Materias grises

Vicios privados y virtudes públicas

En España tendemos a mirar por encima del hombro a los países anglosajones y su obsesión con los escándalos sexuales. Cada vez que en Estados Unidos o Inglaterra alguien ve su brillante carrera política desvanecerse en un torbellino de flashes, confesiones y escarnio público no podemos evitar pensar que esto no lo veríamos nunca en nuestro país. Lo que hacen nuestros cargos electos, jueces y ministros en privado es cosa suya, nos decimos. Lo importante es si son buenos en su trabajo o no; sus aventuras amorosas nos traen sin cuidado. La prensa ni se molesta en hablar sobre esta clase de temas, creando una respetuosa distancia entre la vida sentimental y familiar de los políticos y la esfera pública.

No voy a negarlo, siempre había sido de esta opinión. Aunque hay pocas cosas más entretenidas que el proceso de acoso y derribo de un gobernador, congresista o senador en la arena pública, nunca había acabado de ver por qué la competencia o el talento de un legislador tenía alguna relación con sus aventuras extramatrimoniales, por absurdas que resultaran. Los vicios privados de un dirigente político son cosa suya; los votantes sólo deberían preocuparse de sus virtudes como servidor público.

Es muy difícil, por no decir imposible, construir una base de datos sobre infidelidad de políticos y calidad de su acción de gobierno

Esta opinión no se basaba en ninguna observación empírica, por supuesto. Es muy difícil, por no decir imposible, construir una base de datos sobre infidelidad de políticos y calidad de su acción de gobierno. Nuestros líderes no hacen público su historial amoroso, y no tenemos presupuesto para poner detectives para hacer trabajo de campo recogiendo datos. Crear una encuesta fiable sobre affaires extramatrimoniales es inviable. Simplemente, no teníamos datos… al menos hasta ahora.

Desde hace unos meses, tenemos acceso a una base de datos gigantesca sobre miles de mujeres y millones de hombres que estaban buscando ser infieles con sus maridos y esposas: Ashley Madison. La monumental pifia de seguridad de la compañía acabó con los datos personales de una auténtica legión de individuos buscando un amante, creando una muestra esplendorosa para científicos sociales. Dado que el universo de hombres desleales es tan amplio, es posible analizar, en un uso francamente creativo de big data, si la conducta pecaminosa privada se refleja en su labor profesional.

El primer estudio es de John Griffin en la Universidad de Texas, junto con Samuel Kruger y Gonzalo Maturana. Aprovechando que la base de datos de Ashley Madison incluye información sobre tarjeta de crédito, correos electrónicos y lugar de residencia, los investigadores han buscado en la muestra aquellos individuos que son consejeros delegados o jefes de finanzas en empresas. Con la lista de ejecutivos en mano, analizaron si las compañías que estos hombres dirigían eran más propensas a tener problemas legales o habían cometido errores fiscales y contables.

Los datos parecen señalar que, si uno es propenso a ser un cretino con su mujer, será también propenso a vulnerar la ley en otras esferas

El resultado es que las empresas con dirigentes infieles tenían una probabilidad mucho más elevada que la media: más del doble de compañías, en proporción, tenían problemas legales. Los datos parecen señalar que, si uno es propenso a ser un cretino con su mujer, será también propenso a vulnerar la ley en otras esferas.

Por supuesto, quizás no estamos hablando de moralidad. Quizás la infidelidad demuestra una cierta tendencia a tomar riesgos. Un ejecutivo infiel que es capaz de arriesgar su matrimonio puede que vaya a hacer lo mismo con la reputación de su empresa, pero también puede que sea más agresivo e innovador. Los affaires quizás son un síntoma de voluntad de tomar riesgos y apostar por proyectos difíciles, más allá de la moral.

En otro estudio William Grieser, Nishad Kapadia, Qingqiu Li y Andrei Simonov precisamente evalúan esta posibilidad. En vez de centrarse en CEOs y CFOs, los autores aprovechan la espléndida torpeza de una muestra de 47.000 usuarios de Ashley Madison que se dieron de alta en el servicio usando el correo electrónico de su empresa. Utilizando esta lista, analizaron si las compañías donde trabajaban tendían a ser más audaces, innovadoras y agresivas que la media.

La respuesta es sí, en ambos casos. Las empresas con más empleados buscando amantes son más innovadoras, gastando más en investigación y desarrollo, consiguiendo más patentes y cubriendo más terreno con ellas. Además, son más propensas a asumir riesgo, con mayor apalancamiento, volatilidad en sus cifras de negocio y una mayor probabilidad de bancarrota.

Un líder que decide ser infiel tiene una probabilidad mayor de ser deshonesto en su labor profesional y tomar riesgos mayores

Dicho en otras palabras: los líos de faldas de un político, ejecutivo o legislador no son irrelevantes para juzgar su competencia y carácter. Un líder que decide ser infiel tiene una probabilidad mayor de ser deshonesto en su labor profesional y tomar riesgos mayores. Esto puede ser aceptable si queremos un directivo o legislador creativo e innovador, pero debe ser tenido en cuenta.

¿Quiere decir esto que estoy ahora a favor que los periodistas españoles cubran con fruición y detalle las aventuras amorosas de nuestros políticos? La verdad, no. Aunque no sea algo tan irrelevante como creía, sigo creyendo que la vida privada de todo el mundo, incluso nuestros líderes, merece cierto respeto.

No obstante, ahora me sentiré algo menos culpable cuando un Elliot Spitzer, Mark Sanford, Anthony Weiner, Carlos Danger o similar se meta en un lío de faltas tremendo en Estados Unidos y me pase el día mirando CNN, fascinado por el espectáculo.


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