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Rubén Arranz

Opinión

Roures, Podemos, Vox y las fuerzas oscuras sobre la prensa

Jaume Roures
Jaume Roures Europa Press

Se quejaba Jaume Roures hace unas horas de que existen "fuerzas oscuras" que conspiran para que no pueda comprar El Periódico de Catalunya. No le falta razón al empresario barcelonés cuando habla de la presencia en el tablero político y económico de alfiles negros que tratan de influir en el resultado de la partida con movimientos prohibidos y manotazos sobre la mesa. Pero eso no significa que Roures juegue con las blancas, lo que convierte sus palabras en una boutade que trata de ocultar una parte de la realidad que es menos clara que oscura.

Las fuerzas oscuras existen en el periodismo, pero no de la forma en la que hablan quienes más han atacado a la prensa durante los últimos tiempos. Entre ellos, Santiago AbascalPablo Echenique, dos de los políticos más críticos.

El de Vox ha aludido a la hostilidad ideológica de los medios para con su partido, con ese estilo chulesco y aleccionador que prácticamente considera inmoral lo que no está alineado con sus intereses. El segundo, el de Podemos, habla de cloacas, de intoxicación y de cacerías contra la izquierda radical, obviando que el líder de su partido defendía la toma de control de los telediarios sin tapujos y sus portavoces realizaban lamentables presiones sobre los periodistas. Lo peor es que sus críticas se quedan en la superficie. En lo bobalicón. En los chascarrillos de tertulia y en los titulares de los editores más desnortados.

La oscuridad de los poderes fácticos de los que habla Roures se aprecia en informaciones como la que desvelaba hace unos días Moncloa.com, que destacaba la existencia de fondos reptiles, manejados por Francisco González (BBVA), para recibir cariño de la prensa. Como es norma en empresas y en instituciones públicas, su inversión no respondía a criterios de audiencia ni de repercusión, sino a otros bien distintos. En el reparto de dinero a los medios, siempre han influido las filias, pero también la capacidad de intimidación de estas empresas, que configuran un poder fáctico y muy opaco.

También unos cuantos periodistas, a título particular, forman parte de estas fuerzas oscuras. Los hay que pierden premeditadamente el rumbo por sentarse en una mesa de tertulia, pero también para sacar un jugoso sobresueldo por salpimentar sus artículos con argumentos que favorecen a los 'expertos en resolver crisis' (y previamente en crearlas). Otros no se cortan y escriben al dictado. O, simplemente -en una corruptela relativamente nueva-, introducen un enlace de una empresa en su artículo para recibir una "propina" y llegar mejor a fin de mes. Todo se sabe en la corte madrileña y, quien más, quien menos, ha recibido un folleto para unirse a las fuerzas del mal. Las formas de captar voluntades de los articulistas más veleidosos son múltiples. El diablo no suele cansarse de enredar.

La prensa de siempre

Mientras algunas de las más grandes empresas periodísticas publican editoriales en los que exigen transparencia y regeneración democrática, tratan con una insoportable levedad los asuntos más turbios de quienes financian y refinancian su ruina, en lo que no deja de ser una consecuencia de la fuerza de arrastre de esos "poderes fácticos".

Son pocos (y muy meritorios) quienes han llamado por su nombre a lo que ocurrió con el Banco Popular. Tampoco resulta muy esperanzador lo que ha trascendido en las últimas semanas sobre el BBVA, con un presidente honorífico que incluso recibe loas de la prensa amiga pese a los supuestos manejos que realizó con información privilegiada -de los bajos fondos- para asegurar el puesto en lo alto de su torre de marfil. No hay nada más peligroso que un jefe inseguro ni nada más nocivo para una organización que el poder mal empleado. Quienes debían controlarlo desde dentro miraron hacia otro lado, no vieron o no quisieron ver. El cuarto poder, mientras tanto, se conformaba con que el chorro de los fondos reptiles no se cerrara. Las campañas institucionales generan ceguera repentina en unos cuantos editores.

Mientras algunas de las más grandes empresas periodísticas publican editoriales en los que exigen transparencia y regeneración democrática, tratan con una insoportable levedad los asuntos más turbios de quienes financian y refinancian su ruina.

El problema es que se ha perdido la convicción de que la mujer del César, además de serlo, tiene que parecerlo, lo que ha impulsado a unos cuantos a echarse al monte y dejar de lado la estética. Hace un mes, el Grupo Prisa nombraba presidente no ejecutivo a Javier Monzón, exlíder de Indra y quien ejercerá el mismo puesto en OpenBank (Santander) que en la editora de El País. Sospechar de la falta de independencia durante el ejercicio de su función sería extralimitarse. Ahora bien, habría que preguntarse por las dependencias entre Prisa y el Santander de Ana Botín.

Por lo general, pertenecer al Consejo de Administración de un medio de comunicación y, a la vez, al de una empresa debería chirriar. Del mismo modo que ser consejero de Sacyr y, a la vez, ser director editorial de Prisa, como ocurre con Augusto Delkáder, no parece lo más recomendable, pese a que se tenga una voluntad de hierro. Pero aquí ya nadie pone el grito en el cielo porque esto se ha convertido en lo habitual dentro del periodismo, que lejos de ahondar en este tipo de asuntos, se empeña en mancharse las manos para conseguir un poco de oxígeno o de visibilidad.

También se ha habituado en comprar la mercancía propagandística de las grandes empresas que lo financian y, lo que es peor, en desviar la atención de lo importante destinando sus recursos a lo viral (maldita ceguera de los directivos) y a lo truculento. Suena macabro, pero no le ha venido mal a 'FG' la enorme e innecesaria cobertura del pobre niño que se ha caído al pozo. ¿De veras son incapaces de verlo o es que no lo quieren ver?

Fuerza oscura también eres tú

Mientras Roures denuncia que algunas de estas "fuerzas oscuras" le intentan hacer la puñeta para que no pueda comprar el Grupo Zeta, en el cuartel general de su empresa, Mediapro, tiene un cargo Miguel Cardenal, quien hace unos meses cruzó la puerta giratoria con más valor que vergüenza. Fue el secretario de Estado para el Deporte que diseñó el Real Decreto de venta centralizada del fútbol y, oh, maravilla, ahora trabaja para una de las empresas que más dinero ha ganado con los derechos televisivos de este deporte. 

Apuesto también a que si Roures adquiere El Periódico no renunciará a ingresar las jugosas subvenciones que proceden de la Generalitat, bien acostumbrada a comprar voluntades y guiar al rebaño con publicidad institucional. Ni que decir tiene que tampoco evitará que la banca se anuncie en las páginas de este medio. Nadie debería repudiar al Diablo si no está seguro de su capacidad para evitar la tentación. O si no le da la gana rehuir de ella.

Roures, como Abascal (héroe del pueblo con sueldazo en su día de fundación) o Echenique (del partido que quiso imponer a su presidente para RTVE), acostumbran últimamente a señalar a los poderes oscuros y a poner a la prensa en la picota. Con razón, pero desde la superficialidad en el caso de los dos políticos. Eso sí, ninguno de los tres puede decirse que luche en el ejército de las blancas. De hecho, el primero es habitual en el de las sombras. Porque la fuerza oscura también son ellos, sin duda.



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