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Rubén Arranz

Medios de comunicación

La ‘Brunete mediática’ de Puigdemont: no es el seny, ¡es la pela!

Las decenas de millones de subvenciones que ha entregado la Generalitat a los medios de comunicación desde el inicio del 'procés' han servido para aliviar los efectos de la crisis que han sufrido los medios de comunicación en la última década. En esas condiciones, algunas empresas que hasta entonces habían tenido una línea editorial moderada se radicalizaron. El 1-O está cada vez más cerca y las fuerzas constitucionalistas buscan aliados...

La Generalitat ha entregado decenas de millones en subvenciones a los medios catalanes
La Generalitat ha entregado decenas de millones en subvenciones a los medios catalanes Javier Martínez

Dos días antes de que La Vanguardia censurara un artículo de Gregorio Morán en el que, entre otras cosas, denunciaba la “ruptura brutal” que el proceso soberanista ha ocasionado en la sociedad catalana, el periódico del conde de Godó publicaba un texto de Pilar Rahola que ahondaba en la podredumbredel sistema político. Eso sí, situando el foco en la corrupción del Estado y omitiendo cualquier referencia a los escándalos relacionados con el PdeCAT, al que con tanto mimo ha tratado tradicionalmente. El episodio sirve para ejemplificar lo que ocurre periódicamente en esta comunidad autónoma, en la que la Generalitat controla a los medios a golpe de talonario –ante la complacencia de una buena parte de sus editores- y en la que los partidos constitucionalistas buscan aliados casi a la desesperada.

La columna de Gregorio Morán fue guardada en un cajón porque daba en el clavo. Hablaba de un sistema mediático adulterado por ayudas públicas excesivas (“Los fondos destinados a diarios como 'Ara', 'El Punt Avui' o TV3 superan a (los que recibe) Canal Sur de Andalucía”); y criticaba la bajeza moral de los “líderes de opinión” que siembran odio a cambio de jugosas remuneraciones. Aparentemente, sin enfrentarse a dilema ético alguno.

Todo, en una Cataluña en la que el procés cada vez guarda más similitudes con ‘La Ola’, esa película en la que un profesor propone a sus alumnos fundar una nación ficticia y aquello acaba en desastre, puesto que el grupo acaba siendo víctima de la superioridad moral tan característica de los regímenes totalitarios. “Quien se interponga en el camino de La Ola (nombre del grupo) será aplastado”. Quien no quiera referéndum, será destituido del Gobierno. Quien exponga las vergüenzas de la Generalitat y sus medios, aquí no tiene sitio.   

Los problemas de fondo a los que se enfrentan los medios de comunicación en Cataluña no afectan exclusivamente a esta comunidad autónoma. Porque en la España en la que a tantos se le llena la boca con la “libertad de expresión”, las Instituciones siempre han aprovechado los síntomas de debilidad de las empresas periodísticas para intentar obtener su favor. Y el poder nunca lanza salvavidas sobre los periódicos, las televisiones y las radios, sino que los echa un lazo y, una vez presos, resulta difícil que se rompa esa asociación. De esa forma se explican las decenas de páginas de publicidad de ayuntamientos y diputaciones que incluye semanalmente la prensa local y regional; y de esa forma se entiende la comunión con el proceso soberanista de cabeceras tanto ‘tradicionales’ como digitales’.

La crisis, el desencadenante

Artur Mas y sus aliados independentistas subieron la intensidad de sus reivindicaciones en un momento en el que la inversión publicitaria en medios de comunicación caía de forma, cuanto menos, preocupante. En 2011, el 6,6%, en 2012, el 18%; y en 2013, el 11%, según los datos de los informes i2P, de Arce Media.

En esta situación, como es bien sabido, la Generalitat apostó por renovar los votos con sus aliados tradicionales y por hacer nuevos compañeros de cama. Lo realizó, evidentemente, a través de la concesión de generosas ayudas públicas que los medios recibieron con los brazos abiertos, puesto que llegaron en un momento de crisis económica en el que sus negocios amenazaban con irse a pique. Y, claro, a falta de pan, buenas son tortas. Y si a cambio de salvar los muebles hay que ser independentista, pues que vivan los ‘Països Catalans’. O lo que sea.

