OPINIÓN

Mi madre era feminista y no lo sabía

De un tiempo a esta parte tengo la sensación de que hablar de feminismo sirve para todo menos para visibilizar las realidades que impide vivir en una igualdad hombres y mujeres.

Manifestación feminista en Washington D. C.
Manifestación feminista en Washington D. C. Roya Ann miller

Fue en una obra de teatro, Feminiqué, de la compañía Apuro Teatro, de Alcalá de Henares. Me reservo el clímax de la obra y solo diré que arranca con todos los actores bailando ‘Respect’, de Aretha Franklin, y acaba tarareando las canciones infantiles ‘Soy capitán de un barco inglés’, (soy capitán, soy capitán, de un barco inglés… y en cada puerto tengo una mujer…), ‘Al pasar por el cuartel’ (las niñas bonitas no van al cuartel porque los soldados les pisan el pie…) ‘Arroz con leche’ (me quiero casar con una señorita de San Nicolás, que sepa coser, que sepa bordar… Con esta sí, con esta no, con esta señorita me caso yo…) y la más inquietante, ‘don Federico’ (Don Federico mató a su mujer, la hizo picadillo y  la pasó por la sartén. La gente que pasaba, olía que apestaba. Era la mujer de don Federico).

Entonces nadie me hablaba de feminismo ni de los derechos de la mujer. Oía hablar de ser comedida para ser respetada

Es por la nariz y por el oído por donde uno construye casi todos sus recuerdos. Y fue ahí, con el canturreo de las actrices del escenario, que me vi arrastrada a unos años atrás. Rebobiné hasta retroceder cuando jugaba a las palmas con esos versos populares y los entonábamos en casa como la tabla del 5 o los ríos, sin pensar. Mi madre cuestionaba esos marineros y prefería cantarnos ‘Cachito’ entre colada y colada. Era, también, cuando ya nos advertía, en sus charlas en la cocina, que estudiáramos para ser independientes.

De eso hace ya unos cuantos años. Entonces nadie me hablaba de feminismo ni de los derechos de la mujer. Oía hablar de ser comedida para ser respetada. De ser delicada y no decir palabrotas (eso no lo digas, no es de señorita). Veía, también, decir a amigos, familia y conocidos que qué suerte tenía mi madre porque mi padre, además de traer el dinero, encima «le ayudaba en casa», que era una gran afortunada. A mi madre le asaltaba un cosquilleo incómodo que siempre encajó con una sonrisa.

A mi madre le estrujaba los labios pensar en no haber vuelto a trabajar después de ser madre

Nadie hablaba de igualdad entre sexos. Siempre oía farfullar a alguien la coletilla que mi hermano debía tener una paciencia infinita por tener cinco hermanas. No lo entendías, y reías. No oí hasta hace relativamente poco eso de heteropatriarcado o feminazi. A mi madre le estrujaba los labios pensar en no haber vuelto a trabajar después de ser madre, aunque siempre repetía, cuando veía ocasión, que por qué «con lo suyo» no cotizaba. La coherencia resurgía y moría cada día entre lo que decía su boca y lo que hacían sus manos.

Si sigo escarbando en mi memoria, podría seguir devolviendo al presente las pequeñas revoluciones que mi madre fue bullendo en nosotros sin ella mencionar jamás la palabra feminismo. Nadie le puso carnet de feminista, ni creo que se hubiera sentido identificada, eso era algo más bien para rebeldes contra la autoridad. Era mucho más fácil acomodarse el corsé y celebrar todo lo avanzado por Beauvoir, Woolf o Campoamor, que lo más gordo ya lo habíamos superado.

¿Tienen que estar los hombres en casa limpiando para que avancemos como sociedad? ¿Es que acaso no hemos progresado?

Hablar de feminismo es engorroso, desagradable. A uno se le traba la lengua cuando debe pronunciarlo. Fem… inismo. Es enrevesado. Se coloca al otro extremo de lo que quiere erradicar. Es sectario y no ayuda a reflexionar si no compras el pack completo de feminista. ¿Significa ir en contra del hombre? ¿Qué pasa si bailo reguetón? ¿Acaso sirve de algo a estas alturas cambiar el lenguaje para usar unas absurdas x o un embrollado doble plural para ser inclusivos (e inclusivas)? ¿Ya no puede un hombre dar paso a una mujer al abrir una puerta? ¿Tienen que estar los hombres en casa limpiando para que avancemos como sociedad? ¿Es que acaso no hemos progresado?

Algo se debe de hacer mal que enquista la reivindicación

De un tiempo a esta parte tengo la sensación de que hablar de feminismo sirve para todo menos para visibilizar las realidades que impide vivir en una igualdad hombres y mujeres. El debate que provoca, como por ejemplo, la frase lapidaria que pronunció Janusz Korwin-Mikke, el eurodiputado polaco, despliega una serie de insultos y ridiculizaciones y no despierta las reivindicaciones fundamentales que podría avivar. La verdad, resulta agotador. Algo se debe de hacer mal que enquista la reivindicación. Sacar a relucir las diferencias para cuestionarlas no ha hecho que cambie nada, sino para traumatizar a unos y otros. O bien descarga ira o bien frustración. Todos nos creemos de vuelta de todo y mencionar la dichosa palabra solo levanta sarpullidos. Este 8 de Marzo  será un día más de batallas dialécticas vacías y producirá bostezos, a unos, a otros, aullidos.

Yo seguiré imaginándome el feminismo como lo aprendí. Me enfrentaré a las desigualdades, con mis contradicciones, cuestionándomelo todo. Y, espero, carraspee mi voz menos que a mi madre si digo feminismo con el único propósito de que mi hija no la necesite verbalizar.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba