Las miserias de la condición humana se manifiestan hasta en las mejores familias, especialmente cuando hay en juego una herencia. Aun así, no hay nada más importante en la vida que el clan. La familia ofrece resguardo, techo, plato y apoyo; y suele hacer pocas preguntas cuando uno vuelve al hogar tras fracasar en una timba o en el amor; o tras perder la dignidad. Dijo José Antonio Sánchez antes de dejar la presidencia de Radiotelevisión Española lo siguiente: “Hay que agradecer que el Partido Popular me busque un puestecito”. La familia. Las familias...

Aquellas palabras las pronunció con sorna, en el Senado, pero lo hizo consciente de que sobre su figura pendía la acusación de haber alineado los informativos de RTVE con el pensamiento de Génova 13. “Hay que agradecer que el Partido Popular me busque un puestecito”. Vaya que si se lo buscó. Hizo falta una reforma de la ley de Telemadrid e inventar la figura del administrador provisional para este medio de comunicación. Y ahí está: colocado.

Macario, Rockefeller y la tele del presidente

Cualquiera que pase un rato estos días delante del televisor verá imágenes de José Luis Moreno y de sus muñecos. A José Antonio Sánchez le sonará este empresario porque le contrató algunas veces cuando presidió RTVE. Entre otras cosas, para producir La alfombra roja Palace, una especie de vacuna contra el buen humor y el gusto estético. que incluía a Jaimito Borromeo, a matrimonios peleando en la cama y, por supuesto, desfiles en bañador.

Moreno era un virtuoso en el género y fueron muchos los sábados por la noche, durante varios años, que apareció con el muñeco Macario o con Rockefeller en el brazo. El ventrílocuo y los títeres. Los gobiernos y las televisiones públicas. Isabel Díaz Ayuso y Miguel Ángel Rodríguez vieron la ocasión de controlar Telemadrid tras arrasar en las elecciones madrileñas y de cambiar al director general sin excesivo disimulo. Así lo han hecho. “Toma moreno (Moreno)”.

La izquierda trata estos días de atribuir al Partido Popular el monopolio de la manipulación de estos medios de comunicación, pero lo hace con el trasero apoyado en la puerta del armario para que no se abra y afloren sus cadáveres.

La izquierda trata estos días de atribuir al Partido Popular el monopolio de la manipulación de estos medios de comunicación, pero lo hace con el trasero apoyado en la puerta del armario para que no se abra y afloren sus cadáveres. Porque el PSOE que reclama independencia para Telemadrid fue el que se sacó de la chistera a Rosa María Mateo en 2018 para tomar el control de RTVE. El resultado de esa maniobra fue excepcional: la audiencia se hundió hasta mínimos históricos. En Antena 3, todavía se frotan las manos, pues la cuota de pantalla de sus informativos mejoró desde los días posteriores a su nombramiento.

Mateo fue presentada como una especie de Juana de Arco contra la manipulación de José Antonio Sánchez y su tropa; y fue recibida con vítores por parte de los sindicatos y de los críticos televisivos más afectados por la burricie. Cuando se marchó, todos habían cambiado de opinión.

Todavía hay quien defiende que su televisión fue independiente cuando fue quien autorizó la contratación de Jesús Cintora; o la que se puso a disposición de Moncloa, en abril de 2019, para posibilitar que Pedro Sánchez participara en un debate electoral –como quería- en lugar de en dos. “Macario, ¿estás contento? / ¡Qué contento estoy!”.

Televisión independentista

El récord de la infamia no lo tiene Mateo, sino TV3, en la que la Generalitat ha inyectado cientos de millones de euros desde el inicio del proceso soberanista para convertirla en el gran altavoz del independentismo. No merece la pena abundar en exceso en lo que ya es sabido por todos, pero en la radio pública catalana se llegó a llamar a los oyentes a que ayudaran a localizar a los guardias civiles que trataban de impedir la celebración del referéndum del 1-O.

Se mire hacia donde se mire, hay una televisión pública con la mano del barón autonómico introducida en su trasero. Canal Sur convirtió a Chaves, Griñán y Susana Díaz en faraones de su tierra. A Nacho Villa le condenó el Tribunal de Cuentas por su gestión en Castilla-La Mancha Televisión. Y mejor no hablar de los contratos que firmó Telemadrid con el Atlético de Madrid y el Getafe con el Partido Popular en la Puerta del Sol.

Se mire hacia donde se mire, hay una televisión pública con la mano del barón autonómico introducida en su trasero.

Esto último prueba que ni mucho menos todo es política en estas empresas. Cada partido tiene sus productoras afines y las favorece cuando llega al poder, pues de los 2.000 millones de euros que cuestan al año las televisiones públicas, una buena parte se dedica a engordar amigos en la industria audiovisual. Algunos, por cierto, extrabajadores de estos canales que vieron la oportunidad de hacer fortuna montando una empresa. Jaume Roures fue durante varios años líder sindical en TV3 y en 1995 dio el salto a los negocios. El resto, no es ningún secreto.

El propio Miguel Ángel Rodríguez fue consejero de Secuoya, la productora de ese tipo tan inteligente que es Raúl Berdonés, a quien el Ejecutivo de Mariano Rajoy le concedió una licencia de TDT. Su canal lo presentó en una enorme fiesta en la Real Fábrica de Tapices. Entre los invitados estaban Soraya Saenz de Santamaría y Florentino Pérez. Habrá que ver si esta productora gana peso en Telemadrid. También se podría estar pendiente del incremento de filmes españoles en su parrilla de programación, pues ya se sabe que entre José Frade y Enrique Cerezo tienen los derechos de una buena parte del catálogo histórico de películas.

José Antonio Sánchez los conocía de su etapa en Telemadrid. Cuando llegó a RTVE, aprobó un ciclo (con una selección extraordinaria, por cierto) para el prime time de La 2. “¿Cómo has hecho tú fortuna, Rockefeller? / Yo, como me dejan, señor Moreno”.

Todas estas cosas ocurren porque las televisiones públicas se utilizan para lo que todo el mundo sabe. Lo peor es la forma selectiva de observar la realidad que tienen algunos al respecto, especialmente los propagandistas y los sindicatos. Cuando gobierna su partido, callan; y, cuando lo hace el adversario, piden medios de comunicación independientes.

La cosa no tiene remedio porque España ha asumido que el mangoneo partidista es parte de su ADN y no es urgente cambiarlo. Al revés, el objetivo de muchos es formar parte del sistema, pues es bien sabido que cuando alguien se alinea, tarde o temprano le buscan un "puestecito". Por eso habría que plantear el debate sobre la necesidad de cerrar estos medios de comunicación. Quien quiera propaganda, que la pague de su bolsillo. Y quien quiera enriquecerse, que no lo haga a costa del dinero de todos.