Reflexión gastronómica

Del preciosismo al ‘cuquismo’ gastronómico

Lo cuqui ha invadido todos los espacios posibles, incluida la gastronomía

Del preciosismo al ‘cuquismo’ gastronómico
Del preciosismo al ‘cuquismo’ gastronómico Gtres

El afán por fotografiar con una estética deliciosa se ha convertido en un fenómeno que tiene precedentes históricos: el preciosismo

Coloquialmente se define el preciosismo como una “tendencia al refinamiento o cuidado extremado, casi exagerado, en el estilo de hacer algo, en especial en el estilo literario”. Un axioma que sería perfecto para describir la situación actual respecto al estilismo gastronómico. Profundizando un poco más, el preciosismo fue un curioso e interesante movimiento social y cultural que sucedió, fundamentalmente en París, a mediados del siglo XVII. 

Las principales características del preciosismo son los modales refinados y barrocos, profundidad de pensamiento, actitud hedonista y delicada, y la búsqueda de la belleza en lo mundano. Una forma extravagante de entender la vida de la burguesía, que incluía como novedad a mujeres en los debates intelectuales preciosistas, que se fue sofisticando hasta resultar tan frívola y artificiosa que algunos literatos de la época ironizaron, con gran éxito, sobre el preciosismo. 

Los 'haters' de la época eran gente como Moliere, que se burló de los preciosistas en su obra “Las preciosas ridículas”. En la misma línea estaría el estilo de Góngora, en una actitud que se consideraba la antítesis del preciosismo, la pedantería. En resumen, hace más o menos cuatro siglos estaban con la misma fiebre bipolar que tenemos ahora entre el 'cuquismo' y el 'haterismo'. 

De hecho, la edad de oro de los bodegones gastronómicos, los antepasados de los actuales estilismos gastronómicos de Instagram, comenzó más o menos por esa misma época. Según un estudio basado en el análisis de 140 bodegones del siglo XVII, el 76% eran de comida, de ellos un 54% mostraban pan o pasteles, un 39% carne y tan sólo un 19% contenía verduras. El contenido de estos bodegones buscaba el equilibrio estético y recrearse en la belleza en lo cotidiano de una forma muy aspiracional. 

Una curiosa simetría, entre el preciosismo y este nuevo estado estético dominado por lo cuqui, que se ve reflejado en las tendencias que rodean actualmente todo lo culinario. Pronósticos que apuntan a que un determinado color se pondrá de moda en la fotografía gastronómica, nos avisan de que lo importante ya no es el sabor sino un plano lo más seductor posible del plato, al fin y al cabo es el único estímulo que recibirá el lector. Si nos guiamos de los datos, la gente no come aguacate sólo porque esté rico, sino porque queda bonito en las fotos. De hecho, ya existe el fenómeno contracultural del 'cuquismo' culinario que consiste en fotografiar comida fea o simplemente real, como un plato de lentejas. 

Con un simple vistazo a las redes sociales de los grandes cocineros de todo el mundo, vemos cómo han cambiado la óptica desde la que presentan un plato, ajustándose a las preferencias actuales que retratan los platos desde una toma cenital. Si antes se pensaba en la configuración estética del plato desde el ángulo en el que lo ve el comensal al dejarlo el camarero en la mesa, ahora los platos son concebidos para ser vistos desde un plano aéreo. Tan sólo hay que pararse a imaginar cómo es la producción de algunas de estas imágenes, para llegar al a conclusión que tomarla ha supuesto subirse a una silla o escalera, y poder tomar la distancia oportuna que requiere el plato o bodegón en cuestión. 

Pero no sólo ha cambiado la forma de ver los platos o la disposición de la comida en general, hace unas semanas se hablaba de moda dar a la comida forma de mandala, por ejemplo, también lo ha hecho el escenario o dicho de otra forma, el estilismo que conforma el bodegón. Pero recrearse en la composición de un bodegón no siempre es una opción y es por eso que los restaurantes parecen estar esforzándose mucho en lucir sus platos en las mejores vajillas que se puedan encontrar. 

Un fenómeno que me desconcierta, ya que me he encontrado con vajilla de precios astronómicos en establecimientos con un ticket medio muy económico. Como también me consta que lucir una vajilla exclusiva a la que no pueda optar la competencia, bien hecha a medida o bien adquirida a un proveedor en exclusiva, se ha convertido para muchos en una obsesión. 

El preciosismo no duró mucho tiempo, pero fue necesario en muchos aspectos ya que impulsó la difusión de un incipiente movimiento de mujeres literatas, entre otros logros. Quizás parte de su corta duración (su auge apenas duró una década), fue lo poco sostenible de un movimiento que lejos de sofisticarse acabó por abigarrarse, siendo motivo de mofa y befa para los cultos de la época. Aunque aquí habría que matizar que esa actitud fue motivada en muchos casos por la pretensión de descalificar a las féminas que en aquellos tiempos desafiaron al sistema expresando su opinión y haciendo planteamientos intelectuales y científicos. 

Espero que estos antecedentes sean precedentes en el caso del ‘cuquismo’ y que, a base de publicar fotos arrebatadoramente golosas con 10.000 kcal por pixel, termine por provocar un colapso en el sentido común, haciendo que sea el sabor la prioridad y no la disposición estética de los ingredientes y/o la vajilla.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba