Macro Matters

Cambio estructural y expectativas

Es un hecho cierto que las expectativas de los agentes económicos son un determinante cardinal de las principales variables económicas, siendo nuestra actual coyuntura uno de los mejores ejemplos de ese postulado. Fue solo cuestión de que mejorara la confianza para que empezara la reposición de inventarios, de productores y consumidores, para que se lanzara la demanda, la producción cogiera tracción, entraran capitales y se empezara a absorber paro, esa variable que no interesa a nadie.

Pero ese proceso tiene otra cara: la valoración de las cantidades, lo cual afecta el valor nominal de la renta de las familias, de los beneficios empresariales y la recaudación fiscal, elementos todos con los que se ha de pagar esa inmensa deuda acumulada gracias a la mala gestión del Banco de España, principalmente. Ese proceso sabemos que va mal, entre otras razones por el grave error de impulsar la devaluación interna, tema que vimos la semana pasada.

Es una vieja máxima de los mercados libres que el que manda, el que tiene la sartén por el mango, es el consumidor y son sus decisiones de compra las que orientan la producción

Así que, una vez visto como ha ido ese proceso, hoy exploraremos las expectativas de preciosde la demanda y de la oferta, que son de las que tenemos mejor información, y lo haremos pensando siempre en el efecto del cambio estructural en las mismas.

La soberanía del consumidor

Es una vieja máxima de los mercados libres, según la cual el que manda, el que tiene la sartén por el mango, es el consumidor y son sus decisiones de compra las que orientan la producción. Y hoy, en España, en los mercados libres, el que suba precios no vende; eso cuando menos, porque incluso unos grandes almacenes, hasta ayer monopolio (eso no es mercado libre, obviamente), están sometidos a esa soberanía.

En los otros mercados, los regulados por “lo público”, el consumidor no es soberano porque no tiene representación política y ninguno de los partidos, viejos o “nuevos”, quiere cambiar eso para así seguir utilizándolos para parasitar a la Sociedad, pues no tienen suficiente con la explotación fiscal; hasta que el huésped reviente, claro. La última es negar la deflación, como si el consumidor fuera tonto, contagiando al Sistema de Decisiones, como si el consumidor careciera de la racionalidad y que comprara lo que le pongan.

Lo que nos dice la estadística (ver gráfica siguiente) es que el “Soberano” iba previendo bastante bien la evolución futura de los precios hasta que, hacia finales de 2009, el Gobierno decidió tomar toda una serie de medidas. Entonces empieza un período temporal de divergencia hasta mediados de 2012, cuando los consumidores españoles por fin cogen el pulso del devenir, que ven como la persistencia de menores precios. Dicha variación casi nos permite decir que hacemos una modesta aportación aLa Teoría de las Expectativas: la de dimensionar nuestro lapso de acomodo en tiempos de grandes cambios, entre ellos nuestro cambio estructural; válida también para la de Expectativas Adaptativas, claro.

Adaptarse o…

Suele comentarse que los españoles tendemos a quedarnos pegados en el pasado, que nos cuesta cambiar el “chip”. Puede ser y aún hay quien sueña con lo inmobiliario, con su recuperación. Pues cuidado, que aquí, como en otros sectores, manda el consumidor y la potencia de la oferta, con todo y la contención artificial subsidiada por “lo público” vía SAREB, mantiene las expectativas deflacionarias, que, aunque menores que las de 2009, está en la media de los últimos seis años y, según el sector, el desinflado de la burbuja se mantendrá.

También hay que señalar que “construcción” no es solo de vivienda, locales, naves, etc., que se adapta a las nuevas realidades mejorando la relación calidad preció con suelo barato, sino que están las infraestructuras y, a pesar de la enorme sobre oferta de todo, el “año” electoral y la improrrogable atención en el mantenimiento de infraestructuras, han mejorado la actividad del sector motor del pasado reciente.

El futuro nos habla

En nuestro cambio estructural las manufacturas juegan un papel de liderazgo y lo que nos dicen sus productores, es que la tendencia a menores precios en los próximos tres meses sigue igual que en 2013. Aún así, la confianza de los mismos sigue mejorando y, ¿de dónde viene esa mejora? Pues de la fuerza de los podidos del exterior (línea verde, siguiente gráfica) que mantienen la actividad alta (línea negra) y una combinación de precios y cantidades, incluso con la deflación exterior, correcta en lo que ya es un gran éxito de nuestra economía.

Luego están los otros sectores, pero lamentablemente la OCDE no nos da información sobre las expectativas de precios del comercio minorista y de los servicios; aún así, podemos intuir, tras haber hecho los deberes en ellos (ver enlaces), que están en línea con las del consumidor. Y, visto todo lo anterior, no puedo evitar recordar que algunos queríamos que el cambio de mentalidad hubiera empezado durante el proceso de entrada en el Euro, pero solo conseguimos convertirnos en unos apestados y ahora toca lamentar que dicha adaptación a la realidad tenga lugar por las malas.

Los que no se adaptan y van esquivando esta situación de esfuerzo económico general son los que viven de “lo público”, que ahí siguen distrayéndonos; su última ocurrencia: reformar la Constitución, que no tuvieron suficiente con los últimos estatutos de las Autonosuyas. Es decir, emulando a la generación pirómana, la que los ha puesto ahí a dedo, ahora vienen conotra “Constitución” y más impuestos y todo sin representación de los electores. En realidad lo que toca es reformarla para permitir un sistema electoral representativo que, bien explicado, nos proporcionará las soluciones y el liderazgo que necesitamos, pero a ver quien les quita el juguete. ¿Tocara entonces esperar una vez más a que sea una crisis más dura la que cambie el “genius saeculi” de esta Era generacional? Eso parece.


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