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Rubén Arranz

Análisis de medios

El pútrido y rentable negocio del independentismo mediático

Toni Soler
Toni Soler CCMA

En una impagable clase de geografía, un tal Toni Albà indicó a Inés Arrimadas hace unos días que Waterloo se encuentra cerca de Ámsterdam, donde las mujeres que practican el oficio más antiguo del mundo cotizan y tienen derecho a paro. De paso, aprovechó para insinuar que la representante de Ciudadanos se dedica a esos menesteres. Este tipo se hizo popular por sus imitaciones en el conocido programa de humor Polònia, efectuadas con ese particular sesgo que afecta a quienes padecen la enfermedad del fanatismo, sinónimo de estulticia severa. El mensaje que dedicó a Arrimadas levantó una polvareda considerable, lo que ha llevado a los responsables de TV3 a meter en la nevera al bueno de Albà.

Su amigo, el otro Toni, en este caso Soler, productor audiovisual, humorista y socio del diario Ara, se ha embolsado 67 millones de eurosa través de su productora desde 2010. La mayor parte, de dinero público, con el que se financia TV3. En Polònia, su programa, no han faltado en los últimos días referencias al juicio del procès y a la falta de tino de los fiscales en su empeño por demostrar que en aquel otoño aciago de 2017 hubo violencia en las calles de Cataluña.

Esta semana ha pasado por la sala de vistas del Tribunal Supremo la secretaria judicial que estaba presente en la sede barcelonesa de la Consellería de Economía el 20 de septiembre de ese año. Ese día, la Fiscalía y la acusación popular consideran que 'los Jordis' cometieron delitos de rebelión y sedición, mientras que los independentistas creen que la concentración que convocaron Òmnium y ANC a las puertas del edificio gubernamental fue pacífica. Y prueba de ello es que los manifestantes cantaron himnos a la Virgen de Montserrat.

La citada secretaria judicial explicó ante el juez Marchena que tuvo que abandonar la Consellería por el tejado, evidentemente, ante el temor a ser linchada. Sus palabras no sentaron bien a los independentistas, que comenzaron a compartir en las redes sociales los datos personales de la testigo, con DNI incluido, en otro ejercicio de matonismo de esta “gente de paz”. En la misma sala de vistas, el que fuera jefe de la Comisaría General de Información de los Mossos Manuel Castellví, relató unas horas después que desde el cuerpo avisaron al expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdedmont de que podía haber una “escalada de violencia” el 1-O y de que el dispositivo de seguridad era insuficiente. El político hizo caso omiso.

En el editorial de La Vanguardia del pasado 6 de marzo, el diario aseguraba que Enric Millo, como catalán, debería saber que las grandes manifestaciones independentistas que se han realizado en Cataluña durante los últimos años se han caracterizado por su “civismo y pacifismo”.

Pero esto parece ser que no es importante. En el editorial de La Vanguardia del pasado 6 de marzo, el diario aseguraba que Enric Millo, como catalán, debería saber que las grandes manifestaciones independentistas que se han realizado en Cataluña durante los últimos años se han caracterizado por su “civismo y pacifismo”. La afirmación es tan relativa como el criterio del conde de Godó, quien hace algo más de un año se esforzaba en transmitir por Madrid su rechazo al soberanismo y su amor a España, pero quien sufre, de vez en cuando, severos episodios de ceguera que le impiden apreciar con claridad las tropelías de quienes tantos millones de euros han aportado a su periódico. El Gobierno de Artur Mas incluso le concedió 5 millones para que mejorara su planta rotativa, quizá a cambio de esa 'levedad' en la crítica que tan importante fue para que la semilla del independentismo germinara.

Ahora, con una llamativa ligereza, considera que las movilizaciones independentistas han estado siempre bajo el paraguas del “civismo”. Es de entender que aquí se incluye el 1-O y los actos vandálicos de los CDR de hace unos meses. O quizá es que esas acciones no pueden ser definidas como “grandes manifestaciones”. Sea como fuere, llama la atención que La Vanguardia haya hecho tanto hincapié en este punto, pero sólo dedique un pequeño espacio de su portada a la declaración de este jueves de Manuel Castellvi.

La no violencia

Mientras el aparato independentista y los medios más miopes se niegan a reconocer que la violencia no sólo se ejerce a través de los guantazos, el juicio del procés avanza y aparecen por el Alto Tribunal testigos como Xevi Xirgo, director de El Punt Avui, quien dijo que su periódico difundió de forma gratuita los anuncios del referéndum ilegal del 1-O. “Se hizo por razones sociales”, justificó el periodista, quien trabaja en otro de los grupos de comunicación que han sido regados con muchos millones de dinero público. En el que se empleó Puigdemont y en el que lo hace su mujer, Marcela Topor.

Nada es gratis en la Cataluña independentista, en la que nadie considera que hay violencia en hechos como que la periodista radiofónica más influyente, Mónica Terribas, llame a reventar el dispositivo policial contra el referéndum. O que TV3 muestre “por error” la cara de un testigo que había solicitado protección. O en el que el bufón de turno de esta cadena insinúe que la jefa de la oposición es prostituta. Está claro, son gente de paz. Pero de esa “gente de paz” que abundaba en esa maravillosa serie, Los Soprano. Iban a misa, jugaban a pasarse el balón en la piscina y organizaban cenas familiares con besos, abrazos, berenjenas rellenas y cannolos sicilianos. Eran virtuosos en el vivir algunas veces. ¿Por qué ver más allá? ¿Para perder la subvención?

"Con la venia, señoría: puta España", como escribió el otro día una de las 'estrellas' de TV3. Todo son risas y todo es pacífico.

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