Gastronomía

La decadencia gastronómica y el gusto por ostentar desde Cleopatra y Calígula

Hubo tiempo en los que las mayores ostentaciones posibles de poder y dinero eran a través de la comida. Tanto los ingredientes como su elaboración eran exclusivos y caros, pero sobre todo lo eran los cubiertos y vajillas en las que se servían. Ahora, es posible que lo más ostentoso que encontremos en una mesa sea un iPhone 7…

La decadencia gastronómica.
La decadencia gastronómica.

Es por estas fechas cuando nuestras mesas lucen su mayor y mejor encanto. Sacamos esa vajilla que consideramos especial, quizás por herencia, por valiosa o porque simplemente no son los platos de diario, presentamos recetas reservadas para esas fechas de forma mucho más cuidada y elegante, y seleccionamos con mimo todo aquello que para nosotros es importante que esté presente en nuestra mesa.

Desde los banquetes funerarios egipcios, hasta los fastuosos festines de Vatel, pasando por las tragantonas romanas, siempre fue importante que no sólo que lo que se comiese impresionase a los invitados, sino que todo lo que lo rodeaba, incluido menaje, servicio y todos los pormenores de la estancia, debían de ser espectaculares.

Algo similar a lo que venimos haciendo hoy en día en fechas señaladas, aunque en ocasiones, en vez de ser en casa, lo hacemos en un restaurante donde contamos con todo ese catálogo de extras que permiten enaltecer una comida, cumpliendo con el objetivo de quedar bien con la persona a la que invitamos.

El caso es que alrededor de la comida siempre ha orbitado el lujo, la exclusividad y ciertos alardes. Precisamente hace unos días hablaba sobre alimentos cotidianos que podrían convertirse en exclusivos en unos años, pero ¿qué fue ostentoso en otros tiempos, cuando la extinción y la explotación no habían mermado tantos recursos?

Cleopatra trató de impresionar a Marco Antonio con un banquete de 15 millones de euros

El registro de la comida más escandalosamente cara de la historia nos lleva al siglo I antes de Cristo, justo en el escenario donde Cleopatra y Marco Antonio comenzaron su histórico idilio. Se cuenta que entre las estrategias para impresionar a Marco Antonio, Cleopatra apostó que era capaz de comerse todo un banquete por un valor de diez millones de sestercios (unos quince millones de euros “al cambio”).

La astuta reina sirvió en efecto una gran cena pero que en absoluto costaba la fortuna que había prometido. Al reprochárselo Marco Antonio, Cleopatra le respondió que ese había sido sólo el aperitivo del banquete y que sería ella la que consumiría el importe total del presupuesto prometido para el mismo.

El vinagre tiene el poder de disolver el nácar

Se cuenta que Cleopatra llevaba un collar con dos espléndidas y carísimas perlas, valoradas en unos cinco millones de sestercios cada una, y tomando una de ellas la puso en una copa que lleno de vinagre de vino. Para asombro del romano, Cleopatra se tomó la copa íntegra sin dejar ni gota ni perla.

El caso es que las perlas las forman algunos bivalvos, como las ostras, al entrar en su interior partículas extrañas estos animales las aíslan recubriéndolas de carbonato de calcio y una proteína llamada conchiolina, formando lo que se conoce como nácar. Pero el vinagre tiene el poder de disolver el nácar, si se deja el tiempo oportuno en su interior.

Calígula también hacía el indio con perlas y piedras preciosas

La historia termina cuando Marco Antonio, una vez ha descubierto el truco, impide que Cleopatra disuelva la segunda y valiosa perla. Una historia que deja claro que en ocasiones el placer que proporcionan este tipo de ingestas ni siquiera es culinario, como tampoco lo fue en el caso de Calígula, otro muy aficionado a hacer el indio con perlas y piedras preciosas.

En el caso de Calígula contamos con dos versiones. La menos glamurosa cuenta que Calígula vivía atormentado con la idea de morir envenenado y razones no les faltaban para semejante neura. Rodeado permanentemente de médicos, brujos, curanderos y botánicos que le suministraban pócimas para tratar todo tipo de posibles indigestiones. Pero su brebaje favorito parecía ser a base de perlas infusionadas en vinagre o bien perlas molidas y maceradas en vinagre para posteriormente ser inhaladas a modo de rapé.

El segundo relato cuenta que Calígula era muy aficionado al pescado y que le gustaba aderezarlo de forma muy especial. Se dice que disponía de una vinagrera de oroy un ritual muy sofisticado para elaborar dichas salsas. En concreto se trataba de una esclava negra que, completamente desnuda, acercaba al emperador el vinagre, la vinagrera de oro en forma de concha, un agitador de oro y un cofre con suntuosas perlas. El espesor de la salsa variaba según el pescado y era el propio Calígula el que la elaboraba.

Consumir oro, plata y los cubiertos de azúcar

Actualmente no es difícil encontrar algunas bebidas con partículas preciosas en suspensión. El oro y la plata comestibles son metales nobles, e inertes químicamente, que se pueden consumir y que son expulsados del cuerpo tal y como los ingerimos. De hecho, tienen su propia numeración en bioquímica alimentaria, siendo el E-175 para el oro y el E-174 para la plata.

Unos cuantos siglos más tarde de las historias de Cleopatra y Calígula, en la Venecia del siglo XV, era el azúcar el verdadero objeto de deseo, ya que llegó a ser más caro que el propio oro. En todo ese frenesí por lucir, aparentar y sorprender al invitado, se llegaron a fabricar cubiertos de azúcar, una actitud decadente y frívola que inspiró al cocinero Andoni Luis Adurizpara elaborar su plato “Decadentia”.

¿Ser ostentosos es parte de neustra naturaleza?

Un estilizado y bello tenedor comestible, elaborado a base de manitol e isomalt, que sirve para degustar una exquisita mousse de anguila ahumada que se acompaña con pétalos de hibisco, dalia, malva y flor de albahaca. Junto al plato y el elegante estuche de terciopelo negro donde descansa el tenedor se puede leer la siguiente cita de Jean-Jacques Rousseau “Todo degenera en manos de los hombres”.

Visto desde esta perspectiva, quizás nuestra sociedad no sea más decadente de lo que otras lo han sido anteriormente o como dice Rousseau, quizás ser ostentosos sea parte de nuestra naturaleza. Sea como sea, disfruten de un feliz fin de año. Feliz 2017.


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