El peso de los periódicos generalistas con sede en Madrid en Cataluña es mucho menor que el de los partidarios de la independencia. Se podría comparar con la aldea de Asterix dentro del Imperio Romano.

Las subvenciones que han recibido los grupos mediáticos en este tiempo han ascendido a decenas de millones de euros. Según publicó ABC, entre 2011 y 2016 sólo la Consejería de Presidencia de la Generalitat entregó 25,3 millones de euros al holding del conde de Godó (La Vanguardia, Mundo Deportivo, 8TV, RAC1 y RAC105), frente a los 19,6 millones que se llevó Zeta (El Periódico y Sport), los 13 que recaudó Hermes Comunicacions (El Punt Avui, El Punt Avui TV, L’Esportiu y L’Economic) o los 7 que se embolsó el editor de Ara.

El Gobierno autonómico también ha realizado un especial esfuerzo por conquistar el nuevo territorio digital. Tanto el '.cat' como el '.com'. El periódico Nació Digital ingresó más de 1 millón de euros en este periodo, frente a los 821.700 euros de E-Noticies, los 545.954 de El Món o los 453.000 de El Nacional. Este último, dirigido por José Antich, el director que llevó a La Vanguardia a coquetear con el independentismo.

No faltan en las redacciones de estos medios acérrimos defensores de la ruptura de Cataluña con España. Entre ellos, por cierto, Marcela Topor, esposa de Carles Puigdemont y directora de la publicación digital Catalonia Today (Hermes).

'El Periódico' no se toca

Ocurre estos días en esta comunidad autónoma que el Grupo Zeta ha pedido a la banca acreedora que suavice las condiciones de pago de su deuda, de alrededor de 100 millones de euros. Hace unas semanas, cuando comenzaron las negociaciones, se planteó incluso la posibilidad de vender o cerrar sus medios de comunicación más rentables, o incluso de explorar una fusión con alguno de sus competidores, ante la evidencia de que la prensa cada vez vende menos y recibe menos inversión por parte de los anunciantes y, por tanto, donde antes cabían 5 ahora sólo hay espacio para 3.

El caso es que, según reconocen fuentes cercanas a la dirección de Zeta, finalmente no parece que vaya a ocurrir nada de eso -“a corto plazo”-, dado que los acreedores no impondrán condiciones tan ‘severas. Así ocurrió en 2015, cuando se cerró la anterior refinanciación después de que la compañía presidida por Antonio Asensio Mosbah reconociera que no podía hacer frente a sus obligaciones.

El diario generalista del grupo, El Periódico de Catalunya, ha caminado históricamente en paralelo al PSC. Sin embargo, después de que el Tribunal Constitucional enmendara el Estatut en 2010 –aprobado en referéndum en 2006- realizó un sensible giro editorial que tuvo su punto culminante el 11 de septiembre de 2012, cuando dedicó su portada a una ‘bandera estelada’, sobre la que incluyó el titular: “Escucha, España”.

Las fuentes de El Periódico consultadas por Vozpópuli coinciden en que la línea editorial de la cabecera retornó hacia posturas más moderadas después de que los bancos refinanciaran su crédito sindicado en 2015. Entonces, en paralelo, la familia Lara entró a formar parte de su cuadro de accionistas e inyectó una cantidad económica que le vino de perlas a un grupo que se encontraba en serias dificultades económicas. Y es bien sabido que los dueños de Planeta y Atresmedia han sido siempre contrarios a la secesión.

A 2 meses y 2 días del temido día 1 de octubre, no sería muy inteligente alterar los ánimos de uno de los pocos aliados con los que cuentan los partidos constitucionalistas en Cataluña, como es El Periódico. Desde luego, está claro que si los bancos conceden un nuevo favor a Zeta, sus directivos no tendrán muchos motivos para volver a guiñar el ojo a la Generalitat, que, por cierto, sigue entregando jugosas ayudas públicas al grupo.

