Rubén Arranzvozpopuli autores
Rubén Arranz

Análisis de medios

El fin del imperio mediático de Jesús del gran poder

La situación del Grupo Prisa se ha desarrollado de forma comparable a la de España

El fin del imperio mediático de Jesús del gran poder
El fin del imperio mediático de Jesús del gran poder EFE

Los politólogos miraron durante años a Almendralejo para saber por dónde iban a ir los tiros en las noches electorales. El resultado de este municipio solía corresponderse con lo que iba a ocurrir en el resto del país, lo que convirtió a este lugar extremeño en uno de los (insoportables) tópicos recurrentes cada cuatro años. Si hubiera que observar hacia algún sitio para poder estudiar las leyes universales sobre las que se ha movido el 'régimen' constitucional español iniciado en 1978, no habría mejor lugar que el Grupo Prisa, pues siempre ha estado en el cogollo de esta democracia imperfecta, demasiado dependiente de las instituciones y que ahora sufre las consecuencias de sus propios errores, como la dueña de El País.

No es casualidad que la decadencia de Prisa se iniciara casi en paralelo a la crisis del sistema constitucional. Hay quien pensará que todo comenzó cuando el Gobierno de José Luis Rodriguez Zapatero tomó una serie de decisiones contra 'lo establecido', entre las que se encontraba la de constituir su propio grupo de medios de comunicación. Entonces, decidió apostar por Jaume Roures y sus socios en lugar de por el grupo de Jesús de Polanco; y eso debilitó la influencia de sus medios de comunicación.

Ahora bien, las grandes dificultades de Prisa no comenzaron cuando un Gobierno socialista le obsequió con un desprecio, sino un poco después. Fue el día en que quebró Lehman Brothers.

Quien haya visto la estupenda La gran apuesta podrá rememorar varias imágenes: la del edificio de ese banco vacío, la de sus empleados abandonándolo con cajas de la mano y la de los brokers que habían apostado por los derivados adecuados, abrazándose de alegría, pues se habían hecho multimillonarios. Mientras tanto, en la azotea de un edificio, Steve Carell se ahogaba en su propio malestar: se había hecho rico, pero a costa de la ruina de mucha gente.

El error de Cebrián

Es difícil adivinar qué hacía ese día Juan Luis Cebrián, pero mientras el mundo occidental se tambaleaba, Prisa se encontraba inmersa -según sus palabras- en una compleja operación financiera que consistía en lanzar una OPA sobre el 100% de Sogecable para posteriormente vender la empresa a un precio mayor. La primera parte del plan se consumó, pero no así la segunda. El resultado fue catastrófico, pues Prisa se endeudó hasta límites que, en cualquier otro caso, le hubieran llevado a la quiebra. No fue así porque 'el sistema' no lo quiso. Y ya se sabe cómo se las gastan los de 'el sistema'...

La última consecuencia de ese error estratégico se ha podido apreciar esta semana, cuando Prisa ha anunciado la venta de la parte española de Santillana a la compañía finlandesa de medios de comunicación Sanoma Corporation. El montante de la operación ha ascendido a 465 millones de euros, a los que hay que sumar los 72 millones que recaudó el grupo hace unos años, cuando se deshizo de Ediciones Generales (Alfaguara, Taurus, etc.) en favor de Penguin Random House.

La causa de este movimiento empresarial es evidente: Prisa necesitaba refinanciar sus 1.148 millones de euros de deuda -con una capitalización de 450 millones- y se ha visto obligada a fragmentar Santillana y poner en el mercado una porción para lograr un acuerdo con sus acreedores. Lo de siempre. Lo que explica que el grupo tuviera en 2008 casi 5.000 millones de euros en activos y que a finales de 2019 tan sólo conservara 1/5 parte. Que será menor cuando se consume esta última operación y la venta de su filial portuguesa, Media Capital.

El falso milagro español

Pero de la actual situación de Prisa se pueden sacar otras conclusiones, si bien eso requiere elevarse unos cientos de metros sobre el terreno para observar mejor el paisaje. Entonces, se puede apreciar con una mayor exactitud que esta compañía, como España, pecó de grandilocuencia durante los primeros años del siglo actual, cuando el dinero del fútbol entraba a espuertas en sus arcas y El País difundía medio millón de periódicos diarios, lo que convertía sus páginas en auténticas bombas para sus enemigos.

Pero llegó la 'gran recesión' y se descubrió que ni Prisa, ni España ni su sistema financiero habían hecho los deberes, lo que provocó el declive de las tres partes. A partir de ahí, conviene recordar la afirmación de los primeros párrafos del articulo: este grupo de medios de comunicación vivió una reproducción a escala de los grandes males que han afectado al país.

