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¿Hay exceso de series de televisión?

Ya hemos contado el aluvión de series que nos espera este verano. Pero alto, porque muchas de la temporada de primavera aún no han terminado. Por no hablar de la continua oferta de plataformas digitales o los nuevos lanzamientos en bloque de aquellas como Netflix que animan al binge-watching. Todo ello nos lleva a preguntarnos algo: ¿existe la posibilidad de que haya demasiadas series?

Kevin Spacey en la presentación de House of Cards (Gtres)
Kevin Spacey en la presentación de House of Cards (Gtres)

Así, a simple vista, la primera respuesta emocional que nos sale desde dentro es “no”. Es más, cualquier espectador poco atribulado podría alegar que con un poco de orden y organización, uno puede llevar una sana dieta de consumo de ficción audiovisual. Todo ello, claro, dentro de un número limitado y sin temor a que a uno le dé por el visionado compulsivo. Al fin y al cabo, ¿cuántas historias es capaz de seguir un ser humano de forma regular? Pero la realidad es que, sólo en los Estados Unidos, se emite en los últimos años una media de más de 350 shows por año, entre nuevos y otros que continúan emitiéndose. Hoy ya no nos vale la excusa de que en España hay apenas unas pocas cadenas generalistas con una oferta muy limitada, porque si hay algo que ha supuesto la llegada de Internet y la TV digital es precisamente a equipararnos con los demás países, vecinos o no.

Aun así, ¿quién diablos es capaz de seguir 350 series y sus personajes? ¡Si ya nos cuesta a veces distinguir quién es quién en “Juego de Tronos”!

Aquello que se dice de que nos hallamos en una nueva Edad Dorada de la ficción televisiva es completamente cierto… y lo mejor es que lleva siendo así desde antes de que entrara el nuevo siglo. Series como “Frasier”, “El Ala Oeste de la Casa Blanca”, “The Wire” o “Los Soprano” le dan tamaña reputación a la TV que uno entiende que progresivamente los espectadores de cine estén abandonando las salas, aunque sólo sea para quedarse en casa viendo reposiciones de éstas. Pero con respecto a aquellas dos últimas, por cierto, el hecho de venir producidas por el canal de pago HBO pareció animar a otras cadenas a atreverse con contenido más original y elaborado. Esta fue una lección importante y así, unos años después, llegaron otras obras de indiscutible calidad como “The Shield” o “Mad Men”, esta vez de la mano de canales como FX o AMC. Pero luego entraría en la pugna Netflix con “House of Cards”. Y entretanto HBO contraatacó con “Treme” o “Boardwalk Empire”. Y a su vez todas ellas necesitaban rellenar espacios en su programación para poder competir y mantenerse a flote…

Atrás habían quedado 50 años de televisión durante los cuales 60 o 70 series como mucho se habían disputado anualmente el pastel de la audiencia  en apenas tres cadenas nacionales (cuatro a principios de los 80 con la aparición de la Fox). Ahora, con el paso del cable al digital, infinidad de canales emergentes, de pago o no, peleaban también entre sí con contenidos propios igual de atractivos. “CSI” contra “The Americans”. “The Good Wife” contra “Weeds”. “Dexter” contra “Hannibal”.

Bien es cierto que la oferta es abrumadora. Aunque intentar limitar esto tampoco tiene ningún sentido en cuanto a que, en su gran mayoría, el contenido ofertado tiende a una calidad mayor que la de décadas pasadas y nadie quiere coartar la creatividad (la nostalgia es divertida, pero cuál diríamos que es mejor serie, “El Equipo A” o “Justified”? ¿”Dallas” o “House of Cards”?). Es cierto que muchos formatos siguen patrones idénticos porque hemos seguido teniendo procedurals como “NCIS”, “Ley & Orden” o próximamente “Arma Letal”, así como sitcoms chuscas cortesía del diabólico Chuck Lorre (“Dos Hombres y Medio”, “Big Bang Theory”)… Pero del mismo modo surgen nuevas series, únicas y originales y de excelente resultado como “Transparent”, “Orange Is the New Black” o “Mozart in the Jungle”, que encima hacen avanzar a la industria hacia unos valores positivos de tolerancia, diversidad e integración.

Asi que para todos aquellos que se lo pregunten, ya no es cuestión de saber cuántas series podemos seguir, sino quizá cuáles merece la pena hacerlo. La respuesta es muy personal, sin duda, pero si además del objetivo principal de pasar un buen rato, le añadimos poder mejorar ese pequeño mundo a nuestro alrededor, creemos que no viene mal recuperar el mando a distancia.

Al fin y al cabo, ¿qué es sino esa pequeña ventanita en nuestro salón sobre la cual nosotros decidimos? 



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