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Rubén Arranz

Medios de comunicación

¿Saben aquel que diu que Roures no es independentista?

Jaume Roures
Jaume Roures Javier Martínez

Sostiene Jaume Roures que no es independentista. Que vota a Podemos y que si los españoles pudieran pronunciarse en un referéndum, a buen seguro se rebajaría la tensión en Cataluña. Lo demás -se entiende-, son habladurías. El problema es que entre la teoría y la práctica a veces dista un abismo; y en muchas ocasiones da la impresión de que los hechos no tienen nada que ver con lo que se propugna. Máxime si entre medias se cruzan los negocios. Por esta razón, a Roures se le ha acusado durante el proceso soberanista de jugar 'a la puta y la Ramoneta'. De oponerse a la secesión, pero ayudar a quienes aspiran a conseguirla. De criticar la manipulación de la prensa de Madrid, pero refugiarse en TV3. La cual, por cierto, también piensa que está controlada por los políticos.

El dueño de Mediapro siempre ha tenido mala prensa. En parte, por su forma de pensar, en parte, por sus aparentes contradicciones y, en parte, porque en su camino ha dejado un nutrido grupo de enemigos del que forman parte hombres como Alfredo Pérez Rubalcaba y Juan Luis Cebrián, expertos en conspirar. Especialistas en tejer tramas mediáticas y en orillar a quienes tratan de moverlos de su atalaya.

En una entrevista concedida hace unas semanas al diario 'El Mundo', Roures aseguró que su teléfono podría estar 'pinchado'. De lo contrario, resultaba inexplicable que los periodistas se apostaran a las puertas de su casa en la noche del 27 de agosto, cuando reunió alrededor de su mesa a Pablo Iglesias y Oriol Junqueras. Cuando trascendieron esas imágenes, no faltaron voces que le acusaron de ser el muñidor de un pacto político de izquierdas en Cataluña y, por tanto, de querer tener un papel protagonista en el proceso soberanista. Un papel más relevante que el de un mero productor audivisual.

Roures considera esas acusaciones poco menos que una mamarrachada y asegura que lo de aquella noche fue una velada que organizó para charlar con dos viejos conocidos. Lo demás, forma parte de un montaje policial que despertó todo tipo de rumores. ¿Mienten sus críticos o dicen la verdad? ¿O es Roures el que oculta algo?

Resulta difícil hacer una aproximación a este empresario sin dejarse llevar por los argumentos de barra de bar. Porque se puede decir que resulta contradictorio ser trotskista de corazón y acudir a 'la city' londinense en busca de fondos de inversión -los tiburones de los mercados- que estén dispuestos a asociarse contigo. O apoyar a Podemos y hacer negocios con los cataríes, por teócratas, por su especial concepción de los derechos humanos y por sus incómodas filias con los islamistas.

Lo dicho: puede parecer que Roures juega constantemente 'a la puta y la Ramoneta'. Por forma de ser o porque, en el fondo, les affaires sont les affaires.

El don de la inoportunidad

Hace unos días, TV3 estrenaba un documental realizado por Mediapro sobre el 1-O. El filme está basado en las imágenes que se tomaron en varios colegios electorales durante esa jornada e incluye una generosa ración de cargas policiales. También pone de relevancia la capacidad de organización de una parte de los catalanes, que consiguieron votar pese a los vanos intentos de las autoridades de impedirlo durante los días previos.

El reportaje es descriptivo, pero tramposo, puesto que camufla hábilmente entre golpes y protestas el hecho de que ese plebiscito era contrario a lo dictado por las instituciones y, por tanto, ilegal. Era un desafío contra el Estado, con las consecuencias que eso acarrea. A los independentistas y a cualquiera que intente apedrear al sistema desde extramuros.

Ese mismo día, Roures y sus socios se esforzaban para mantener bien engrasados los engranajes del centro internacional de prensa que se desplegó en la capital barcelonesa, que fue de pago para una parte de los asistentes para disgusto de una parte de las asociaciones profesionales. Contrario al independentismo, sí, pero propietario de una empresa que se lucró a partir de una acción popular ilegal promovida por ERC, PdeCAT y la CUP.

Por cierto, unos días después del referéndum, Mediapro produjo un debate sobre el proceso soberanista para la BBC británica, en otro acto que, evidentemente, sirvió para que las consignas de los secesionistas se escucharan fuera de España.

La historia de Roures y TV3

No hay que olvidar que el Roures empresario creció en el principal altavoz del soberanismo, TV3. En esta casa siempre ha encontrado acomodo, de una u otra manera.

Hace unos meses, la televisión autonómica catalana emitió una de las producciones más polémicas de la historia de Mediapro, titulada Las cloacas de Interior y dedicada a bucear entreel fango de ese ministerio y la corrupción de los policías más temibles y tenebrosos. El documental está centrado en las grabaciones del despacho del ínclito Jorge Fernández Díaz, en las que se hablaba de una supuesta operación política para echar cubos de ponzoña sobre los políticos independentistas. Con el referéndum soberanista del 1-O en el horizonte en aquel entonces, y con Cataluña en esa singular situación pre-revolucionaria, el documental fue recibido entre loas en esta región.

Por mucho que Roures niegue haber contribuido a moldear el agitprop independentista, esta concatenación de hechos lleva a pensar que su papel en el proceso soberanista no ha sido tan pasivo como dice.

Por mucho que Roures niegue haber contribuido a moldear el agitprop independentista, esta concatenación de hechos lleva a pensar que su papel en el proceso soberanista no ha sido tan pasivo como dice. Resulta ciertamente hipócrita el hecho de arrojar la cerilla sobre un camino de pólvora y, posteriormente, asegurar que nadie quería provocar una explosión. En una sociedad enardecida, sus últimos documentales han servido de combustible para la maquinaria propagandística independentista.

Quiera o no reconocerlo, Roures tienen más importancia en Cataluña de lo que invitan a pensar sus constantes evasivas y su incorregible actitud huraña. Recientemente, ha reconocido contactos con miembros del Gobierno de Mariano Rajoy y es evidente que también los tiene en las filas independentistas. Su imperio empresarial se expande por los cinco continentes y factura alrededor de 1.500 millones de euros anuales. Hace unos meses, realizó una exhibición de fuerza y asestó un durísimo golpe a la estrategia de Telefónica cuando Mediapro ganó la subasta por los derechos de la Liga de Campeones para las próximas tres temporadas. Incluso ha conseguido salir airoso de una investigación del FBI sobre los sobornos de la FIFA que apuntó directamente a uno de sus socios en Miami.

Pero Roures empieza y acaba en Cataluña, la región que vio nacer a Ramón Mercader, quien asesinó a Trotsky en Coyoacán. Aquí germinaron sus negocios y aquí mantiene algunas amistades peligrosas con los soberanistas que le han situado como el protagonista de incontables rumores y como algo más que un narrador omnisciente en el procés. En las próximas semanas, su empresa anunciará un pacto -ya cerrado- con Orient Hontai, un nuevo socio. Chino, de la República Popular. Comunista en esencia, pero capitalista en la práctica.

No me digan que la comparativa no viene al pelo.

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