Porque fue entonces cuando aterrizaron sobre Prisa los fondos de inversión, que en esa época se convirtieron en accionistas significativos -o en los principales- de una parte de las grandes cotizadas españolas. A Prisa llegaron unos cuantos, comenzando por Liberty, de ese supuesto filántropo llamado Nicolas Berggruen del que tantas cosas comenzó a destacar El País. Fueran o no buenas.

El que más peso ganó fue Amber Capital, que actualmente tiene en su poder casi 1/3 de las acciones del grupo. Sobre su dueño, Joseph Oughourlian, se cuentan mil leyendas en los mentideros madrileños, donde siempre hay quien está dispuesto a inventar conspiraciones en su propio beneficio. Los hechos objetivos dicen que Amber es un fondo que entró en Prisa con el afán de rentabilizar una inversión y que actualmente se encuentra en serios aprietos, pues ha apostado 250 millones por el grupo y no está nada claro que los vaya a recuperar.

En los últimos años, ha presionado con fiereza para provocar la salida de Juan Luis Cebrián -lo consiguió- y para que Prisa se deshiciera de todos los activos posibles, aunque eso implicara dejar la compañía en el esqueleto. La hostilidad de esos fondos y la compleja situación financiera del grupo impulsó a la empresa a poner en venta Santillana a finales de 2016, en una operación que se frenó más de un año después cuando los accionistas institucionales apreciaron que la empresa se iba a pique y había que tomar cartas en el asunto.

Entre estos socios se encuentra la crème de la crème del Ibex-35. Principalmente, Telefónica y Santander, a las que los inversores han dejado claro durante los últimos años su opinión sobre la gestión que han realizado sus directivos durante y después de que se produjera 'el milagro español'. Que, en realidad, no fue más que una versión del tradicional capitalismo de amiguetes, pero con viento de cola.

Polémica salvación

Estas empresas entraron en Prisa dentro de una operación al más alto nivel que se ideó para salvar al grupo de la quema. Unas compraron bonos convertibles en acciones; y otros decidieron capitalizar deuda, en una operación que les ha generado a todos resultados catastróficos. Cuando afloraron las participaciones de Telefónica y Santander en Prisa, el grupo cotizaba a seis euros en la bolsa madrileña. Actualmente, lo hace a 65 céntimos. Entretanto, ambas entidades han suscrito algunas ampliaciones de capital que han provocado que su apuesta sea todavía más desastrosa.

En 2017, Santander decidió pasar a la acción y asumir un mayor protagonismo en el grupo. Apareció por allí entonces la figura de Javier Monzón, amigo de Ana Botín y presidente no ejecutivo de OpenBank. Actualmente, es el chairman de Prisa y ha sido frecuentemente señalado por Amber Capital por su forma de hacer las cosas, que no comparten. Últimamente, los accionistas institucionales han transmitido su hartazgo con Prisa por los quebraderos de cabeza que les ha producido. Entre otras cosas, porque partidos como Vox y Podemos les han señalado en varias ocasiones por su participación en la dueña de El País y la Cadena SER.

Futuro fragmentado

Después de esta última operación de Santillana, la operación de Prisa es todavía mala, pese a que haya logrado retener 275 millones de euros de liquidez para realizar operaciones durante los próximos meses y pese a que sus acreedores hayan vuelto a lanzarle un salvavidas. Su volumen de deuda es todavía mucho mayor a su capitalización -y no digamos a su EBITDA-, su estructura de capital no incluye socios industriales fuertes y aviene a conflictos entre las partes; y, lo peor, afuera vuelve a llover con intensidad. Más incluso que en 2008.

Los directivos de Prisa trabajarán en los próximos meses en un proyecto que cambiará para siempre la historia del grupo. De hecho, será casi un punto de ruptura con lo que ha sido hasta el momento, pues sus activos se repartirán en dos sociedades que abarcarán, por un lado, su negocio de Santillana en Latinoamérica; y, por otro, sus medios de comunicación.

Este proyecto persigue la más que probable salida a bolsa de la filial digital de Santillana -en el Nasdaq- y la búsqueda de nuevos socios para los dos negocios en los que se dividirá el grupo, lo cual constituye un guion de estructura compleja, cuyo cumplimiento está por ver si es posible.

Mientras tanto, fuentes de los fondos de inversión presentes en Prisa apuestan por seguir rastreando los mercados para vender los activos que sea necesario para 'reflotar el grupo'. O dicho de otra forma, para tratar de recuperar su inversión.

Se puede decir que el momento más débil de España desde que se promulgó la Constitución de 1978 es también crítico para Prisa. A una de las partes le acaban de salvar la vida los bancos. La otra, espera el maná de la Unión Europea como el enfermo de covid que aguarda un respirador, a sabiendas de que no curará su enfermedad, pero aliviará sus síntomas durante un tiempo. Curiosos paralelismos entre las partes.

Últimas noticias

Recibe cada mañana nuestra selección informativa

Acepto la política de privacidad


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba