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Rubén Arranz

Prisa Y Cebrián se levantó y dijo que se iba a ver al Rey

Juan Luis Cebrián
Juan Luis Cebrián Tere García

Contó el historiador romano Suetonio que, antes de morir, Nerón pronunció las siguientes palabras: “¡Qué gran artista se irá conmigo!”. El emperador había sido declarado “enemigo público” por el Senado capitalino y había decidido huir de la capital del Imperio, donde temía que lo ajusticiaran a cañazos. Poco antes de que exigiera a uno de sus hombres que le clavara un puñal para acabar con su vida y evitar ese martirio, dijo la citada frase (¡Qué gran artista se irá conmigo!), que deja claro el elevado concepto que tenía de sí mismo. No han sido pocos los grandes hombres que han recurrido a las hipérboles para definir sus propias hazañas o cualidades. O los que han alardeado de influencia para justificar lo injustificable. Relatan fuentes del Consejo de Administración de Prisa que el pasado miércoles por la mañana, Juan Luis Cebrián, viéndose acorralado por sus opositores, se levantó de su asiento visiblemente molesto y aseguró que se iba a ver al Rey.

Unas horas después de anunciar ‘su decisión’ de dejar la presidencia de Prisa, el exdirector de El País protagonizó un acto público en el Hotel Ritz madrileño en el que afirmó que, en contra de lo que habían publicado varios medios de comunicación, su proceso de sucesión había sido sencillo y se había activado por su propia voluntad. O aireó una verdad que nadie ha sido capaz de ver o lanzó un embuste de dimensiones bíblicas, porque el principal accionista del grupo, el fondo de inversión Amber Capital, manifestó en la Junta Extraordinaria de Accionistas celebrada esta semana que la marcha de Cebrián ha estado precedida de una cruenta batalla interna que no ha estado exenta de sangre.

“Hemos tratado de negociar con Juan Luis su salida, pero ha sido complicado. Ha puesto muchas condiciones y entonces el Comité (de Nombramientos y Retribuciones) ha llegado a la conclusión de que había que cesarle”, afirmó Joseph Oughorlian.

A los medios de comunicación que han relatado la guerra de accionistas de Prisa, Cebrián los ha acusado de difamar. De difundir noticias falsas, "estupideces y pamplinas". El escritor y académico de la RAE es “importante”, es “España”, es “la institucionalidad” y es el garante del buen periodismo de este país, como ironizó Oughourlian. Sólo la “prensa tradicional” es seria y rigurosa. Los diarios digitales forman parte del “basurero de internet”. Actualmente, se libra una batalla entre la verdad y la mentira y la incoherencia.

Con su discurso, Cebrián se sitúa en el bando de quienes defienden la libertad y garantizan el buen hacer. La realidad le ubica en otro plano. “Yo no he venido aquí a hablar de mis contradicciones”, dijo a Jordi Évole cuando le preguntó su opinión acerca de su sueldo en 2011, que superó los 13 millones de euros, pese a que Prisa perdió ese año 451. “Como presidente estoy obligado, al igual que todo el Consejo, a defender antes que nada el interés social de nuestra compañía y el de todos y cada uno de sus accionistas, con especial atención para que no se perjudiquen los derechos de los más débiles”, afirmó el miércoles en su discurso. Curiosa forma de proteger a sus socios.

Fondo buitre bueno, fondo buitre malo

Denunció Cebrián en su discurso las estratagemas de determinados fondos buitre, que aterrizan en las compañías con dificultades financieras y “a veces poner sus intereses por encima del interés social” (…) y no dudan en arriesgar la supervivencia de las empresas (…) con tal de asegurarse para ellos un retorno sustancial en su inversión”. La frase la pronunció quien percibió una retribución de siete cifras en 2011, quien cobrará un ‘bonus’ de 6 millones de euros cuando se jubile y quien ingresará 1,9 millones de eurosen acciones si la ampliación de capital que aprobó la Junta de Accionistas el pasado miércoles llega a buen puerto. Aunque esta última sea necesaria, en buena parte, debido a los errores garrafales de su gestión.

Conviene recordar que el mismo ejecutivo que este miércoles la emprendió contra los fondos oportunistas autorizó en 2010 a un acuerdo con Liberty que implicó el traspaso del 57,7% de las acciones de Prisa a esta entidad, capitaneada por Nicolás Berggruen. Inversor y filántropo estadounidense. O lobo con piel de cordero, como se quiera ver.

