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Rubén Arranz

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Ana Patricia Botín se hace un chalé en el Grupo Prisa

Javier Monzón y Ana Patricia Botín
Javier Monzón y Ana Patricia Botín EFE

Al 'gran poder' le viene bien la confrontación política porque evita que los ciudadanos fijen su mirada en la chatarra que acumula en el patio trasero. El fenómeno se explica muy bien en el monólogo final de la película El Reino -13 nominaciones a los Premios Goya-, en el que se incide en que, mientras los medios analizan cada detalle del chau-chau de los partidos, pasan de largo sobre los pecados que cometen quienes de verdad mueven los hilos del país. Entre ellos, el de tratar de influir en la prensa. Hace unas horas, el Grupo Prisa anunciaba que su nuevo presidente será Javier Monzón, quien lideró Indra entre 1992 y 2015 y quien se encuentra a la espera del plácet del BCE para ser ratificado como presidente de Open Bank, filial de Banco Santander. A El País y a Cinco Días se les ha olvidado hacer referencia a este hecho en los artículos publicados desde entonces. Ya se sabe: los asuntos incómodos del 'gran poder' es mejor guardarlos en una habitación cerrada. Máxime si pueden salpicarle a uno mismo.

El presente de Prisa está condicionado por una triple realidad: la que configuran, por un lado, su deuda; por otro, su principal accionista, que es el fondo Amber Capital (27%); y, por otro, sus accionistas institucionales. En especial el Santander de Ana Patricia Botín, que ha sido el más activo durante los últimos tiempos, con diferencia. Hace poco más de un año, quiso colocar a Javier Monzón como presidente ejecutivo de la dueña de El País y la Cadena SER, pero su iniciativa no prosperó porque ni Cebrián lo puso excesivamente fácil, ni en el Consejo había unanimidad al respecto.

Unas semanas después, Santander rubricó el acuerdo -junto con diversas entidades financieras- para la refinanciación de los adeudos del grupo y orquestó una ampliación de capital de 563 millones de euros que sirvió para dar oxígeno a sus medios de comunicación y a Santillana. En ese contexto, Botín no tiró la toalla con Monzón y pronto volvió a la carga. En noviembre de 2017, fue designado consejero, coordinador del Consejo y responsable del Comité de Nombramientos y Retribuciones. En febrero, fue situado como vicepresidente y, este martes, como presidente no ejecutivo. Este último cargo lo ha heredado de Manuel Polanco, uno de los -poco 'entusiastas'- hijos el fundador el grupo, quien presentó el martes su dimisión apenas un año después de aceptar el puesto.

Con Telefónica de salida en Prisa, los Polanco, con dificultades para cuadrar las cuentas de sus negocios; y Caixabank, sin mucho interés en influir en sus decisiones, Santander ha encontrado un filón en la editora del periódico más vendido y la radio más escuchada del país; y ha ido, poco a poco, tomando posiciones en su cúpula. La estrategia se ha desarrollado con sigilo y de forma pausada, pues se ha extendido durante varios meses. El resultado es evidente: el banco ha conseguido una importante influencia en Prisa. Mucho mayor que su peso accionarial, que es del 4,1%.

Un banco y un buitre

La situación que atraviesa la compañía le hace especialmente sensible a los efectos de este tipo de maniobras. Conviene tener claro que Prisa asienta su presente en pilares que se encuentran fijados sobre una superficie lodosa. Amber Capital es un hedge fund que tomará las de Villadiego cuando considere que ha rentabilizado su inversión. Su presidente, Joseph Oughourlian, se ha encargado en los últimos meses de transmitir que su relación con Pedro Sánchez es óptima y que han hablado varias veces, lo que deja claro que lo que está sucediendo en Prisa es bueno para ambas partes.