Pocos aliados cerca de Barcelona

El peso de los periódicos generalistas con sede en Madrid en Cataluña es mucho menor que el de los partidarios de la independencia. Se podría comparar con la aldea de Asterix dentro del Imperio Romano. Según los datos del Libro Blanco de la Prensa 2016, editado por su patronal, AEDE, El País difundió durante 2015 en Cataluña, de media, 18.500 ejemplares, frente a los 7.000 de El Mundo, los 6.881 de La Razón y los 3.206. El mercado estuvo copado por El Periódico (79.750) y por La Vanguardia (121.904), este último, tan capaz de publicar un artículo, firmado por su director, en el que alerta del precipicio al que se dirige Cataluña, como de censurar un texto en el que se denuncia el inconfesable idilio entre los medios y la Generalitat.

Resulta revelador, en cualquier caso, observar que en esta comunidad autónoma tiene más fuerza Diari de Tarragona (8.822 ejemplares) que La Razón; o que Diari de Girona (5.523) tiene una mayor difusión que ABC. Para más inri, proyectos como la edición digital en Cataluña de El País -presentados entre grandes fastos- no han contribuido prácticamente nada a que los mensajes ‘unionistas’ ganen fuerza en Cataluña, principalmente, por las dificultades financieras del Grupo Prisa.

La mayor arma de difusión del 'procés'

Si en prensa la desigualdad es manifiesta, en televisión es exagerada. La Generalitat controla con mano de hierro TV-3, quizá la más potente herramienta de difusión del independentismo y del heterodoxo seny catalán. Aunque ha visto menguar su audiencia progresivamente durante los últimos años, es todavía el medio de comunicación más influyente en esta comunidad autónoma y cuenta con los informativos más vistos.

Sus cargos directivos –muy bien remunerados- han sido siempre ocupados (salvo en la época del Tripartito) por periodistas afines a CiU (PdeCAT), mientras que su redacción ha estado tradicionalmente controlada por ERC. Los diferentes intereses ideológicos de ambas fuerzas han provocado varios roces a lo largo de la historia de este medio, aunque nunca en lo que respecta a la independencia. De hecho, desde el inicio del proceso soberanista, la secesión ha sido el tema estrella en sus noticiarios y en sus programas de debate.

Los datos recopilados por el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) revelan que entre noviembre de 2015 –cuando se produjo la declaración de desconexión- hasta marzo de 2017, los telediarios de TV-3 dedicaron 27 horas, 8 minutos y 28 segundos a hablar de la secesión, más del doble que a todos los casos de corrupción (12 horas, 11 minutos y 1 segundo). En este sentido, llama la atención que estos noticiarios concedieran más espacio a tramas cuyo epicentro estaba fuera de Cataluña (Nóos o Imelsa) que al ‘caso Pujol’. El primero mereció 205 minutos, el segundo, 113 y el tercero, 81.

El panorama radiofónico no es muy diferente. RAC1, con una extraordinaria audiencia, no se ha caracterizado precisamente por su oposición a la secesión. Y Catalunya Radio (pública) está dirigida por Saül Gordillo, amigo personal de Carles Puigdemont y quien comulga con los postulados independentistas. Así lo escribió en su blog el 22 de diciembre de 2015, después de las elecciones generales: "Si todo esto no son buenas noticias, ya me dirán. Y las noticias pueden ser aún mejores si la gobernabilidad en España entra en una fase de inestabilidad coincidiendo con la formación de un gobierno netamente independentista decidido iniciar el proceso constituyente que, pasados 18 meses, acabaría con un referéndum más posible en Cataluña que el pactado con España que nunca llega".

No hay duda de que el ejército mediático con el que cuenta la Generalitat de cada al 1 de octubre es mucho más poderoso que el de los partidos constitucionalistas, cuyas principales alianzas están bastante lejos de Barcelona. Pilar Rahola hablaba en el artículo citado en el primer párrafo de este análisis del tenebroso panorama político que se vive en España. Pero obviaba –y, como siempre, premeditadamente- que pocas cosas hay más pueriles que el hecho de que una Institución aproveche la débil situación económica de un medio de comunicación para ganarse su favor. Como también que estas empresas supediten su información a lo que ordenen sus fuentes de financiación. Máxime si entre ellas se encuentra el poder político.

Está claro que eso pasa en toda España, pero en Cataluña la situación roza el esperpento.

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