Seguramente quienes tengan hijos adolescentes se percataran hace un tiempo de que sus palabras tienen menos efecto sobre sus vástagos que las de Ibai Llanos. Y seguramente, si usted ya ha criado a su prole, no sepa quién es este muchacho. Pero su audiencia y su influencia son actualmente mayores que las de una gran parte de los medios de comunicación. Por eso gana mucho más dinero que la media. Como debe ser.

Este muchacho grabó hace un par de años un vídeo para motivar a quienes iban a realizar 'la selectividad' durante el mes de junio. Lo hizo con tono de entrenador de fútbol, a lo José Antonio Camacho en la banda. Vehemente y excesivo. Pero el discurso caló entre su público y fue compartido por 114.000 usuarios en Twitter. Ninguna cuenta de medios de comunicación en España tiene esa fuerza en las redes sociales. Ni por asomo.

Ibai Llanos publicó hace unos días otro vídeo en el que lanzaba dos mensajes importantes; y se puede estar de acuerdo o no con su espíritu, pero seguramente tuvieron más impacto que decenas de campañas institucionales en las que el Estado ha invertido varios millones de euros.

Lo primero que dijo es que estaba de acuerdo con que los ciudadanos que ganan mucho dinero paguen más impuestos, mientras que -opinó- las rentas más bajas deberían contribuir en menor cantidad. Aquí citó al resto de su familia, incluida su madre, que -aseguró- limpia casas.

Lo segundo que afirmó es que no comparte la “rabia” que existe hacia los youtubers e influencers. Es decir, hacia quienes hacen negocio por ser referentes en las redes sociales y plataformas de vídeo. Llanos puso un ejemplo que debería llevar a la reflexión: “¿Pero cómo alguien que tiene dos millones de seguidores en Instagram no va a ganar un porrón de dinero?”.

Un líder de opinión

Es evidente que el primer postulado peca de simplismo por varias razones. Entre otras cosas, porque obvia que la economía sumergida asciende a casi el 25% del PIB. Y sobra decir que incrementar impuestos no supone necesariamente un aumento de la recaudación. Sin embargo, merece la pena detenerse en analizar la segunda parte de la frase, la que habla del desdén que causan en una parte de la población quienes se ganan la vida de esta forma.

Porque quizás sea esa corriente de opinión la que impide ver con claridad que una buena parte de los influencers gozan actualmente de una mayor relevancia que los periodistas, siempre dispuestos a escupir ego y a airear sus méritos, que, como ocurre con las conquistas nocturnas, suelen estar condimentados con elementos hiperbólicos.

Existe cierta tendencia a infravalorar lo que hacen los influencers porque los intereses y las capacidades de los jóvenes son generalmente infravalorados. Es tan difícil compartir el desprecio a 'las canas' como a la juventud; y esa actitud se da hoy en día en muchos ámbitos, incluido el de los negocios. Pero lo cierto es que hay unos cuantos veinteañeros que con sus propios medios han sacado provecho a su presencia en las redes sociales. En 2019, todos estos influencers se llevaron 61,8 millones de euros del total de la inversión publicitaria, casi el doble que el cine (36,5) y más de dos veces más que las tan cacareadas publicaciones dominicales (26,6). Así lo recoge la consultora Infoadex.

Es tan difícil compartir el desprecio a 'las canas' como a la juventud; y esa actitud se da hoy en día en muchos ámbitos, incluido el de los negocios.

Habrá quien diga que las formas de entretenimiento que promueven -generalmente, los videojuegos- son quincalla cultural e intelectual, pero cualquier exposición de esas características debería tener en cuenta que siempre ha habido espacio para el ocio banal. Desde el circo hasta el fútbol; hasta las cada vez más baratas y simplistas tertulias televisivas. No sólo del corazón, sino también de política. Donde, por cierto, los contertulios habituales no hablan con una mucha mayor profundidad de los temas de la que pueda hacer Ibai -de 25 años- sobre el pago de impuestos.

Nadie debería minusvalorar a estas alturas la capacidad de jóvenes como Ibai Llanos para ganar dinero. Este caso, además, es paradigmático, pues el muchacho tiene don de gentes y un talento descomunal para la comunicación y la narración de competiciones de e-sports. Es decir, de videojuegos de varios tipos.

Los líderes de opinión españoles o quienes aspiren a serlo -y aquí siempre hay un nutrido grupo de periodistas- también deberían tener en cuenta que la presencia de jóvenes como Ibai, El Rubius -39,5 millones de suscriptores en YouTube- o TheGrefg -2,5 millones de espectadores hace unos días en su directo en la plataforma Twitch- y las técnicas que utilizan para llegar a su público. Entre las que, por cierto, se encuentra una sorprendente naturalidad.

El talento y la capacidad de gestión de los jóvenes no suelen ser bien valorados en sociedades añejas y decadentes como la española, donde la prensa se esfuerza día tras día en loar la figura de presidentes y consejeros delegados cuya labor desde 2008 ha sido nefasta

Lamentablemente, el talento y la capacidad de gestión de los jóvenes no suelen ser bien valorados en sociedades añejas y decadentes como la española, donde la prensa se esfuerza día tras día en loar la figura de presidentes y consejeros delegados cuya labor desde 2008 ha sido nefasta.

Por no hablar de la campaña de desprestigio que han sufrido los adolescentes y veinteañeros desde que apareció el coronavirus. Porque personajes como Fernando Simón culpan ahora a las cenas de Navidad de la tercera ola del virus. Pero la segunda se atribuyó al botellón. Cuando los gobiernos no saben explicar los porqués de una amenaza, suelen ser víctimas de la tentación de repartir responsabilidades. Lo peor es que los medios más acríticos y los periodistas de encefalograma plano han comprado ese mensaje y lo trasladan día a día. Incluso alguna gran empresa grabó un anuncio infame en el que una chica mataba de un disparo -alegoría de un contagio- a su padre.

Mientras la sociedad mira a los medios y la política y la empresa buscan espacio en la televisión como el medio tradicional más influyente, Ibai Llanos convoca a cientos de miles de personas cada vez que comparte partida con Neymar, Messi o Courtois. Y mientras el minuto de oro de la televisión del pasado miércoles congregó a 4,7 millones de espectadores (Pasapalabra), el último vídeo de El Rubius ha sido visto por 7,5 millones de personas.

Y, lo mejor, mientras los periodistas se pelean por salir en tertulias para recitar lugares comunes y ganar influencia entre el círculo mínimo de la profesión, y ente los 'muy cafeteros', hay influencers españoles con una legión de seguidores a ambos lados del Atlántico.

En fin, y todavía hay alguno que piensa que el epicentro del mundo se encuentra en un plató de La Sexta o Telecinco...