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¿Puede el cine porno ser feminista?

Si la pregunta se la hacen a la lingüista y activista feminista Laura Méritt, la repuesta es un rotundo “sí”. De lo contrario ella no estaría detrás desde 2009 de la bienal del cine porno feminista que son los PorYes Awards, cuya última edición se celebró a mediados de octubre en Berlín. La capital germana es la tradicional sede de este festival, una cita donde se premia el cine erótico de corte feminista. Es decir, un cine para adultos que supera las convenciones establecidas por la gran industria del porno, la que mueve anualmente 20.000 millones de dólares (unos 18.000 millones de euros).

¿Puede el cine porno ser feminista? (Gtres).
¿Puede el cine porno ser feminista? (Gtres).

Desde 2009 y cada dos años, a Méritt se le da la oportunidad de explicar en según qué medios de comunicación en qué consiste este otro cine porno, el que se celebra en los PorYes Awards y que contiene representaciones sexuales “más aptas de hombres, mujeres y géneros”, según indican desde la organización del festival. Porque en el porno mainstreama menudo, las mujeres se muestran como objetos pasivos”, mientras que los hombres quedan “reducidos a unas erecciones insensibles e irreales”, lo que “no deja mucho espacio para una aproximación a la sexualidad positiva, audaz y consciente”, añaden. Estos términos evidencian el corte intelectual de la cita cinematográfica, salida de la cabeza de toda una doctora en Ciencias de la Comunicación como Méritt.

Aunque, claro está, no habría PorYes Awards sin el trabajo de cineastas y actores dispuestos a enfocar el porno con otras lentes. Entre los reconocidos por su trabajo cinematográfico en pasadas ediciones de la cita berlinesa destaca, como premiada “por su contribución” al cine porno feminista, la española Lola Calvo. Este año, en el jurado del festival - compuesto por cinco mujeres entre las que se contaba la propia Laura Méritt -, había otra relevante figura de la cinematografía germana: Ula Stöckl. Esta profesora universitaria actualmente afincada en Estados Unidos es detentora de un premio nacional de cinematografía y es una de las precursoras del cine feminista.

Sexo lento y erotismo ‘queer’

Este año, Mérit, Stöckol y compañía han atribuido el reconocimiento de los PorYes Awards a artistas como Jennifer Lyon Bell, directora de cine neerlandesa “cuyas películas porno tienen un valor especial por la lenta evolución de la historia”, según ha escrito en el diario progresista Süddeutsche Zeitung la periodista y escritora Hannah Beitzer. A la neerlandesa se la premió por su buen hacer en su “especialidad”, es decir, en filmar “sexo lento” además de lograr “una representación realista y disfrutable de la sexualidad con especial atención al placer femenino”, señalan desde el festival.

Existe una demanda de “otro tipo de porno”, asegura Méritt.

Por su parte, la fotógrafa danesa afincada en Berlín Goodyn Green se ha llevado el reconocimiento de la cita cinematográfica gracias a sus trabajos centrados en el erotismo queer, que sobresalen por estar altamenteestetizados. Como fotógrafa, la serie de retratos de Green a lesbianas integra la muestra conjuntadelMuseo Histórico Alemán y del Museo Gay de Berlín sobre la  historia, la política y la cultura de la homosexualidad titulada Homosexualitäten (Homosexualidades). También en los PorYes Awards se ha premiado este año al estadounidense Buck Angel, quien se hace llamar “a man with a pussy” - o “el hombre con chocho [sic]”. Angel es un actor transexual que ha logrado “un reconocimiento significativo” en el cine porno sin dejar de militar por la sexualidad trans.

De la prohibición a la vanguardia

Escenas con imágenes explícitas de sexo es algo que comparten las películas de estos cineastas con las del porno convencional. Pero estamos productos audiovisuales muy diferentes. Basta con echar un vistazo a las filmografías de Calvo, Lyon Bell, Green o Angel para darse cuenta. Ocurre, según Méritt, que hay una demanda de “otro tipo de porno”. Esta constatación se opone frontalmente a las conclusiones que en su día sacaron otras prominentes feministas, como la también alemana Alice Schwarzer. En los años 80, Schwarzer lanzó una campaña que, bajo el título “PorNo”, pedía la prohibición de la pornografía en Alemania por considerarla una forma de violencia contra la integridad de las mujeres.

Hoy día, la industria del porno mueve en Alemania al año 800 millones de euros. Ni que decir tiene que a la iniciativa de Schwarzer le faltó éxito. Pero el fracaso de Schwarzer no es sinónimo de camino fácil hacia el éxito para el erotismo cinematográfico que defienden Méritt y compañía. Los PorYes Award, que recibieron su nombre en clave irónica frente a la campaña de Schwarzer, representan a una vanguardia que todavía ha de superar numerosas barreras. Eso sí, los objetivos apuntan alto. “Queremos revolucionar el mercado del cine erótico”, afirma Méritt.

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