Macro Matters

¿Crash o pre-crash, en qué quedamos?

Siempre que escucho la palabra crash o crack, recuerdo los tiempos en que el profesor Niño Becerra se convirtió en un fenómeno mediático con su libro “El Crash de 2010”, a cuya estela siguieron otros como “Más allá del Crash” y “Diario del Crash”; todo lo cual no deja de ser “meritorio”, porque Crash, en 2010, no hubo. De él y sus libros, Wikipedia nos deja un resumen que conviene leer. Aquél fue, a mi juicio, otro más, entre muchos, de nuestros episodios sociológicos dignos de reflexión como ejemplo de lo mal que están las cosas en el pensamiento económico español, algo que lógicamente tiene su coste en términos de bienestar. ¿Quién paga ese coste? Usted, claro.

La definición generalmente aceptada de crash, que recomiendo investiguen, empezando por su sentido onomatopéyico, es una caída súbita de los precios de un bien o cesta de bienes, un índice, con duras pérdidas para quienes están relacionados con él, sea una empresa, un sector o un país que los produce o los posee, de forma que puede ser limitado o sistémico, responder a una burbuja o no y ser o no accidental. Una caída súbita del 30% (crash) puede producir un mercado bajista que dure seis, dieciocho meses o más, teniendo efectos devastadores, con sus gradientes dependiendo de la rapidez e intensidad; en general, cuando se habla de “Crash”, con mayúscula, se entiende algo similar al Crash de 1929.

La finalización del boom chino es un sentimiento general contrastado por su menor crecimiento y el deseo de sus ciudadanos por invertir fuera

Aterrizaje chino y picados emergentes

A medida que China se encamina a la normalidad y trata de aterrizar suavemente hacia crecimientos normales, sus necesidades de acumular reservas estratégicas de commodities se reduce, y por tanto la presión sobre los precios de las mismas disminuye. La finalización del boom chino es un sentimiento general contrastado por su menor crecimiento y el deseo de sus ciudadanos por invertir fuera, de hecho han salido unos 800.000 millones de dólares en el último año, equivalentes a un 25% de sus reservas.

Esa combinación de menores expectativas de consumo de materias primas unido a la facilidad que tiene la oferta para proveer a la demanda, ha hecho que los precios de las mismas y sus índices hayan caído a plomo (ver siguiente gráfica), que han hecho crash en la segunda mitad de 2014, de forma que muchas de ellas están próximas a los niveles de 2009, fondo del anterior Crash (ese sí).

La evolución de esos precios hizo, como siempre, fantasear a los más incultos y, dependiendo del país, se han vivido y promocionado verdaderas burbujas. En ese sentido, agrupaciones económicas, dentro o fuera de Latinoamérica, como los BRICS, que buscaban afectar la tectónica de bloques económicos, quedan claramente en cuestión.

Caen como Bricks

Consecuentemente, las divisas de los productores de materias primas también caen como ladrillos, salvo la del más importante, claro, que es el que tiene la moneda hegemónica.

Casi un tercio de la economía mundial está enfriándose o en proceso de ajuste, mientras que el otro tercio, o crece poco (USA) o está saliendo de la recesión

Los cuatro países de la gráfica anterior los hemos analizado aquí y, aunque entran en una nueva fase, sus monedas han ido como preveíamos, salvo el caso ruso, cuyo crash se aceleró con la imposición de sanciones por la anexión de Crimea. Vendrán entonces los efectos de segunda vuelta producto de la imposibilidad de, como siempre ocurre, pasar sus crisis sin ajustes, con sus riesgos de crisis de deuda soberana; estos países son grandes importadores de manufacturas, con lo que el crecimiento de los países industriales se verá disminuido y solo las petro-satrapías del Golfo Pérsico podrán financiar su importaciones, al menos a medio plazo.

¿Crash o pre-crash?

La respuesta sobre cuál de esas dos alternativas es la correcta es un rotundo sí, que dicen los anglosajones. Resumiendo, diríamos que, con China, esa reina del comercio desigual, en crash bursátil,  y con los productores muy dependientes de las exportaciones de materias primas, tenemos casi un tercio de la economía mundial enfriándose o en proceso de ajuste, mientras que el otro tercio, o crece poco (USA) o está saliendo de la recesión, en la fase de “recuperación” (UE). Luego hay un tercio de PIB mundial, con países pobres o muy pobres, con mejoras o no significativas, pero que, aspectos humanitarios aparte, en conjunto afectan poco al crecimiento de los países centrales.

El resultado combinado de todo esto nos trae más deflación y recesión, aumentado el componente depresivo de la economía mundial. Por otro lado, los principales índices bursátiles, con su mala situación técnica (un ejemplo) y el daño en algunos por la revaluación del dólar, ya anuncian la proximidad del cruce de la muerte que seguro traerá una corrección (¿10%?). Ante esa realidad y dados los últimos datos de crecimiento americano, solo un black swan, una desgracia inesperada, nos traería un Crash, confirmándose el Shmita de la bolsa. ¿Quién prevé eso, un astrólogo? Como no los soy ni uso sus predicciones, solo puedo alertar de lo que me dicen los datos económicos, que explican cierto “clima” pre-crash, que esperemos no se confirme, pues los españoles necesitamos, entre muchas cosas, al menos otro año de crecimiento como el actual. ¿No creen?


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