La prensa del corazón comenzó su declive cuando sus editores bajaron el listón y abrieron sus páginas a los personajillos. Antes, todo eran nobles, toreros, folclóricas, modelos y futbolistas. Luego, llegaron los amantes, hijos bastardos y oportunistas; y, después, personajes anónimos repletos de silicona, anabolizantes y furor uterino. El papel couché bajó del yate y viajó hasta el barrio; y ahora parece que hará una parada en el Parlamento. Porque la noticia es que el compañero sentimental de Irene Montero se ha cortado el pelo.

Quizás no sea muy recomendable que los periodistas sean amigos de aquellos de los que tienen que escribir, pero Chelo García Cortés fue compadre de Isabel Pantoja; y Pedro Vallín lo es de Pablo Iglesias. Así funciona el mundo de la farándula: siempre es mejor confiar las exclusivas y el cuidado de tus hijos a alguien de máxima confianza que a un desconocido. Máxime si el artista en cuestión es narcisista, pues en esos casos el egocentrismo colisiona de forma constante con grandes inseguridades. Quien se piensa cerca de la perfección, tarde o temprano termina por convencerse de que el mundo está repleto de enemigos que conspiran contra sus talentos.

Eso explica, en parte, el desgaste de Podemos, pues fue un partido que comenzó realizando un diagnóstico de los problemas de la sociedad y hablando de la crisis del capitalismo; y terminó por centrarse en las preocupaciones de su líder, que son la 'cloaca del Estado' y las manipulaciones del poder mediático.

Y tiene razón Iglesias en este último punto, pues ha habido un buen grupo de medios de comunicación que han superado el límite del ridículo en su crítica al fundador de Podemos. Sin ir más lejos, este miércoles hubo quien realizó una noticia sobre la semejanza de su nuevo look con el que lucía Stalin en su juventud.

En tiempos en los que los gurús mediáticos recomiendan el clickbait para disimular su ausencia de ideas, el líder de la formación morada ha sido durante siete años un cebo constante para la audiencia. Y ha habido quien ha jugado sucio, pero Iglesias se ahoga en su egocentrismo cuando piensa que ese fenómeno sólo ha ocurrido con su persona. ¿Hace falta volver a contar las portadas que dedicó El País a los trajes de Francisco Camps?

En tiempos en los que los gurús mediáticos recomiendan el clickbait para disimular su ausencia de ideas, Pablo Iglesias ha sido durante siete años un cebo constante para la audiencia

No han hecho falta muchos días para comprobar que una de las causas de la caída de Podemos es el elevado número de aduladores que loaban día y noche a Pablo Iglesias. Porque después del descalabro en las elecciones madrileñas, hubo muchos más agradecimientos por los servicios prestados que críticas por los resultados. Al revés, su guardia de corps se empeñó en decir que eran mejores que los de 2019. Un líder sacrificado por tres escaños.

El halago debilita

Hubo un alto cargo (alta carga, alte cargue) del Ministerio de Igualdad que le dedicó un cariñoso mensaje en las redes sociales en el que destacaba la faceta humana de Iglesias. “Cuando intuye que estás mal, te llama por teléfono”, escribió, mientras publicaba una fotografía del 'gran líder' con el hijo de esta señora en brazos. Mientras, en su cuenta de Twitter, Pablo Echenique y otros cargos de Podemos subrayaban la soberbia labor que había realizado este político durante siete años, que había derivado en una mejora de la sociedad española.

Cualquiera puede mirar los indicadores macroeconómicos para cerciorarse de que esa afirmación es falaz, pues durante este tiempo el país se ha empobrecido y ha condicionado su futuro al pago de una deuda cada vez más elevada. Desde el punto de vista político, se ha roto el bipartidismo, pero eso no ha implicado una mayor estabilidad, sino al contrario: en largos períodos de tiempo, como 2018, el Parlamento ha estado prácticamente paralizado. Por no hablar del largo período sin Gobierno. ¿Y qué hay de la igualdad? ¿De verdad un partido puede alardear de que ha defendido este concepto cuando se ha alineado con los partidos nacionalistas que apuestan por los privilegios de determinados ciudadanos sobre otros?

Habría que preguntar a Pablo Iglesias por su aportación para sanear el panorama mediático de este país, pues es nula. Una vez más, diagnostica los problemas, propone debates, pero actúa de forma torticera. Porque su factótum en este sector ha sido Jaume Roures, corsario del negocio audiovisual y uno de los empresarios más oscuros de este país. Que pregunten en el diario Público por su respeto a los derechos de los trabajadores cuando se convirtió, en pocos días, en liquidador y, a la vez, comprador de acciones de la nueva sociedad del rotativo.

También se podría hablar de 'La Última Hora!', esa caricatura de periódico que se dedica a hacer campañas contra los periodistas y personajes proscritos para el partido que no distan mucho de las que Iglesias denuncia sobre sí mismo. Hay uno de sus columnistas, de nombre Raúl Solís, que le ha dedicado varios artículos húmedos estos días que causan sonrojo. Este jueves, escribía lo siguiente: “Pablo Iglesias se ha cortado la coleta ocho días después de comunicar que abandonaba la política. Un gesto privado se ha convertido en apertura de periódicos y telediarios. Medios de comunicación, que se decían serios, haciendo conjeturas sobre por qué se ha cortado la coleta el hombre que ha sufrido más odio y difamaciones de los que todo lo tienen y quieren todavía más”.

Obviaba que fue el mismo Iglesias quien filtró la noticia. Y reitero: se la dio a su amigo. Entre sus manos, en las fotografías, sostenía un libro publicado por el tal Vallín. Tanto monta, monta tanto.

Puede que las plañideras mediáticas de Podemos traten de convencer de lo contrario, pero la realidad es que un político con un concepto demasiado elevado de sí mismo ha ido a la peluquería y, como la Kim Kardashian política, ha querido que su nuevo aspecto se publicitara en los periódicos. Mientras, hay varios medios que han llevado la noticia a su primera página, convirtiendo prácticamente la noticia en un asunto de Estado. Y ésa ha sido la clave de estos siete años: cada movimiento de Iglesias recibía una atención desmedida; y boutade se convertía en un problema nacional.

Prensa escandalosa, prensa aburrida y prensa fácilmente impresionable. Para lo que hemos quedado.