Diez días atrás el Consejo de Informativos de RTVE admitió y denunció un caso de "mala praxis profesional". Más en concreto, como ustedes recordarán porque aquí se contó, este dictamen se refería a la Dirección de Informativos de la televisión pública, ahí es nada, por la forma en que boicoteó mediante un vídeo la emisión de un documental que criticaba negativamente la gestión de la pandemia del Gobierno de Pedro Sánchez.

Diez días después de conocerse ese informe, sólo han pasado eso, los días en sí mismos, porque nadie ha dimitido y ni siquiera ha pedido perdón por uno de los ejemplos de manipulación más burdos que uno pueda recordar. Pero, en el colmo del despropósito o incluso de la malversación de lo público, tampoco se ha corregido este error que resultaría sencillísimo de subsanar. El vídeo con el que los mandamases ideológicos de TVE manipularon al público sigue colgado en su página web.

Recapitulemos porque en este caso merece la pena volver a este episodio que, como ya apuntamos en su momento, está en la historia de las manipulaciones más obscenas. (Esto suena a uno de esos sabihondos "te lo dije" de los que todos abominamos, pero en este caso resulta que servidor y por ende Vozpópuli ya se lo dijeron a ustedes, sufridos lectores, cuando el documental se emitió allá en enero).

A algún cráneo privilegiado de la Dirección de Informativos se le ocurrió que era una maravillosa idea compensar la cosa insertando justo al inicio del programa un vídeo de cinco minutos donde, sin más rúbrica que la de los propios "Servicios Informativos de TVE", se perpetraba una gloriosa manipulación

El caso, paréntesis aparte, es que en la noche del lunes 25 de enero el célebre programa Documentos TV de La 2 emitía un documental titulado La vida sigue dirigido por el periodista de la casa Jenaro Castro. Como en esta pieza periodística se vertían severas críticas a la gestión gubernamental de la pandemia, a algún cráneo privilegiado de la Dirección de Informativos se le ocurrió que era una maravillosa idea compensar la cosa insertando justo al inicio del programa un vídeo de cinco minutos donde, sin más rúbrica que la de los propios "Servicios Informativos de TVE", se perpetraba una gloriosa manipulación que, insisto, ya detallamos en su momento.

En los diez días que han transcurrido desde el dictamen de los propios profesionales de TVE sobre esta "mala praxis" periodística, nadie en la casa, ni siquiera los flamantes nuevos consejeros que acaban de estrenar el cargo, ha tenido tiempo para subsanar lo sucedido. Serían tan sencillo como amputar ese vídeo deshonroso del capítulo correspondiente de Documentos TV, donde nunca tenía que haber sido insertado. Pero repito que este viernes, cuando se escriben estas líneas, el artefacto manipulador sigue ahí, al inicio del programa aunque realmente no forme parte del mismo ni mucho menos del documental posterior. Son cinco minutos de apéndice gubernamental que tendrían que estudiarse en todas las facultades de comunicación como ejemplo de lo que no debe hacerse.

La prisa por incluirlo contrasta con la desgana para eliminarlo. En defensa de los que mandan en TVE hay que decir que los últimos días han sido muy entretenidos, con ataques de diferentes partidos a la cadena pública por sus manejos informativos y con la consiguiente reacción de algunos redactores que, como contó el amigo Arranz en este diario, han estallado contra el líder de Podemos, Pablo Iglesias, por sus acusaciones de "blanquear a la extrema derecha". También es posible que los consejeros no hayan tenido tiempo de extirpar este añadido bochornoso porque tal vez anden obnubilados con el culebrón de Rocío Carrasco en Telecinco o deprimidos con los malos datos de audiencia de la propia TVE.

Seamos generosos. Quizás con el tiempo sí se corrija tamaño atropello a los telespectadores. Además, en honor a la verdad, los nuevos gestores de RTVE no son los culpables de lo que ocurrió porque entonces no ocupaban sus cargos. Por supuesto, los responsables directos de esta manipulación no han tenido los cuerpos a tono para ejercitar ese verbo en desuso que se llama dimitir. Tampoco para pedir perdón. Ni siquiera para asumir responsabilidad alguna. Actúan como si nada hubiera pasado y no han dicho ni esta boca es mía. Porque en estos tiempos frenéticos ya nadie se acuerda de la manipulación de anteayer. Sobre todo, cuando hay que emplearse en la manipulación de mañana, claro.