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Rubén Arranz

Análisis de medios

Cuando la paliza a un 'autista' se convierte en pasto para el vertedero mediático

Imagen del vídeo de la paliza.
Imagen del vídeo de la paliza. Twitter

Que existe la maldad se comprobó hace unos días en una calle de Barcelona, cuando un grupo de adolescentes frenó en seco el paseo de un muchacho para pegarle una paliza y robarle algunas de sus pertenencias. De paso, grabó en vídeo la rapiña. Una vez más, el simio más evolucionado del planeta utilizó la tecnología audiovisual para inmortalizar el resultado de alguno de sus instintos más primarios.

A partir de ahí, se desató la tempestad mediática. Quizás el caso llamó especialmente la atención, pues la temporada de tormentas se inició hace mucho tiempo y ya cuesta que los aguaceros, los vientos huracanados y los truenos causen sorpresa. Pero la realidad es que los fenómenos atmosféricos cada vez son más fuertes y amenazan con destruirnos.

Ocurre que, como los observamos a través de una pantalla, parecen inocuos, pero poco a poco nos minan, sin que nadie haga nada por evitarlo.

Lo mismo de siempre

Los primeros que alzaron la voz fueron quienes apreciaron que una de las chavalas que estaba junto a los violentos era negra, mientras que uno de los que soltó un mamporro a la víctima parecía marroquí. Concluyeron entonces estas voces que los atacantes eran 'menas'. Es decir, menores y extranjeros. Por edad, bien podrían ser hijos de españoles, pues eran adolescentes y España hace mucho más tiempo que comenzó a atraer inmigración africana, latinoamericana, asiática o de Europa del Este. Sin embargo, quienes difundieron esos mensajes querían culpar a los 'menas'. La realidad era indiferente.

Al tiempo, una supuesta asociación llamada Insania, que se define como un colectivo de apoyo a “personas neurodivergentes y psiquiatrizades” (sí, sí, con -e 'inclusiva') convocó una manifestación “en respuesta a la agresión del niño autista”. Pero no para exigir el fin de la violencia, sino para quejarse del racismo. Sin duda, estos 'psiquiatrizades' tienen el don de la oportunidad. Te pegan una paliza y se movilizan contra la xenofobia... pero no hacia la que han podido aplicar hacia ti, sino hacia otros. El mundo al revés.

Caminamos sobre la caldera de un volcán y todavía no hemos percibido que está caliente. Ni siquiera hemos apreciado el humo saliente, aunque en su interior la temperatura es cada vez más elevada

Lo más llamativo es que ni siquiera es cierto que el muchacho que tuvo la mala suerte de encontrarse con esos sinvergüenzas sea autista. De hecho, El Periódico de Cataluña lo negó en una completa información que publicó a los dos días de la agresión. Y los Mossos d'Esquadra ni siquiera lo han confirmado. Es más, el propio agredido ha negado serlo, al igual que los rumores que afirmaban que recibió la paliza por 'tocar el culo' a una de las agresoras. Pero bueno, como alguien lo dice y lo difunde por las redes sociales... y los periodistas viven todo el día pendientes de la penúltima majadería que se difunde por estas plataformas, pues todo puede pasar.

Mientras tanto, Iker Jiménez aprovechó para escribir sus tuits de apoyo al chaval, cosa que no tiene nada de malo, aunque este tipo sabe muy bien lo que hace. Unos días antes, uno de los colaboradores de su programa citó -sin ser reprobado- una de las más febriles teorías existentes, que es el Plan Kalergi, creada en 2005 y que defiende la existencia de una cruel estrategia para eliminar al hombre blanco en Europa a través de la promoción de inmigración africana. El otrora experto en 'misterio' hace un tiempo comprobó que la controversia genera más audiencia que los fantasmas, de ahí que haya comenzado a explorar sin mucho disimulo los terrenos del oportunismo. Con bastante soberbia ante las críticas, por cierto.

El bueno de Antich

A todos estos ingredientes se unió el de la prensa sensacionalista, cada vez más fuerte y la cual cuenta en Cataluña con una cabecera llamada El Caso, que depende del diario digital El Nacional, que está liderado por José Antich. Es decir, por el mismo que no dudó en situar a La Vanguardia al lado de Artur Mas cuando inició el procés. Y el mismo que ahora da rienda suelta a todo tipo de basura alarmista porque, claro, en Barcelona no gobiernan los suyos. Y ojo, nadie niega la delincuencia. Aquí se cuestiona la estrategia, que es la propia de quien se dirige a través de la maldad.

Todo esto ha ocurrido con una paliza callejera, pero también sucede con la pitada al himno nacional en la final de la Copa del Rey; o con cualquier declaración política exaltada. Sucede en las redes sociales cada minuto y en todas esas tertulias baratas que programan todos los canales generalistas, que proveen de alfalfa argumental barata y escandalosa a los ciudadanos para que se mantengan en su sempiterno estado de ansiedad.

Caminamos sobre la caldera de un volcán y todavía no hemos percibido que está caliente. Ni siquiera hemos apreciado el humo saliente, aunque en su interior la temperatura es cada vez más elevada. La sociedad mediática ha enloquecido y hasta la paliza a un pobre muchacho por la calle -por parte de unos vándalos- acaba convertida en carnaza para alimentar las ansias políticas, mediáticas e ideológicas de unos y otros. La situación cada vez es peor y el suelo que pisamos cada vez se ve más amenazado por la lava, que saldrá disparada hacia arriba un día de estos.

Entonces, los mismos que nos han conducido a esta situación dirán que hacía muchas décadas que no sucedía nada igual; y que nadie podía esperarse la erupción del volcán en una sociedad civilizada.

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