Macro Matters

Sistemas electorales y crisis de la UE

Tras unos días muy movidos en que el Brexit y las elecciones españolas han dado sus sorpresas, parece conveniente darle un repaso a los sistemas electorales de ambos países ya que sus resultados son síntomas claros del fin de una era, de un cambio europeo en que lo peor o lo mejor aún está por venir, tanto para británicos como para españoles. 

Sistemas electorales y representatividad

Como saben, el sistema electoral británico es uninominal de distrito a una vuelta, es decir, los votantes registrados de cada distrito o constituency eligen un representante ante La Cámara de los Comunes que equivalen, más o menos, a uno cada cien mil habitantes. Dichos seiscientos cincuenta cargos electos representan al sujeto constituyente o constituent (del nuestro hablamos en Hispania vincit) y trabajan para él, no como en España donde el diputado trabaja para quien lo pone en la lista electoral. En este blog hemos analizado la macro y los sistemas electorales de todos los países que nos interesan y, aún teniendo culturas y tradiciones muy distintas, la conclusión es que este sistema es mucho mejor que el nuestro.

En nuestro país "cinco" personas deciden todo gracias al sistema electoral

Si quieren ver cómo trabaja un representante de los electores para los ciudadanos, lo pueden ver, por ejemplo, en la web del galés Stephen Crabb, que aspira a substituir a Cameron, aunque me parece que está verde para las circunstancias ya que, incluso si eligen a la "ministra" del interior Theresa May o a Andrea Leadsom, existe un altísimo riesgo de ruptura del Reino Unido, algo que haría de una residual Inglaterra un estado fallido.

El caso paradigmático de defensa de los valores que fundamentan ese sistema es el de los americanos, que inician su independencia precisamente por no tener representantes a la hora de decidir los impuestos. Como contraste, en nuestro país "cinco" personas deciden todo gracias a un sistema electoral que, como el de la UE, se presta a que poderes internos o externos, sean sectas religiosas, nacionalistas o comunistas, a servicios de información o corporaciones, decidan por los ciudadanos. Se entiende pues que, tarde o temprano, se produjera un choque entre el Reino Unido y la UE.

Sistemas electorales y corrupción

El Banco Mundial tiene un índice sobre libertad de expresión ("voice") y rendición de cuentas ("accountability"), que pueden ver en la gráfica siguiente y que podríamos decir que en cierta medida es un índice de "representatividad", ya que también mide la capacidad de los ciudadanos de conformar las políticas de su gobierno.

Como puede verse, dicho índice tuvo una fuerte caída tras el 11M, un hecho terrible criminalmente manipulado por unos políticos sectarios y corruptos, que no representaban a nadie y que venían de una lista. Posteriormente, antes que recuperarse de aquel golpe, siguió deteriorándose para luego mejorar según se olvidaba esa tragedia en la narcosis de la burbuja, volviendo a caer con el escrutinio a la casta por la crisis.

Por otro lado, esa nula representatividad de los electores, a la cual debemos desde los fantasiosos estatutos de autonomía a una multitud de cargas en las tarifas de monopolios, la inmersión lingüística, la hiperburocracia o la mala supervisión del Banco de España, nos explica en buena parte, junto con la no división de poderes y otros factores menores, el alto nivel de corrupción que padecemos y que, con el episodio de afloramiento reciente, ha despeñado nuestro índice de "control" de la corrupción (siguiente gráfica). Este índice mide también hasta dónde "lo público" es apropiado ilegalmente por "elites" o grupos de interés. 

Cuando tratas el tema de la corrupción y el sistema electoral, siempre hay alguno que saca el caso nórdico, como si por arte de magia se pudiera imbuir a los españoles de quinientos años de luteranismo y ciento y pico de premios Nobel, aparte de que sus circunscripciones son mucho más pequeñas, etc.; lo vimos en profundidad, así que no lo repetiremos. Cualquiera que haga la analogía nórdica o es un ignorante o les quiere engañar, como todos los políticos actuales, que saben perfectamente lo comentado hasta aquí y que ahora nos la quieren colar más proporcionalidad a distrito único bajo el cebo de que todos los votos deben valer lo mismo, algo que también hemos denunciado repetidas.

Tema aparte es creer que los efectos nefastos de nuestra partitocracia se pueden paliar con nuevos partidos. No sean ingenuos. Aparte de que eso es un enorme gasto de energía para un resultado improbable y efímero, lo que si se constata es la compra de esos partidos bisagra nuevos, como un caso que viví en el extranjero que me recuerda bastante a otro de aquí fallecido recientemente.

La corrupción, que siempre estará presente, solo consigue reducirse con Democracia

La corrupción, que siempre estará presente, solo consigue reducirse con una solución institucional aceptable conocida (luego hay temas culturales) y se llama, anótenlo, Democracia, que es un sistema basado en la desconfianza hacia los políticos, capaces de matar para conseguir votos, y que solo existe cuando hay Representatividad y División de Poderes. Se debe pues empezar por lo primero para que sean esos representantes del sujeto constituyente quienes decidan la división de poderes, no hay otra.

La implosión británica

Desde las elecciones de 2010 ha sido común que debatiera la situación política allí con colegas británicos, principalmente por el Parlamento colgado y el problema del nacionalismo escocés, incluso lo hice con una representante de los tories para los expatriados españoles a quien también expliqué la necesidad de la doble vuelta y organizar el voto de los residentes en España; aquella hizo lo propio de los políticos: oír sin escuchar y copiar la parte que le interesa, y todos pasan de la doble vuelta, tal vez por ser una idea francesa. No lo ven, como tampoco se ve aquí la necesidad del cambio de nuestro sistema electoral.

El caso es que Cameron, para pillar migajas electorales en Escocia - que es un caso cultural muy peculiar pues incluso tiene su propia iglesia - les prometió un referéndum de permanencia en la unión británica, asumiendo que no se saldrían del reino pues también implicaría salirse de la UE, y creyendo, tontamente, que alguien puede fiarse de un nacionalista y de que actúe racionalmente. Ganó por los pelos porque el referéndum fue solo en Escocia, que los ingleses, hartos del nacionalismo escocés (como de las interferencias de la UE), querían votar para echarlos. Con esos malos antecedentes, no se le ocurrió peor cosa que preguntar a todos si querían seguir en la UE, oferta que hizo además para quitarle votos al ya ido Nigel Farage, gran ganador del Brexit, encumbrado por el sistema electoral proporcional europeo y cuyo partido le pasaba por la mínima en varios distritos en las elecciones de 2015.

Tanto España como el Reino Unido enfrentan una crisis mayor 

Elecciones y trance histórico

Tanto España como el Reino Unido enfrentan una crisis mayor que les cambiará un orden que ha degenerado hasta hacerse disfuncional y que pone a ambas naciones al borde de su desaparición. Ante ese trance histórico, lo que tienen que hacer los partidos de ambos países es empezar por perfeccionar su sistema electoral y congregar a sus mejores políticos para traer un orden nuevo, ayudando al sujeto constituyente, correctamente representado, para que, civilizadamente y sin prisas, lo vaya conformando sin violencia. Desafortunadamente y aunque no lo parezca por los sucesos recientes, España lo tiene más difícil, pero eso lo trataremos otro día.


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