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Rubén Arranz

Opinión

La alerta antifascista y los “degenerados” de Ciudadanos

El líder de Podemos, Pablo Iglesias.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias. EFE

"Alerta antifascista". Nunca dos palabras definieron mejor el sino de los tiempos y la deriva de un político. La pronunció tras conocer los resultados de las elecciones andaluzas Pablo Iglesias, quien arrastra desde hace un tiempo una soberana borrachera de soberbia y un absoluto despiste que es sintomático de su ego, descomunal. En su intervención, no estaba acompañado de sus críticos porque, poco a poco, los ha desahuciado de los puestos de mando del partido, donde hoy parece que las voces discrepantes suenan a un volumen más bajo que nunca. Parece imparable la decadencia de este político, que en pocos meses ha pasado de aspirar a 'asaltar el cielo' a ser candidato a la damnatio memoriae mediática. Sus paseos por Moncloa no dejan de ser un puro espejismo.

El leninismo no ha tenido históricamente un buen perder. Lo demostró el propio Lenin al prender la mecha de la guerra civil tras comprobar que los bolcheviques tenían menos fuerza de la que había pronosticado. O Mao y Fidel Castro, cuando utilizaban a los estudiantes de parapeto para salvar el tipo durante las crisis internas. Pablo Iglesias se dio un baño de realidad el pasado domingo cuando comprobó que su partido había sido incapaz de aprovechar la decadencia del 'susanismo' para medrar, mientras Vox irrumpía en el Parlamento andaluz con 12 escaños. Con los resultados de los comicios de la mano, pudo apreciar que su partido ha dejado de ser la gran fuerza aglutinadora del voto descontento de las clases populares. Alguien le ha pasado por la derecha y, lejos de recurrir a la autocrítica, recurrió a la misma táctica que los líderes de los que lleva la fotografía en la carpeta y proclamó la "alerta antifascista".

"Quiero hacer un llamamiento al movimiento feminista, a las organizaciones de trabajadores, a las plataformas de afectados por la hipoteca, al movimiento estudiantil, a los colectivos LGTBI y a las organizaciones de pensionistas. Toca movilizarse para defender las libertades, la justicia social y la democracia", explicó. Consciente o inconscientemente, se refirió a algunos de los movimientos que ha privilegiado la izquierda, en muchas ocasiones, en detrimento del interés general, con una actitud que ha alejado de estos partidos al hombre corriente. El que no vive cómodo en el intramuros de lo políticamente correcto y tiene urgencias mayores que las que impone el siniestro concepto de la 'igualdad', utilizado mil y una veces para provocar la discordia.

Cuando alguien arrastra ese descrédito, sus mensajes incitan a quien los recibe a aplicar la psicología inversa. A buen seguro, Santiago Abascal, desea fervientemente que el líder de Podemos hable en público todos los días.

Cuando alguien arrastra ese descrédito, sus mensajes incitan a quien los recibe a aplicar la psicología inversa. A buen seguro, Santiago Abascal, desea fervientemente que el líder de Podemos hable en público todos los días, pues cada vez que advierte de la venida del lobo de Vox, el partido gana adeptos. Y cada vez que Teresa Rodríguez define como meapilas a los votantes del PP y como "degenerados" a los de Ciudadanos, la formación morada se aleja un poco más de la idea de regeneración que vendió tras su surgimiento.

Transmitir miedo

Ciertamente, Podemos debería recurrir a la autocrítica a la que apelaba este lunes Íñigo Errejón -otro de los 'purgados'- y dejar de buscar fantasmas en espacios que también suelen ser concurridos por el propio Abascal, como los medios de comunicación. De hecho, pocas horas después de las elecciones andaluzas, Iglesias apareció en Al Rojo Vivo y acusó a La Sexta de servir de altavoz para los periodistas de prensa digital con pocos escrúpulos. ¿Recuerdan cuando la izquierda criticaba a Rajoy por atribuir el crecimiento del partido morado y la caída del PP al 'martilleo' que realizaban las televisiones con casos de corrupción como Gürtel?. El recurso de la criminalización no le sirve a los "sospechosos habituales". Como tampoco el del miedo.

Pocas horas después de las elecciones andaluzas, Iglesias apareció en Al Rojo Vivo y acusó a La Sexta de servir de altavoz para los periodistas de medios con pocos escrúpulos.

Quienes pretenden frenar a Vox con esa superioridad moral tan típica de este progresismo new wave olvidan que sus campañas mediáticas no ayudan a desinflarlo, sino todo lo contrario. Donald Trump ganó contra el establishment porque la common people estaba harta de su inoperancia y no creyó los argumentos que atemorizaban sobre la llegada a la Casa Blanca del magnate. O, al menos, votó a Trump como un mal menor, pero necesario, para intentar cambiar las cosas.

Esto ha configurado una curiosa realidad mediática que se reprodujo al otro lado del Atlántico y que también se ha podido apreciar en España tras el mítin de Vox en Vistalegre: cuando los rivales políticos y los periodistas críticos la emprenden contra la 'extrema derecha', esta crece, dado que los ataques son percibidos como una ruin maniobra más del establishment para mantenerse en la poltrona. Y, cuando los líderes de estos partidos radicales aparecen en los medios, lo hacen con un discurso anti-sistema que cala entre la población que está descontenta con lo que hay. Por esta razón es tan difícil de detener este movimiento político de moda. Porque las críticas de los contrincantes les ayudan de igual forma, o más, que sus propias palabras. 

El voto a Vox

No creo que el razonamiento mental que aplicó una buena parte de los 400.000 andaluces que apoyaron a Vox fuera muy diferente al que llevó a estos movimientos de derecha radical a medrar en otros países de Occidente. Porque no resulta creíble que adviertan del odio quienes lo promueven entre quienes no comparten su modelo de sociedad. O quienes predican tolerancia mientras la emprenden contra costumbres que están muy arraigadas más allá de los grandes núcleos urbanos. En la España de las 8.124 fronteras políticas, este factor es clave.

Por otra parte, tampoco es muy fácil de digerir que quienes predican igualdad apuesten por conceder privilegios a las minorías cool. O el hecho de que demuestren unas tragaderas infinitas con quienes, al Este del edén, hacen pancartas en las que se afirma que "la España subsidiada (Andalucía) vive a costa de la Cataluña productiva". No hay duda de que el régimen de 1978 necesita aire fresco, tras cuatro décadas de corrupción y aforamientos intolerables en los tres poderes y la Corona. Vox no es la solución, pues es un populismo ramplón y patriotero que apesta en varios momentos a misa de 12 y España en blanco y negro. Pero, desde luego, Podemos tampoco. ¿Qué pueden hacer por un país quienes tantas veces ponen en cuestión su legitimidad?

Llama la atención que, en algunas de sus últimas comparecencias televisivas, Pablo Iglesias haya aparecido sentado en cuclillas, acariciando a un perro, mostrando a la audiencia su sensibilidad con los cánidos. Hubo un tiempo en que Podemos trató de apartar del poder a la 'casta parasitaria'. Quizá el hecho de que su líder recurra a este tipo de maniobras publicitarias -se entiende- para humanizar su figura y arañar unos cuantos votos de una fuerza minoritaria, como el partido animalista PACMA (285.000 votos), es el mejor síntoma de su debilidad. Y de que, a partir de ahora, está condenado a perseguir objetivos más modestos con el apoyo de quienes todavía le consideran como 'la esperanza del pueblo'. Quién te ha visto y quién te ve.



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