si toda la basura que sale de las cloacas más profundas de Internet es fiel reflejo de la sociedad sexista o simplemente un ‘postureo’ que busca protagonismos a golpe de provocación.

¡Es solo humor! ¡Sólo buscan alborotar! ¡No merece la pena mencionarlos! Puede que tengan razón pero el análisis y la terapia requieren catalogación. Hacer un inventario de los especímenes cavernícolas es una oportunidad para calibrar la magnitud del problema. Al fin y al cabo las redes sociales no son más que un reflejo de la sociedad.

En Twitter, sin ir más lejos, no existen los maniqueísmos. Podemos encontrarnos con todas las gamas de grises del universo sexista. Desde la cuenta humorística que solo busca divertirse a costa de tópicos ‘arevalianos’ hasta el desliz del político de alta alcurnia; pasando por el ‘social media’ de institución pública salido directamente del cuartelillo.

También abunda el machista pejiguero, aquel que aprovecha las atrocidades para reivindicar las bagatelas que rompen las estadísticas. Aquel que en medio del holocausto escribiría sobre un resfriado de Hitler. ¡Es un hecho innegable que estaba resfriado, por Dios! Aquel aspirante a ex-político que el mismo día en el que cuatro animales asesinaban a sus parejas no duda en minusvalorar las estadísticas. No es falta de tacto. Es sexismo digerido.

Luego están los responsables de esos medios que carroñan visitas con ejercicios retorcidos de machismo provocador. A sabiendas de que la mayoría de los clics viajan desde la indignación.

Pero sin duda el ejemplar más peligroso y que más abunda en este bestiario machista digital es el que no se reconoce. El que aprovecha los rescoldos del debate para escupir un reflejo neuronal asimilado tras años de educación sexista. Luego viene la indignación. ¿Pero qué he dicho?

Hay estudios científicos que vinculan la adicción a las redes sociales con la violencia adolescente y estas incluyen la discriminación a las adolescentes. Todo empieza con ese grupo gracioso de whatsapp donde cada ejemplar intenta posicionarse dentro de su comunidad a costa de los demás. Si hace gracia una actitud sexista esta irá ‘in crescendo’.

Para Mertxe Pasamontes, Psicóloga 2.0 y especialista en psicoterapia, el problema del machismo en las redes sociales es el mismo que hay en la sociedad. pero “todo se ve más y queda escrito [...] La gente tiene tendencia a argumentar de manera emocional, sin razonamientos, ni tratando de apoyar sus opiniones en nada externo. En cuanto ven que van perdiendo, entran en el ataque personal” y el debate se polariza.

No hemos aprendido mucho, las mismas deficiencias que vemos en política o en otras estructuras sociales de poder se proyectan en el mundo digital. “Yo he asistido, como ponente y como oyente, a jornadas en que más del 80% de los ponentes son hombres. Es como si eso vendiera más, como si lo que tenemos que decir las mujeres importara menos. Lo mismo pasa en Twitter, los hombres son más seguidos y retuiteados en temas serios“, nos recuerda Mertxe.

Mertxe, Alberto y Eparquio. Psicólogos

Por la misma línea nos conduce Alberto Soler, otro psicólogo valenciano asiduo a las redes sociales. El machismo en la red “es más visible, pero no más frecuente. No hay alguien que sea sólo machista en Internet y luego igualitario en su casa”

Pero sí hay dos factores que influyen en esa visibilidad: “Por un lado el anonimato, que hace que personas que en otros contextos se inhibirían, expresen de un modo más polarizado todavía sus puntos de vista. Luego está el gregarismo: crees que todo el mundo opina como tu timeline de twitter, pero eso sólo es una muestra muy sesgada de la realidad. Cuando te ves rodeado de los tuyos te sientes más fuerte y con mucha más libertad para expresarte, sobre todo cuando se te refuerza cada comentario (efecto manada).”

La cosificación de la mujer objeto tiene otro exponente significativo en algunas de las redes sociales exclusivas para ligar. El hombre sigue siendo el que caza a su presa, pero ahora basta con deslizar un dedo para desechar su trofeo. Esta conducta, si bien ahora es recíproca, no ayuda a la rehabilitación del machista congénito. 

Para Alberto: ”[...] La principal diferencia es que en una noche en la discoteca un hombre que se esfuerce mucho puede intentar (cazar) a 10 o 20 (trofeos) o una chica puede espantarse a 20 pesados. Pero esas mismas horas invertidas en badoo o edarling pueden multiplicar por 10 las cifras. Nuevamente hablamos de mismas conductas, mismos repartos de roles, pero amplificados.

Charlando con Eparquio Delgado, otro psicólogo sanitario que se mueve muy bien en redes sociales, sale el tema de la responsabilidad: “Cuando alguien hace un comentario machista en las redes no sólo deja patente opinión, sino que también está creando opinión” y pone como ejemplo a los 'youtubers': ”Hasta hace unos años, una persona podía influenciar si accedía a los medios de comunicación de masas, pero hoy esto se está ampliando.”

“ [...] las redes no potencian el debate, sino la confrontación y la confirmación de las opiniones personales” dice Eparquio, y nos recuerda la Teoría de la comparación social de Festinger: “[...] tendemos a agruparnos con aquellas personas con las que compartimos actitudes, pero también se ha encontrado un proceso bidireccional por el cual compartimos actitudes con las personas con las que formamos un grupo.“ Esto significa que Internet no es más que otro vector que acelera los mecanismos que tenemos para conformar una opinión. Incluidas las machistas.

Eparquio mete también el dedo en la llaga. Según él no siempre hay correspondencia entre expresar una actitud en Internet y actuar siguiendo esa actitud: ”Estoy pensando ahora en el concejal de EUPV que se suicidó hace unos días tras matar a su mujer. ¿Quién habría pensado que un concejal de izquierdas podía hacer algo así, cuando además tanto IU como EUPV se han caracterizado entre otras cosas por su lucha contra el machismo y la violencia de género? Una cosa es lo que una persona dice y otra lo que hace, y no tiene porqué existir una relación perfecta.” Supongo que esto valdría como argumento para todos.

Como dice Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno para la violencia de géneroLa fuerza del machismo no está en los 700.000 hombres que maltratan en España, (con solo un 20% de denuncias, por cierto) ni tampoco en los 60-70 que asesinan cada año; la fuerza del machismo radica en la ‘solidez gremial’ de los hombres y de sus valores, ideas y creencias” Ese machismo de grupo y desigualdad normalizada son responsables últimos de los titulares que nos conmueven diariamente y ahí es donde las redes sociales hacen muy rápido su trabajo al fomentar la endogamia sexista. Por eso nunca es tarde para revelarse, para denunciar, para repudiar aunque sea ese pequeño tweet machista que se cruza en el camino.

Tened cuidado ahí fuera.

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