Más allá de las noticias que se escuchan por la radio, se leen en los periódicos o se ven en la televisión hay una serie de historias que nunca aparecen, algo que se explica en los intereses económicos y políticos que tiene o que respeta cada medio de comunicación. Pasa en todo el mundo, pero España no es una excepción. Basta con ver, por ejemplo, el consejo de administración del Grupo Prisa para observar que están Caixabank, HSBC o Santander, que a la vez que accionistas son sus propios acreedores. Y ni perro come perro, ni nadie muerde la mano que le da de comer.
Estas empresas y determinados políticos establecen una relación con los medios como acreedores, como parte interesada de su gestión; o con los periodistas también directamente como fuente, que hace que estén protegidos y que tengan una coraza con respecto a la línea editorial de ese medio.
Por lo tanto, el concepto de objetividad se ve empañado por estas pequeñas impurezas.


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