OPINIÓN

El PSOE y su hipnosis

Mientras Pedro Sánchez defendía desde Burjassot (Valencia) el socialismo del siglo XXI y un cambio que debe “tener en cuenta la voluntad de las bases”, en otros lares andaba Susana Díaz, que se presentaba en el recinto de Ifema, con una unidad de partido apabullante, defendiendo que “queremos volver a ser lo que fuimos”.

Susana Díaz y Pedro Sánchez, en una imagen de archivo.
Susana Díaz y Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. EFE

Antes de empezar una columna sobre las futuras primarias que se van a disputar en el partido socialista el próximo junio, quise preguntar a un ex votante del PSOE qué opinión merecía el baño de multitudes que se dio este domingo Susana Díaz en la presentación de su candidatura. Lo fácil hubiera sido acudir a un joven de entre 25 y 35 años y entender por qué no va a decantarse por una papeleta del PSOE en su vida. Pero por qué no mejor preguntar a un simpatizante histórico del partido que, de golpe, ya no se siente identificado con las siglas que representan al PSOE. A través de él, quizá, se podría descifrar los errores cometidos en un partido que ha ido perdiendo atractivo para ganar votantes.

Mi víctima fue un señor de 69 años, en el que aún rezuma en sus respuestas ese espíritu reivindicativo de los ochenta que toda una generación encajó en el PSOE. Pero “el viraje a la derecha” del partido, como él lo denomina, de un tiempo a esta parte justifica su actual descontento y casi diría enfado. “Mi generación navega en un mar de confusiones, porque el partido que defendía las ideas de la socialdemocracia nos ha abandonado”, lamenta. La ilusión con la que los fue votando entre el 82 y el 96 fue decreciendo y la redujo a una balsa hasta la primera legislatura de Zapatero y las políticas sociales que impulsó éste. Pero se le fue hundiendo a medida que el partido no supo remontar la crisis económica. Hoy no siente ningún aprecio por el partido que representaba sus luchas de juventud y al que ve cómo se aleja cada vez más de las bases.

Para él, el PSOE era progreso, era cambio y ya nada de eso, dice, lo advierte en sus líderes

“Nunca más votaré al PSOE”, gruñe. Para él, el PSOE era progreso, era cambio y ya nada de eso, dice, lo advierte en sus líderes. Hoy solo es para él un partido acorralado por el cinismo de sus dirigentes y el miedo a perder sus privilegios, dice. La última sesión de vergüenza que lo distanció aún más del partido fue el parricidio en aquel aciago comité federal del pasado octubre. Desde entonces, se sabe que Pedro Sánchez anda sediento de una revancha con el aparato que espera finiquitar con unas primarias. “No podían haberlo hecho peor”, refunfuña el exsocialista. En este desafío, Sánchez se tomará el pulso por el control del partido con el que quiso calmar las aguas propiciando unas primarias, pero casi a modo de calentamiento, porque la batalla la disputará Sánchez con la misma que maniobró hace tres años para colocarlo en el número uno y, finalmente, pactar su caída.

A un amanecer de celebrar el Día Mundial del Teatro, cada cual quiso rendirle homenaje a la efeméride a su manera. Mientras Pedro Sánchez defendía desde Burjassot (Valencia) el socialismo del siglo XXI y un cambio que debe “tener en cuenta la voluntad de las bases”, en otros lares andaba Susana Díaz, que se presentaba en el recinto de Ifema, con una unidad de partido apabullante, defendiendo que “queremos volver a ser lo que fuimos”. Todas las viejas glorias del PSOE, a modo de ejército, atendían al discurso de la presidenta de la Junta de Andalucía. Una combatía desde arriba, el otro desde abajo; una rescatando el pasado, el otro disparando al futuro. Una financiando su candidatura desde la gestora, el otro a través del ‘crowdfunding’.

Eso no era un mitin de líderes de la izquierda, era más bien una convención de empresarios que hacen piña para mantener su poder

El miedo, inconsciente, se experimenta en la sospecha de peligro. Para esfumarlo qué mejor que usar la confianza de los que nos dieron tan buenos momentos, debió pensar el núcleo duro de los socialistas. Y todos los exlíderes y actuales dirigentes del partido, a modo de ejército, fueron al unísono este domingo. Pero la homogeneidad no es, precisamente, un atributo de los partidos de izquierdas. O, al menos, que represente a sus votantes. “Eso no era un mitin de líderes de la izquierda, era más bien una convención de empresarios que hacen piña para mantener su poder”, juzga nuestro desencantado al respecto del acto de Díaz. Si para el exsocialista el progreso y el conglomerado de ideas era la seña de identidad del partido, no entiende por qué Díaz ha tenido que escarbar en los residuos de las épocas triunfantes para reconstruir el poder de seducción del partido. “Relanzar el PSOE con todos aquellos que nos defraudaron no creo que sea la mejor de las estrategias”, me reniega el exsocialista.

Parece que Díaz busque resistir a los cambios congelando el partido en el pasado

Parece que Díaz busque resistir a los cambios congelando el partido en el pasado. Pero tan preocupada anda construyendo su atalaya con la que las viejas glorias la protegen que no atiende a los intereses de los votantes. Sánchez, sin embargo, parece haberlo entendido pero no tiene ni las herramientas ni el apoyo interno para ejecutar ese cambio. De qué le sirve ganar a Díaz unas primarias si no dispone del carisma para seducir a los desencantados con el partido. De qué le sirve a Sánchez conquistar emocionalmente a los votantes si se verá solo tirando de un partido. ¿Qué pasará después de las primarias? Para el antiguo votante están sumergidos en la hipnosis de salvarse su propio pellejo, “y, así, resultará imposible coser el partido”.


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