Cultura

Llevan al cine el concierto de Eric Clapton en el Royal Albert Hall

El pasado día 30 de marzo, Dios cumplió 70 años. Al menos, el Dios de la guitarra eléctrica durante los años 60, aquel que dio origen a un grafiti londinense que rezaba (nunca mejor dicho): “Clapton is God”. Una impactante fotografía del mismo con un perro orinando sobre aquella pared convirtió la pintada en una auténtica precursora de los memes, repetida en numerosos muros de la geografía británica, y a Eric Clapton en una especie de ente superior, si bien él nunca aceptó de buen grado aquella comparación. Hubiera preferido quedarse únicamente con el otro apodo que siempre le ha acompañado, “Slowhand” (mano lenta).

El músico Eric Clapton (Gtres).
El músico Eric Clapton (Gtres).

Pero los dioses humanos también envejecen, y por mucho que en el caso de este guitarrista nacido en Surrey su vida haya paseado durante un tiempo por los abismos de la heroína y el alcohol, ha sabido llegar a las siete décadas en buen estado de forma.

Y supo celebrar el aniversario a lo grande, en escena como debe ser, con una serie de actuaciones la segunda quincena de mayo en su entrañable Royal Albert Hall de Londres, un local cuyo escenario ha pisado en más de 200 ocasiones. Ahora, se acaba de anunciar, con web propia (http://ericclaptonfilm.com/), que a partir del 14 de septiembre se estrenará en salas de cine de medio mundo un documental sobre dichos conciertos, bajo el nombre de Eric Clapton: Live at The Royal Albert Hall / Slowhand at 70, para posteriormente ser editado en formato DVD. De momento, podemos disfrutar del tráiler:

Piedra angular de los años 60

Llega a los 70 años con buen fondo físico, con muchos records en su cuenta (es el único músico perteneciente al Rock and Roll Hall of Fame por partida triple, como miembro de The Yardbirds, de Cream y por su carrera en solitario) y con un último disco publicado en 2014, The Breeze: An Appreciation of J.J. Cale, que suponía una subida de muchísimos enteros en cuanto a calidad respecto a anteriores producciones, y que servía de sentido homenaje un año después del fallecimiento de una de sus principales influencias, su amigo J.J. Cale, autor de alguna de las canciones más exitosas de Clapton, como Cocaine o After Midnight.

Y es que la carrera en solitario de Eric Clapton siempre fue algo sinuosa y desafecta para la crítica o el público más especializado, a pesar de discos destacables como 461 Ocean Boulevard, Slowhand, el directo Just One Night o aquel superventas de MTV Unplugged que se convirtió en el disco más exitoso de su autor, conteniendo la famosa Tears in heaven, dedicada a su hijo fallecido a los cuatro años al precipitarse desde una terraza.

Pero más allá de estos nombres y de su salto hacia la comercialidad y el estrellato, Clapton nunca perdió la elegancia, destreza y legendaria aptitud que nació durante los años 60, cuando perteneció a los míticos The Yardbirds, a quienes abandonó al alcanzar la fama comercial con For your love; cuando se acercó a John Mayall como parte de sus Bluesbreakers; cuando formó Cream junto a Jack Bruce y Ginger Baker y lo convirtió en uno de los tríos esenciales en la historia del rock; cuando dio vida a uno de los primeros supergrupos junto a Steve Winwood, Blind Faith, con su histórico y único LP homónimo; cuando colaboró en Delaney & Bonnie and Friends; o cuando, ya con su carrera en solitario a cuestas, dio vida a Derek & The Dominos y creo la mítica canción Layla, inspirada en el amor no correspondido que sentía por la mujer de su amigo George Harrison. Fueron estos nombres los que crearon una leyenda al alcance sólo de los dioses. Porque “Clapton is God”. O al menos, lo fue.

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