Materias grises

La hora de los humildes

Como muchos esperábamos, las elecciones catalanas no trajeron demasiadas sorpresas. El resultado electoral del domingo fue, a efectos prácticos, un calco de los resultados de las autonómicas del 2012. Aunque algunos partidos se han apresurado a reinterpretar el significado de la palabra “sí” de forma creativa, la realidad es que el electorado catalán sigue teniendo dos bloques aparentemente monolíticos, cada uno con alrededor de la mitad de los votos.

El debate tras las elecciones, como era de esperar, ha sido una discusión sobre quién realmente ha ganado, y por qué este resultado realmente debería cambiarlo todo. Partidos y comentaristas unionistas han dedicado grandes esfuerzos a recordar a todo aquel que quiera escucharles que la suma de Junts pel Si y las CUP no alcanza el 50% de los votos, y que por tanto el plebiscito ha fracasado. Los independentistas, mientras tanto, señalan que ser partidario de un referéndum no es lo mismo que ser contrario a una secesión, a la vez que insisten que el programa de los partidos ganadores este año era mucho más radical que en convocatorias anteriores.

Las elecciones del domingo fueron repetición del mismo patrón de voto nacionalista/unionista de los últimos 35 años

Ambas posturas representan intentos de racionalizar como decisivo un resultado electoral que dista mucho de serlo. Las elecciones del domingo fueron repetición del mismo patrón de voto nacionalista/unionista de los últimos 35 años: básicamente la mitad de los votantes catalanes llevan decantándose por una variedad del nacionalismo catalán desde hace décadas, y la otra mitad vota a partidos con identificación estatal. El hecho que los programas de uno de los partidos nacionalistas haya ido radicalizándose (sólo CDC se ha radicalizado) es importante, pero no deja de subrayar que aún con estos cambios el nacionalismo catalán sigue sin alcanzar una mayoría social. De forma igualmente significativa, España sigue sin ser capaz de ofrecer a la mitad de los catalanes un arreglo institucional que les satisfaga, a pesar de décadas de autogobierno.

Que los últimos cinco años largos de agitación permanente en Cataluña hayan acabado por dejar el país en el mismo punto de partida debería ser una señal que la estrategia seguida por ambos bandos no parece llevar a ningún sitio. Hablar de forma incesante sobre la incertidumbre y riesgos de una secesión no parece haber convencido a ningún independentista; proclamar la inevitable prosperidad tras una ruptura entre quejas sobre la represión española tampoco ha llevado a nadie a abrazar el estado catalán. Las elecciones han acabado por colocar a los nacionalistas con una mayoría legislativa, merced de las vaguedades del sistema electoral y el sistema de partidos, pero es una victoria pírrica.

Los resultados electorales, por tanto, deberían dejar claro que este problema no lo arreglamos votando. Los partidos y sus líderes han presentado esencialmente las mismas soluciones al mismo problema tres veces seguidas, y los votantes han respondido tres veces exactamente igual. En el juego de oponer ideas para conseguir mayorías, resulta que esas mayorías no existen; por mucho que preguntemos a los votantes, no hay un ganador claro.

Los partidos políticos catalanes y españoles tienen ahora mismo dos opciones. Una estrategia puede ser continuar gritándose unos a otros y seguir insistiendo en preguntar a los votantes, una y otra vez, hasta que la demografía o el hartazgo hagan que alguien gane. La otra opción es aceptar que a este paso nadie va a salirse con la suya, y sentarse a negociar. Es la hora de ser humildes, y admitir que no pueden ganar.

Con un gobierno central sin el más mínimo interés en solucionar nada, los independentistas no han sido capaces de superar la barrera del 50% en tres intentos en elecciones con una participación masiva

Llevamos años de políticos hablando de la tozudez como una virtud. Rajoy y el PP equiparan el inmovilismo constitucional con una defensa heroica del país; Mas y Junqueras hablan de la secesión como un viaje a una tierra prometida sobre el que cualquier desvió es una debilidad inadmisible. Ambos insisten en que estarían dispuestos a dialogar de boquilla, tras la rendición incondicional de su adversario. La intransigencia es el mensaje persistente en sus discursos, centrados en primero derrotar al oponente, y después si acaso solucionar el problema.

Es hora de exigir a los líderes de uno y otro bando que dejen esta lógica de lado. Cataluña tiene un problema obvio, claro y persistente de encaje con el resto del estado, salido de las limitaciones y fallos de diseño evidentes en el sistema autonómico desde hace años. La única forma de arreglar este encaje es arreglar el problema, no buscar excusas para posponer su solución o utilizarlo para acusar a otros partidos de falta de patriotismo. La secesión de Cataluña es manifiestamente inviable, ya que no hay una mayoría social suficiente tras cinco años de agitación constante. Incluso con un gobierno central sin el más mínimo interés en solucionar nada, los independentistas no han sido capaces de superar la barrera del 50% en tres intentos en elecciones con una participación masiva. Una secesión unilateral sería un suicidio económico y político; la única opción es buscar un acuerdo con el resto del país desde la lealtad institucional.

Arrimadas, candidata de C's a la Generalitat, su presidente, Albert Rivera, y el resto del equipo. - Foto EFE

Esto exige renuncias importantes y significativas en materias centrales para los líderes de ambos bandos. Los unionistas deben aceptar de una vez que España debe prometer de forma creíble a sus minorías lingüísticas/nacionales que sus derechos van a ser respetados. Esta promesa debe incluir la posibilidad de una secesión, si se hace de forma pactada, democrática y con condiciones claras y explícitas. También debe aceptar que el sistema de financiación autonómica actual es un galimatías injusto e inaceptable.

Los secesionistas deben aceptar que la separación unilateral es imposible, y que deben aceptar las reglas del juego, sin procesos ni construcciones fuera de la legalidad vigente, si quieren conseguir cualquier reconocimiento. Esto incluye aceptar que cualquier secesión incluirá necesariamente unas condiciones considerables que aseguren que los habitantes del resto de España no se vean afectados en caso de una separación, y una garantía fuerte y creíble de que los derechos y preferencias de aquellos que no se sienten catalanes serán respetados, antes y después de una independencia.

La única manera de solucionar el problema, y hacerlo de veras, es que los líderes políticos dejen de llenarse la boca con democracia y voluntades del pueblo

Para Rajoy, Mas, Junqueras, Rivera, Sánchez y el resto de políticos catalanes y españoles estas condiciones probablemente representarán una humillación. El PP se rendirá admitiendo el derecho a la secesión en la constitución. Junts pel Si deberá admitir abiertamente que la secesión es imposible sin pasar por Madrid, y deberá aceptar que de existir sólo será bajo condiciones impuestas desde el centro. Los “duros” de ambos bandos se mofarán del acuerdo, hablando de traición y el fin de España y Cataluña como nación. Pero la única manera de solucionar el problema, y hacerlo de veras, es que los líderes políticos dejen de llenarse la boca con democracia y voluntades del pueblo y tengan la humildad de aceptar que se han equivocado.

En diciembre los catalanes vamos a tener que acudir otra vez a las urnas, esta vez acompañados del resto de españoles. Es previsible que el resultado final a nivel nacional acabe por ser igual o más ambiguo que el del 27S, sin ningún partido alcanzando algo remotamente cercano a una mayoría. Será una señal, otra más, de que los problemas del país van más allá de una votación o unas elecciones con una respuesta binaria. Es hora de dejar las posturas maximalistas y las poses heroicas a un lado, y hacer política de una vez. La clase de política necesita líderes lo suficiente valientes para aceptar que no tienen todas las respuestas.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba