OPINIÓN

Todo va a cambiar

Corren malos tiempos para los conservadores, para los estatistas, para los totalitarios, para los socialdemócratas. Todo está a punto de cambiar.

José Luis Cordeiro.
José Luis Cordeiro. J.P.

Hace un par de semanas estuvo nuevamente en Madrid quien, a mi juicio, es uno de los visionarios más importantes de nuestro tiempo, José Luis Cordeiro. Su conferencia no fue grabada esta vez pero aquí comparto el enlace a otra muy parecida. Este venezolano universal, a caballo entre las ideas del transhumanismo, y las de la Libertad tanto económica como personal, comparte su conocimiento en varias de las más prestigiosas instituciones académicas del mundo, desde el IDE de Tokio al prestigioso MIT de Massachusetts o el MIPT de Moscú, y en centros de estudios e institutos de pensamiento de Asia, Europa, Norteamérica y América Latina. Pero la principal tarjeta de visita del profesor Cordeiro es su condición de cofundador de la Singularity University, la gran casa de estudios impulsada por Google y otros gigantes de Silicon Valley para afrontar los retos del futuro inminente: aquellos que el resto de la comunidad académica, ensimismada en las inercias del mundo previo a la inteligencia artificial, no ve o no quiere ver. Tuve la suerte de conocer al profesor Cordeiro hace más de quince años, y de que coordinara un especial sobre libertad monetaria para la revista de economía y ciencias sociales que entonces dirigía, Perfiles Liberales. El factor clave que, en mi opinión, le diferencia de tantos otros pensadores liberales clásicos y libertarios de nuestro tiempo, es su capacidad de dejar atrás las nefastas herencias intelectuales que con frecuencia lastran a las ideas de la Libertad. Cordeiro las ha superado y exuda pasión por el futuro, la Razón, la ciencia y la tecnología, justamente lo que más le falta a buena parte de la intelectualidad liberal-libertaria de hoy.

El nacionalismo, tan obsoleto en nuestro tiempo, sigue siendo una de las gasolinas que aún alimentan el fuego del estatismo

Si en la arena política acabar con el fusionismo es esencial para que la contrapolítica libertaria tenga coherencia y pueda ser entendida y valorada por la sociedad, en el terreno académico se necesita, y de forma todavía más perentoria, seguir el mismo camino de Cordeiro y desechar esas pesadas herencias. Entre los lastres que refrenan el avance de nuestras ideas, al procurar una espuria hibridación con las mismas, se encuentran los mitos colectivistas, ya vengan con sabor de “izquierda” (pueblo, clase) o de “derecha” (nación, patria). El nacionalismo, tan obsoleto en nuestro tiempo, sigue siendo una de las gasolinas que aún alimentan el fuego del estatismo para reprimir al individuo humano y usurpar su soberanía. Los Estados se justifican principalmente mediante dos combates que supuestamente libran en nuestro nombre: contra los enemigos de la nación y contra la pobreza. Y por lo tanto necesitan hacer patria y hacer pobres, o su falsa legitimación quedaría en evidencia.

Se puede evadir la realidad pero no las consecuencias de haberla evadido

José Luis Cordeiro

Otra de las herencias que los teóricos y académicos de las ideas de la Libertad deben superar cuanto antes es el mito de la jerarquía social, hecho añicos por el empoderamiento tecnológico del individuo. Y otra es el tradicionalismo cultural, con frecuencia basado en los miedos conservadores y en los mitos arcaicos de inspiración mística. