Maneras de vivir

La enfermedad infantil del izquierdismo

Algún politólogo, de esos que echan cuentas sin explicar cómo es posible que la izquierda de sus amores no tenga el poder, no sabe qué ha pasado con Unidos Podemos. La respuesta no está en los números, ni en los cuadros, ni siquiera en tomar prestados conceptos de la ciencia política anglosajona y encajarlos en un baturrillo de excusas con apariencia científica. No hace falta más que haber leído a los creadores de Podemos, sus ideas y proyectos, conocer la vida interna de la formación, y estudiar la campaña en una perspectiva comparada. No basta con saber de números –y lo dice alguien que hizo ciencias puras-, sino acercarse a lo que René Rémond llamaba “vida política”: ideas, procesos, y actores políticos.

Era infantil confiar todo a una victoria electoral o parlamentaria, y olvidar la concienciación de la gente

Lenin escribió en 1920 una tesis titulada “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, en la que clamaba por la necesidad de entender el partido como el instrumento de las masas para hacerse con el poder, no como un objetivo en sí mismo. Era la gran diferencia con los “partidos burgueses”. El infantilismo izquierdista consistía en decir que el régimen burgués había caducado, pero someterse a los parámetros partidistas y parlamentarios burgueses, olvidar que la esencia transformadora, revolucionaria, estaba en acercarse a la calle, y convencer a la masa. Era infantil confiar todo a una victoria electoral o parlamentaria, y olvidar la concienciación de la gente, la creación del movimiento popular. “De lo contrario –escribía- corréis el riesgo de convertiros en simples charlatanes”.

Leía a Juan Carlos Monedero una argumentación muy similar sobre la campaña y el fracaso de Unidos Podemos. Los socialistas del siglo XXI, tocados, a su entender, por el devenir de la Historia para traer la Nueva Sociedad, se habían acogido a los usos y costumbres burguesas. Mucha tele, y poca calle. UP se había convertido en un “partido burgués”, sin más. Ese marketing electoral propio de Podemos, un partido-laboratorio de prueba y error, no servía, decía Monedero, más que para conseguir unos escaños, pactar en el Congreso, y hacer política corriente. ¿De qué valía todo eso? ¿Qué diferencia había con otros partidos? Porque UP venía a cambiar la estructura de poder, no como una organización partidista, sino como un “movimiento popular”. Obsesionados por crear el producto y vender en la tele –un envoltorio socialdemócrata para la guillotina comunista, y venga sonrisitas y corazoncitos-, olvidaron que donde se hace política es en las calles, en los círculos, como antes, haciendo sentadas, no sentados en el coche oficial; reuniendo asambleas, no consultando la agenda con la secretaria. Habían caído en el “infantilismo”.

La cara de Errejón en la noche electoral era el suspenso a una tesis doctoral. Su proyecto transversal, populista

Y todo esto, señores encuestadores y politólogos de manual, lo ven los electores. La cara de Errejón en la noche electoral era el suspenso a una tesis doctoral. Su proyecto transversal, populista, del que hablaba en Le Monde Diplomatique en julio de 2014, se ha truncado por la alianza con Izquierda Unida. Eso de “existen condiciones para que un discurso populista de izquierdas–escribía-, que no se ubique en el reparto simbólico de posiciones del régimen sino que busque crear otra dicotomía, articule una voluntad política nueva con posibilidad de ser mayoritaria”, ha quedado muy atrás. La “pistola de una sola bala” –ganar a la primera o muerte- de la que hablaba Pablo Iglesias en New Left Rewiev, en los buenos tiempos de la revolución de mesa-camilla y performances, cuando los únicos escenarios eran la calle y la tele, han pasado. El marketing del laboratorio de Podemos ha pasado de explicar un modelo de país, esa identidad que el elector busca en un partido, por una campaña más apropiada de una tienda de moda –esas fotos de Garzón con corazones, por todos los dioses-, o un refresco de adolescentes para el verano.

¿Pero a quién le gusta montar un mueble de IKEA? A nadie. No ha tenido gancho, ni han generado ilusión. La moda podemita, pasó. Iglesias es antipático, hasta se lo dicen los de Izquierda Anticapitalista. Garzón y su endeudadísima IU han sido un lastre, con sus majorettes de banderas rojas y republicanas. UP ha ganado el concurso de simpatía entre el periodismo progre y los politólogos izquierdistas, pero nada más. Hasta un moribundo PSOE, con un candidato flojo, agresivo, a la defensiva, solo en su soledad sonoro, atascado en bucle del “no, no y no”, ha resistido el petulante “sorpasso”. Es más; si sobrevive el PSOE a todo esto, será gracias al fracaso del laboratorio podemita. El PP no ha tenido más que apretar filas y dejar a Unidos Podemos que se muestre tal y como es, contrario a la libertad y la democracia, autoritario, ansioso por el Poder cambiando las reglas del juego en un proceso constituyente, y de programa veleta e insostenible.

¿Qué esperaban compitiendo en el mismo rango que otros partidos, pero con una adanismo atroz?

En un país con un voto tan volátil, ¿qué esperaban compitiendo en el mismo rango que otros partidos, pero con una adanismo atroz? Pero si los círculos se han ido vaciando en el último año y medio, los líderes locales le plantan cara a Iglesias, Garzón tuvo que depurar y romper IU para conseguir la alianza, la gestión municipal podemita ha sido un desastre, y la campaña empalagosa. ¿De verdad creen que el electorado no ha visto esto? Al tiempo, y como si no fuera con ellos, los dirigentes de UP se centraron en las urnas y en el parlamentarismo. Se han convertido en “charlatanes”, en “cazadores de votos”, tal y como dijo Franz Pfempfert en “La enfermedad infantil de Lenin” (1920). Han caído, como apuntaba Monedero, en el infantilismo que denunciaba Lenin. Porque la calle no es suya, ni esa “mayoría social” ha existido nunca, la gente sigue siendo un conjunto muy variado, contradictorio y espontáneo, no un sujeto colectivo uniforme, y la política, sí, la política, es un juego de todos.

Los pueblos se equivocan, como en la Italia de los años 20, la Alemania de los treinta, el Chile de la Unidad Popular de Allende, o la Venezuela de 1998. El domingo pasado en España, no, por fortuna. Lo contrario sí que hubiera sido infantilismo.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba