Macro Matters

España y Portugal, una lástima

Para cualquier economista debería ser una verdadera lástima comprobar cómo un país, en este caso dos, pierde una gran oportunidad de realizar el cambio estructural y cultural que le asegure un futuro de bienestar, y si es tu país, no digamos. Pobre Hispania, donde estuvo y a donde la dirigen.

Parecidos razonables

Aunque en este blog no somos amigos de las analogías, hicimos un análisis conjunto de ambos países en la entrada "España y Portugal, parecidos razonables". Obviamente hoy no repetiremos lo dicho entonces sobre la estructura económica, tamaño y necesidad de volcarse al comercio exterior con equilibrio fiscal; debieron hacerlo y malograron el intento, así que habrá otra crisis y más dolor para sus gobernados, no para su casta, que come aparte.

De lo escrito entonces solo resaltaré que su forma de gobierno, oligarquía de partidos con sistema electoral proporcional de listas, es la más corrupta de las llamadas formas democráticas, que en realidad no lo son, pues no hay división de poderes ni representatividad de los electores. Mala forma de gobierno = mal ajuste y mal cambio estructural, así de simple y predecible.

En cierta medida, Portugal, con su salto atrás generacional (cambió a Pasos Cohelo por Antonio Costa) recuerda al "cambio" que viene en España. El atavismo Santos da Costa (¿Se quita el "Santos"?), nieto de indiano (de Goa, casta brahmánica), builderberg e hijo de escritor comunista y madre periodista feminista y cuyo hermano ora et labora en una especie de Prisa portuguesa, es el típico santo de la casta de izquierdas. ¿Acaso forjó su carrera en el sector privado o luchando por representar a los vecinos de su distrito electoral, derrotando en buena lid a sus adversarios? No, obviamente, que no le eligieron sus vecinos, sino que se empotró en una lista de partido, que para eso tiene pedigrí y, desde 1981, chupa la sacralizada ubre estatal. Más o menos como los hijos de alguien de aquí, de Pablemos & Cía. a Rajoy.

Clavelito, clavelitos

Como recordarán, Portugal tuvo que ser rescatada en 2011 por una crisis de deuda soberana producto de treintaicinco años de fantasía y mesianismo político, que menudo chollo ha sido para su casta la idea de juntar las palabras "revolución" y "claveles". Tras desperdiciar la oportunidad del euro, el invento se hizo insostenible y la prima de riesgo se les fue al 12%, más o menos; lo nuestro fue menos grave, así que tuvimos rescate parcial.

Llegada la insolvencia estatal, hubo que hacer las cosas de prisa y corriendo, se ajustó el déficit de "lo público" a lo bestia, que vayan a saber cual era en realidad, intentando no afectar demasiado a los amigos y parientes de la casta. De inmediato la oposición montó la suya y los votantes terminaron castigando a la facción gobernante en las elecciones de Noviembre de 2015; aquí ocurrió algo parecido un mes después pero, como nuestro caos tiene más margen fiscal y no se ve tan próximo el abismo, el voto está más disperso y el oportunismo y el deseo de hacerle trampas a la realidad es mayor y aún.

Los mercados de deuda no piensan así, lógicamente, y la prima de riesgo aumentó tras las elecciones. Si hacemos un zoom a la gráfica anterior, veremos que justo al darse el "cambio" se encareció la financiación. Como dijimos en su momento, Portugal lo tiene más difícil que nosotros y el castigo allí ha sido mayor, aunque temporalmente dicho castigo inicial se haya corregido algo.

El daño a la confianza

A estas alturas de la crisis y tras padecer malos gestores durante décadas, estos resultados electorales no pillan tan desprevenidos a los empresarios, de forma que su confianza ha hecho tope y, como con la prima de riesgo, hay las correcciones normales que atemperan cierta exageración inicial. Pero el daño político a la confianza está ahí, siendo más brusco en nuestro caso y eso ya me preocupa más, pues, salvo sorpresas, irá a peor.

Luego están los consumidores, que aquí prevén bastante bien el futuro económico y lo que muestra nuestra estadística es una debacle en toda regla, incluso mayor que la portuguesa, un cambio realmente preocupante aunque todavía no está en la zona mala de verdad. La caída en picado de la confianza en el fututo económico español por parte de los consumidores desde diciembre, es un indicador clarísimo de lo malo que es el "cambio" a políticos solo preocupados por el paro de familiares, amigos y sus "ex" y que, además, cuando no están haciéndonos un Barroso parecen mozos que se reúnen en la plaza del pueblo a ver quien dice la burrada más gorda.

Los efectos del cambio

Cuando analizamos Portugal resaltamos que debía aprovechar (también) su pasado colonial para impulsar su comercial global; como no lo han hecho, no generan liquidez y su economía se enfría, con lo que la crisis bancaria se hace estructural, cosa que aprovecha la izquierda para rajar contra la banca, en parte española, con nacionalismo, etc. Fatal.

Nuestro caso es distinto, ya que logramos un éxito comercial (la "izquierda" española no soporta que España tenga éxitos, está claro), porque este país a poco que se pone se sale y eso no puede ser, hay que fastidiarla, así que se exploramos la vía portuguesa. De pena. Afortunadamente nuestro encaje europeo es mejor y ahora vamos en velocidad de crucero mientras Portugal aceleró su caída con el "cambio"; eso hasta que el daño en la confianza no pueda ser compensado por Europa donde, al menos, de momento, Francia, nuestro principal cliente, va mejorando, siempre que su "izquierda" no lo fastidie, claro. 

Lo de Portugal es triste (también), pues la "elección" de su premierdespertó expectativas e interés en India, una economía que ha arrancado bien y donde los portugueses, cono señalamos en "los parecidos razonables" y me consta, son bien vistos. Pero no, hay que montar la fiesta ideológica, así que Costa se fue a Grecia a rentabilizar políticamente el tema de los refugiados, mantra sectario de nuestra "izquierda" para manipular a "la gente" mientras le arruinan su futuro y se "montan en el dólar".

Verano azul y más deuda

Con nuestros consumidores viendo mal el futuro económico pero con una economía en velocidad de crucero que bien podría terminar creciendo al 3% en 2016, yo diría que los españoles, por pura necesidad y salud mental, intentaran disfrutar (hacen bien) del verano según lo mejor de nuestras tradiciones, cosa que ha de aprovecharse para seguir mejorando los balances, porque hay otro factor en contra.

Como saben (ver gráfica anterior), en España no hay deflación, que eso es un invento mío con el que les he venido advirtiendo y dando la paliza desde hace años, que soy un sectario y los trolles que me insultan tienen razón y no habrá crisis fiscal ni problemas para pagar las deudas, públicas /o privadas, un "nuevo" país es posible y Podemos seguir con el mismo jueguito político ruinoso. Y una vez más, ironías aparte, es una lástima, porque condiciones hay para conseguir hacer las cosas de forma que terminemos sin mayores problemas económicos, pero no se quiere cambiar de verdad, así que tendremos más crisis fiscal y ajustes for ever. Menudo fracaso. ¡Dónde estuvimos y hacia dónde vamos! Una lástima.


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