Libertad 2.0

Gracias, Ángeles

Conocí a Ángeles Pedraza en un momento en que todo eran hieles para la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la mayoritaria de este país, fundada en el año 1981, año de plomo, por la recientemente fallecida Ana María Vidal-Abarca. Fundadora a quien el Estado, por cierto, persigue incluso después de muerta. Cuando nos presentaron, los ataques externos de quienes consideraban a las víctimas marionetas del Partido Popular, se sumaban a una enorme división interna jaleada por los medios de comunicación. Una división forzada y letal, acaso porque en documentos relacionados con la hoja de ruta pactada entre Rodríguez Zapatero y la banda terrorista ETA, los criminales afirmaban que uno de los impedimentos para la “paz” eran, precisamente, sus víctimas. Las de la AVT, que tantas veces sacaron entre los años 2004 y 2008 a los españoles a la calle. Eran los tiempos en que las manifestaciones las encabezaban los líderes del PP, hoy distanciados de la AVT. Unas víctimas que contaban, y cuentan, con el cariño mayoritario de una sociedad españolainfantilizada que, sin embargo, no olvida el dolor causado por los del coche bomba y el tiro en la nuca. Pablo Iglesias lo pudo comprobar recientemente en “El Hormiguero” cuando pidió medidas de gracia para los asesinos.

Ángeles, que oyó la explosión sin saber lo que era, presintió enseguida que Miriam se había ido para siempre

Ángeles, cordobesa de nacimiento y madrileña de adopción, se afilió a la AVT después de que su hija Miriam fuera asesinada por el terrorismo yihadista en los atentados del 11 de marzo. Ángeles, que oyó la explosión sin saber lo que era, presintió enseguida que Miriam se había ido para siempre. No va a perdonar en la vida a los terroristas. Ni el peregrinar de hospital en hospital de aquél día. La incertidumbre, el tener que ver cosas con las que hoy en día a veces aún sueña. “Lo de IFEMA nunca se nos va a olvidar a los que estuvimos allí, agrupados por orden alfabético. Cuando subía el señor de amarillo ya no sabías qué querer: si que te dijeran que estaba allí, en la morgue, o que aún quedase un hilo de esperanza. Yo encontré a Miriam a las cuatro de la mañana. Hubo gente que tardó una semana en encontrar a los suyos”.  Aquél mismo día, como terapia para superar el repentino dolor, comenzó a escribir. Le gusta que la gente hable de Miriam.

Cristina Cuesta fue quien le dio la dirección de la AVT y la introdujo en ella, invitándola a un acto en Ermua como víctima del 11-M.

Durante los años en que, como presidenta de la AVT, se ha expuesto mediáticamente, ha evitado que nadie la viera llorar. Algo que se rompió el pasado viernes en la Real Casa de Correos, sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, cuando los empleados de la AVT y su junta directiva la sorprendieron con un premio “por su generosidad, su trabajo sin desmayo, su lucha incansable y su valentía en la defensa de las víctimas del terrorismo”, como afirmó el Secretario General de la organización, Alfonso Sánchez. María Angeles se emocionó como se emocionan las personas de bien, fuertes y sencillas. Los presentes nos emocionamos con ella.

El día en que nos conocimos, Ángeles venía acompañada de su inseparable Miguel Folguera (presidente de APAVT). En seguida me di cuenta de la fuerza vital que desprende. Tanta es que ni siquiera el cáncer, tan relacionado con el estrés que sufren las víctimas, ha podido con ella. Conceder entrevistas desde el hospital sin que se note o acudir a los actos y manifestaciones entre sesiones de quimioterapia se convirtió en lo cotidiano. Tampoco hace unos meses, cuando la enfermedad decidió volver a asomar su maldito rostro, dejó María Ángeles de pelear por los suyos, por las víctimas.

Ese día del que hablo, estaba muy dolida por las brutales campañas de desprestigio emprendidas contra ella y Miguel. Cosas de la división y la necesidad de los políticos de justificar sus acciones. Sin embargo, no hablaba mal de nadie. Sólo se defendía. Y defendía, ante todo, a la AVT como asociación independiente. No comprendía que un ministro del Interior no recibiera a la presidenta de la AVT, que incluso personas de dicho ministerio le negasen el saludo en actos públicos.  No quiso denunciar cómo, después de perder a su hija, se afilió a la asociación de la enfermera Clara Escribano, que hoy preside Pilar Manjón y cómo, desde la llegada de ésta al sillón de mando, su afiliación desaparecía. “Se ha caído del ordenador”, me contó que le decían.

Ángeles ha decidido no volver a presentarse a la reelección, aunque asegura que seguirá ayudando y sirviendo de apoyo a las víctimas

Tampoco ha presumido de cómo consiguió para la AVT un nuevo local, mucho más grande que el anterior, o que se digitalicen todos los documentos de la asociación, algo fundamental a la hora de rescatar viejos y empolvados sumarios de casos sin resolver. También ha aumentado la ayuda psicológica a las víctimas, a las que se han sumado familias de los españoles asesinados, por ejemplo, en París.

Ahora, Ángeles ha decidido no volver a presentarse a la reelección, aunque asegura que seguirá ayudando y sirviendo de apoyo a las víctimas. Ahí estará, silente, dando la mano a quien lo necesite. Porque no sabe hacer otra cosa.

Ángeles, en definitiva, es una mujer grande. Gracias por todo, Ángeles.


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