Su ‘hedge fund’ no compró este porcentaje de la editora de El País por su especial interés en el buen periodismo ni en el panorama mediático en España. Lo hizo porque había recibido una importante suma de sus inversores y pensó que podría rentabilizarla apostando por Prisa. Entonces, Cebrián no tuvo tantos miramientos para abrir la puerta a este tipo de empresas. Entre otras cosas, porque la crisis apretaba, los bancos habían cerrado el grifo del crédito y a los gestores de Prisa les llegaba el agua al cuello.

Cebrián no consideró conveniente el pasado miércoles recordar que Liberty entró en Prisa por la puerta principal. ¿Esto también puede considerarse una noticia falsa?

Una guerra evidente

El presidente de Amber Capital dejó entrever en su intervención en la Asamblea de Socios que las disputas en el Consejo de Prisa han sido habituales durante los últimos dos años, en los que Cebrián se ha atrincherado en su posición y ha realizado diferentes movimientos dentro y fuera de la empresa para tratar de mantenerse en su puesto. ¿La excusa? Que si se alteraba el statu quo de Prisa, la línea editorial de El País y de la Cadena SER podía dar un vuelco. Eso podría golpear y dañar varios de los pilares sobre los que se sostiene el sistema, según relatan a Vozpópuli fuentes gubernamentales y de su Consejo de Administración.

Cebrián, todo un campeón en estas artes, niega la mayor sobre estos movimientos y asegura que estaba deseando irse de Prisa, pero que se ha mantenido más tiempo del que tenía pensado en el cargo porque así se lo pidieron la mayoría de los accionistas. Oughourlian lamenta que haya puesto mil y un impedimentos para irse.

Los informantes de este periódico aseguran que los consejeros independientes de Prisa se reunieron el pasado domingo para establecer una postura común con respecto a la salida de Cebrián. En ese encuentro, decidieron por unanimidad que destituirían al presidente ejecutivo si se negaba a marcharse el miércoles. En un principio, pensaron en Jaime Carvajal (Banco Arcano) para sustituirle, pero después de que el ejecutivo retirara su candidatura, apostaron por Manuel Polanco.

El acuerdo entre los accionistas implicará una profunda renovación del Consejo de Administración y de los puestos directivos del grupo. Cebrián lo quiso apostillar proponiendo a Gregorio Marañón –uno de sus más ‘fieles aliados’- como candidato a presidente, pero su idea contó con la oposición de los consejeros no ejecutivos. En Moncloa, supieron de este regicidio poco antes de que se consumara. De parte de los rebeldes y del propio Cebrián. Y no expresaron su rechazo. Soraya Sáenz de Santamaría protegió al editor hasta donde creyó conveniente. O hasta donde su poder o su paciencia alcanzaron.

Quienes han participado en esta guerra aseguran que Cebrián ha desafiado alguna vez a sus críticos asegurando que está protegido por Soraya y el PSOE. Sus opositores también tienen conocimiento de los contactos que mantuvo hace unos meses con el Rey Emérito y con Isidro Fainé (Caixa) para que le ayudaran a frenar las acometidas de sus enemigos. Incluso César Alierta –que no está detrás de Amber Capital, por mucho que se haya especulado- medió para tratar de buscar una solución a la crisis del grupo. Prisa es mucho más pequeña que hace unos años, pero sus cañones son todavía muy potentes. Eso explica la implicación del establishment en su juego de tronos.

Prisa es mucho más pequeña que hace unos años, pero sus cañones son todavía muy potentes. Eso explica la implicación del establishment en su juego de tronos.

Tiene razón Cebrián cuando dice que en España el poder libra una batalla desde hace muchos años por controlar a los medios. El problema es que cuando un medio se acerca al poder para pedir ayuda, normalmente no la obtiene sin contraprestación. El presidente de Prisa señala un defecto del sistema que él mismo ha contribuido a agrandar.

Antes de abandonar su puesto, desea crear una fundación –contra gran parte de su Consejo- “que garantice a futuro la continuidad, la coherencia (…) y el espíritu fundacional” de Prisa. Y no ha pensado en nadie más apto para dirigirla que sí mismo. “¡Qué gran artista se irá conmigo!”, que decía aquel. Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario.

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