Ana Patricia Botín tampoco es la típica accionista que invierte de forma altruista en un medio de comunicación -respaldó su última ampliación de capital- que sabe que le va a generar más pérdidas que dividendos. De hecho, cuando llegó a la presidencia de Santander, el banco ya era socio del Grupo Prisa.

Lo era porque, un buen día, algunos de los más selectos miembros del Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC) decidieron salvar de la bancarrota a la compañía entonces liderada por Juan Luis Cebrián a cambio de ganar un aliado. Entonces, la Telefónica de Alierta decidió comprar bonos convertibles en acciones de la editora de El País, mientras que la Caixabank de Fainé y el Santander de Emilio Botín aceptaron capitalizar una parte de su deuda. La decisión era insostenible desde el punto de vista económico. Pero el Ibex 35 no invertiría en el sector de la prensa si no tuviera claro que le va a generar algún tipo de rédito.

Las maniobras realizadas por el Banco Santander sorprenden, puesto que su presidenta había demostrado un interés mucho menor que su padre por influir en la vida pública y había dado la callada por respuesta ante muchos de los problemas que afectan a España, pero no tanto a su negocio. Pero el año pasado, aprovechando que Cebrián se encontraba entre la espada y la pared como consecuencia de la hostilidad de algunos de sus accionistas y de su incapacidad para encontrar soluciones para abonar los 956 millones de euros de deuda que vencían el 31 de diciembre de 2017, la entidad aprovechó para ganar posiciones en Prisa.

Las maniobras realizadas por el Banco Santander sorprenden, puesto que su presidenta había demostrado un interés mucho menor interés que su padre por influir en la vida pública y había dado la callada por respuesta ante muchos de los problemas que afectan a España.

La estrategia no fue sencilla de aplicar, puesto que contó con dos inconvenientes: por un lado, la mala imagen que genera el que una empresa del Ibex 35 trate de influir en un medio de comunicación, aunque sea a través de un peón, como Monzón, y de una ampliación de capital que el grupo necesitaba. Por otro, la resistencia que ofreció Cebrián

Pero con Cebrián fuera de Prisa, dedicado en cuerpo y alma a la compleja tarea de colmar sus aspiraciones personales -quiere ser presidente de la RAE-, Ana Patricia Botín ha ido ganando influencia en el grupo y su peón en el Consejo de Administración, Monzón, ha alcanzado la presidencia del Consejo -no ejecutiva- y de la Comisión de Nombramientos y Retribuciones.

Mientras espera a que el Banco Central Europeo se pronuncie sobre su presidencia de Open Bank, Monzón dirigirá las reuniones del sanedrín de Prisa, en el que Manuel Mirat ejerce de consejero delegado; y en el que se dan situaciones tan llamativas como queMonzón, tenga el título de consejero independiente. Curiosa la realidad de esta empresa, que, atosigada por las deudas, tuvo que aceptar que el 'gran poder' se hiciera un chalé en su terreno para poder sobrevivir. Actualmente, no parece muy incómoda al respecto e incluso su director editorial, Augusto Delkader, es consejero de SACYR. El dato también se oculta en el perfil del directivo. Lo dicho, el 'gran poder' tiene estas cosas.

No se puede decir que el panorama en otras empresas mediáticas sea mucho mejor, dado que, al fin y al cabo, todas tienen las mismas dependencias. Tampoco se pueden negar los méritos de Manuel Mirat, un gestor que ha dado muestras de saber el camino por el que tiene que discurrir el negocio si quiere remontar, y que, entre la estridencia y el trabajo, apuesta por lo segundo. Pero hay una realidad incontestable, y es que el Ibex 35 no invirtió dinero en Prisa para irse de allí con las manos vacías. Ni tampoco Santander se mantiene en el grupo por caridad o por inercia. Y Monzón no tiene un perfil independiente, pues el nexo entre el nuevo presidente no ejecutivo de Prisa y la entidad bancaria presidida por Botín es más que evidente.

De lo contrario, ¿qué es lo que se mandó analizar al BCE?



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