OPINIÓN

Esas personas raras que no leen

La LOMCE ha reducido el tiempo de lectura entre los alumnos, algo que la ley de educación que sustituyó, la Ley Orgánica de Educación (LOE), fijaba un tiempo de lectura a diario, puesto que la lectura es imprescindible para el desarrollo de las competencias básicas, decían.

El 36% de los españoles no lee nunca, según el CIS.
El 36% de los españoles no lee nunca, según el CIS.

¿No le gustaría aterrizar, aunque fuese por un instante, en otro siglo y abandonar la realidad que le ha tocado vivir? No lo niegue, aunque sea muy breve su viaje, compraría ese billete de ida. De momento, las leyes de la naturaleza no nos permite darnos esos caprichos tontos de jugar con el transcurso del tiempo. Mientras, debemos conformarnos con los sueños y la imaginación. Bendita sea su infinitud. Aun así, cuando el cine o la literatura representa la imaginación le atribuye un mundo blando, multicolor, deforme, algo oscuro e ilusorio. Puede, pero yo diría que anda lejos de lo que realmente circula por nuestra mente mientras observamos el mundo convencional. La de virtudes que tiene y eso no lo ponemos en relieve.

La atribuimos, por eso, a niños raros, a adultos con algún que otro trastorno o problema de socialización. Incluso que podría peligrar nuestra integridad si le damos alas. Encima, no hay forma de medirla ni cuantificarla. Y, como todo, aquello que no se puede medir, caemos en la trampa de creer que no existe, que no lleva a ningún lado. De forma incongruente, le acabamos poniendo barreras. Y quizá, con esa idea tan engorrosa de la imaginación, anulemos que, gracias al conocimiento que adquirimos con ella, aprendemos más que con las cosas tangibles. 

Las series sustituyen a esas novelas de 800 páginas con las que saciar nuestro interés en viajar a otros planetas y salvaguardarnos del día a día

Notará que no es necesario explicitar mucho más mi férrea confianza en el poder de la imaginación. Como la realidad es a ratos un poco fea, desplegar la imaginación nos salva un poco de la porquería que, a veces, tenemos que ver. No da pasaje para presenciar otra época, y no son aval de hacernos más críticos, pero algún horizonte se nos abre. Pero cómo ensanchar nuestra imaginación si cada vez reducimos más esos mundos imaginarios que habitamos. Las estanterías de discos son inexistentes en los hogares, las de libros menguan, las de películas se inclinan para dejarse caer en algunos ordenadores. Los libros son cada vez más delgados. Tenemos demasiados ítems con los que entretenernos y, con ellos, deslizar al vacío nuestro tiempo. Las series sustituyen a esas novelas de 800 páginas con las que saciar nuestro interés en viajar a otros planetas y salvaguardarnos del día a día. Pero ¿quién tiene tiempo hoy en día (o eso crees) para sumergirse en ‘Los Hermanos Karamázov’?

Las cifras del último informe sobre la Lectura en España, para una defensora de esos mundos paralelos que vagan por las hojas de los libros, eran desoladoras. Casi no leemos. Vaya, a un 40 % de los españoles ni les interesa ni tan siquiera la trasera de las cajas de cereales. Casi la mitad de la población no lee ni le interesa la cultura. Para qué, dirán esos pasotas. Ellos, en primer plano de la foto, no son más que consecuencia de una clase política que nos descuida.

La LOMCE ha reducido el tiempo de lectura entre los alumnos, algo que la ley de educación que sustituyó, la Ley Orgánica de Educación (LOE), fijaba un tiempo de lectura a diario

La LOMCE ha reducido el tiempo de lectura entre los alumnos, algo que la ley de educación que sustituyó, la Ley Orgánica de Educación (LOE), fijaba un tiempo de lectura a diario, puesto que la lectura es imprescindible para el desarrollo de las competencias básicas, decían. Evidencias a un lado, no parece que, a día de hoy, ninguna política actual intervenga para garantizar ni cultivar un interés por los mundos ilimitados de la imaginación, los mundos inagotables de los libros. Por fomentar una sociedad informada, con criterio, capaces de descodificar la compleja realidad.

Lamentablemente, no ven peligro porque nuestra clase política carece de imaginación. Los raros no eran quienes creíamos en el colegio. Ellos, que unos maman del pasado, algunos sentencian medidas embobados con su ombligo, otros adormecidos por el poder. Al final, el futuro, ese lugar a donde deberían poner rumbo sus decisiones, se esboza gris, indolente, abandonado. Sospecho que no leen, porque de otro modo entenderían lo que pasa a su alrededor. Su torpeza en construir el futuro les delata.

Al otro lado del escenario, la democracia la damos por sentada, que no corre riesgo. Creemos que está garantizada. Hasta que, grano a grano, un día se consuma y nos pille desprevenidos mantenerla. Cuando llegue ese día y se nos escabulla entre los dedos, entonces sentiremos el vértigo. Para entonces tendremos que recurrir a la imaginación para volverla a construir. Y a ver cómo lo hacemos si no nos pareció importante un día labrar nuestro mundo interior y explorar con la imaginación el mundo que no quisimos comprender.


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