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Rubén Arranz

RTVE

Pedro Sánchez, o el deseo de que RTVE no sea una piedra en su zapato

El Partido Socialista quiere que el presidente de RTVE y los miembros de su Consejo de Administración sean destituidos por la vía rápida. Síntoma de que Pedro Sánchez no quiere tener en su contra a este medio de comunicación en un momento importante para el partido.

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez EFE

En el día en que Ángel Acebes, Jaime Mayor Oreja, Javier Arenas y Rodrigo Rato declararon como testigos en el juicio del caso Gürtel, el telediario de las 15.00 horas de La 1 no informó de esta noticia hasta el minuto 23. En el de las 21.00 horas, el tema se anunció en el sumario, aunque no se volvió a abordar hasta que habían transcurrido 15 minutos de noticiario. Esta situación se ha repetido en reiteradas ocasiones en RTVE durante los últimos tiempos, en los que los responsables de los informativos han tratado de amortiguar el impacto de los casos de corrupción que afectaban –en mayor o menor grado- al partido del Gobierno sin excesivo disimulo.

El que la televisión pública esté controlada por el Partido Popular en este importante momento para el ‘nuevo PSOE’ no beneficia a Pedro Sánchez, lo que explica, en gran parte, el afán de los socialistas por acelerar el cambio de presidente y de consejeros, que quieren que se consume después del verano.

Resulta especialmente significativo que, entre todos los temas que figuran en la agenda política, el primero que han pactado el PSOE y Unidos Podemos sea el relativo a la reforma de Radiotelevisión Española. A los socialistas les conviene una salida rápida y ordenada de 'los hombres de Génova' de la televisión pública para que no puedan torpedear la vuelta de Pedro Sánchez a la primera línea política. Podemos, por su parte, quiere que el Consejo de Administración de este medio de comunicación deje de ser un reflejo de la realidad parlamentaria que se vivió en España entre 2011 y 2015, que permitió al PP aprobar sus proyectos por mayoría absoluta.

En el proyecto de ley de reforma de RTVE y en las enmiendas presentadas por ambos grupos, se deja claro que su propósito es “despolitizar” la corporación. La expresión, por cierto, llama la atención cuando se pone en boca del PSOE, el partido que controló este medio de comunicación con mano de hierro durante el ‘Felipismo’; y el que concedió a sus enemigos un espacio diametralmente opuesto al que dio a los miembros del Gobierno para desmentir los casos de corrupción con los que se les relacionó.

Por eso, quizá sea mucho suponer que el PSOE ahora quiere una RTVE que vuele libre. Si fuera así, nada habría impedido a la Junta de Andalucía batirse en retirada de los órganos de gestión de Canal Sur.

Un líder sin amigos en los medios

La realidad es que Pedro Sánchez necesita aliados mediáticos. O, al menos, debería reducir su nómina de enemigos, que es amplia. No hay que olvidar que el secretario general de los socialistas tiene en su contra al Grupo Prisa, tradicionalmente alineado con los dirigentes del partido, pero muy beligerante con el dirigente socialista, al que ha llegado a acusar, a través de El País, de oportunista e irresponsable.

En su batalla contra Susana Díaz por el liderazgo del partido, siempre tuvo en su contra al rotativo dirigido por Antonio Caño y, tras consagrarse como líder del PSOE, nada parece indicar que esto vaya a cambiar.

Con las televisiones privadas tampoco tiene una sintonía especialmente buena. De hecho, con Antonio García Ferreras –uno de sus periodistas más influyentes- ha tenido sus más y sus menos, tanto en público como en privado. Sin ir más lejos, el pasado mayo, después de que Sánchez criticara una información de La Sexta, relacionada con su supuesta intención de negociar con los independentistas un referéndum en Cataluña, el presentador de Al Rojo Vivo aseguró que el dirigente socialista “no anda muy sobrado de credibilidad”. Un claro síntoma de las diferencias que les separan.

Sánchez, anónimo

Está claro que la aritmética parlamentaria no permitirá al PSOE tener la televisión pública a sus pies. Sin embargo, el escenario no será el mismo si RTVE sigue manejada por una mayoría de consejeros del PP que si en su Consejo de Administración entran Podemos y Ciudadanos. O si este órgano se despolitiza en los próximos meses, como pide la formación naranja. En ese caso, quizá los telediarios no sean tan benevolentes con los casos de corrupción que afectan al partido del Gobierno.

No hay que olvidar que, el pasado 21 de mayo, cuando se celebraron las primarias socialistas, estaba previsto que se emitiera en La 1 un boletín informativo en el que se mostraran las primeras palabras de Pedro Sánchez tras su victoria. Por orden del presidente de RTVE, este espacio se suspendió, lo que impidió a los espectadores de la televisión pública ver el discurso ante sus militantes del nuevo secretario general de los socialistas.

Desde luego, no se puede adivinar si esta situación se repetirá en el futuro o si podrá etiquetarse simplemente como un caso aislado. Pero es obvio que para Pedro Sánchez es prioritario que RTVE se aproxime significativamente hacia el PSOE. Así lo ha demostrado con el acuerdo alcanzado con Podemos hace unas fechas. El primero al que han llegado los dos partidos tras la vuelta del madrileño a la primera línea de fuego.

La televisión pública ha perdido fuelle durante los últimos años, pero, de momento, ninguno de los grandes partidos parece querer renunciar a influir sobre ella. Para muestra, un botón.



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