Libertad 2.0

El fracaso como líder de Pablo Iglesias

En estos días en que Pablo Iglesias trata de ofrecer su cara más amable, con concesiones un tanto extravagantes (renuncio a una vicepresidencia del gobierno que jamás he tenido), comienza a correr internamente en Podemos la especie de que el líder mesiánico del populismo de izquierdas ha fracasado. Y que hay que ir buscando recambio. Decepcionantes fueron los resultados de las elecciones generales, en que el sorpasso al PSOE, el “asalto a los cielos”, no se logró. Su discurso del odio no sirve ya. Pablo Iglesias mismo había declarado que lo suyo era un arma con una sola bala. De ahí que ahora mismo sea más contestado por los suyos que por los extraños.

Ahora las encuestas comienzan a situar a Podemos por detrás de Ciudadanos, algo que tiene desencajado al líder de la coleta, cuya valoración entre la ciudadanía baja continuamente. De ahí que Juan Carlos Monedero, el más listo y leído de la banda, haya arremetido contra Rivera, el candidato de Zarzuela, arrojando contra Ciudadanos verdades como puños. Es lo de siempre del populismo: diagnósticos simples y certeros para ofrecer soluciones liberticidas. Eso sí, con financiación extranjera. Y poco amiga de la democracia en general y de España en particular. ¿Dónde está la fiscalía, Mariano?

Iglesias no es un líder. De serlo, habría conseguido unir a su alrededor a las dos facciones enfrentadas dentro del partido-movimiento

Las rivalidades internas, que Podemos no consigue ocultar, favorecen, por demás, la idea de que Iglesias no es un líder, puesto que de serlo habría conseguido unir a su alrededor a las dos facciones mortalmente enfrentadas dentro del partido-movimiento, al tiempo que meter en cintura a una cada día más crecida Ada Colau, quien ya no anda, levita. El Bloc tampoco se lo va a poner fácil a Mónica Oltra.

Me refiero a los dos modelos de formación que conviven en Podemos: el más pragmático de Iñigo Errejón, que quiere una maquinaria electoral que vaya de arriba abajo, al modo y manera de “los partidos de la casta”, frente al modelo utópico de Monedero, Teresa Rodríguez y el troglodita Urban, o sea, de Izquierda Anticapitalista, del asamblearismo, el abajo-arriba, y los círculos –cada día más vacíos-. Son proyectos incompatibles. Pablo ha optado, acaso decepcionado por el devenir de la formación y el guirigay interno, por la utopía. Renunciando con ello a sus máximos asesores en comunicación política, que son Errejón y Bescansa. Se está notando. Echenique no es Errejón. Irene Montero no es Bescansa. Lo de Tania ya no cuela.

Pero es que además, el teatrillo que está protagonizando Iglesias junto a Pedro Sánchez no hace sino ahondar la desafección del personal hacia quien prometía traer la Nueva Política, el desalojo de la casta y el ganar al enemigo (en este caso la oligarquía que para ellos representan la banca, la iglesia, el PSOE y el PP). Pablo ha pactado con quienes consideran que los del PSOE son traidores, socialfascistas, con los que no se puede acordar nada, porque hay que liquidarlos. Con los que defendían, frente a Errejón que quería consenso, ir a elecciones en junio. Con los que llaman “falangito” a Rivera y consideran a Ciudadanos la marca blanca del PP¿Se venderá Izquierda Anticapitalista al sistema por un par de ministerios, como pretende Iglesias? Complicado.

Empero, parece que si se repiten las elecciones de junio, aunque las encuestas ahora mismo no son nada fiables, Podemos perdería escaños y no lograría el sorpasso. En caso, además, de que finalmente Colau fuera por su cuenta y Alberto Garzón no destruyese definitivamente Izquierda Unida integrándolo en Podemos (en las encuestas IU sube, por lo tanto no les interesa), la sangría del populismo socialista, del socialismo del siglo XXI, podría ser tremenda.

Pablo Iglesias ha fracasado será sustituido, como Marine Le Pen sustituyó a su padre

Pablo Iglesias ha fracasado. Tic-tac. Será sustituido, como Marine Le Pen sustituyó a su padre, Oertel a Bachmann al frente de Pegida, o como Puigdemont ha sustituido a Artur Mas. Para el populismo el líder mesiánico es fundamental y Pablo ya no sirve. Una de las características del síndrome populista, que no es más que una enfermedad de la democracia, es la existencia de un líder mesiánico, redentor. La cara de Iglesias en las papeletas electorales no tenía como único fin dar a conocer la nueva marca. El líder es el que representa los gustos y deseos de “la gente” (el pueblo), el que sabe lo que quieren. Como señalase Iñigo Errejón en su día: “el uso del liderazgo mediático de Pablo Iglesias fue una condición sine qua non y un precipitador de un proceso de ilusión y agregación popular.” Y eso ya no lo representa el antipático y arrogante Iglesias.

Ahora, con el partido-movimiento a tortas y los círculos cada vez más vacíos, el populismo socialista empieza a sospechar que acaso se equivocaron de líder redentor. Lo cambiarán sin remordimientos si en las elecciones de junio Podemos pierde fuerza, como señalan todas las encuestas que sucederá. Y la guerra entre Errejón y Monedero, entre las dos formas de ver la construcción de Podemos, volverá a comenzar.

PD. Si les apetece, este próximo sábado en el Instituto Juan de Mariana (c/ del Ángel 2, metro Latina), servidora y Jorge Vilches, ofreceremos una conferencia titulada “Los populismos en España”.


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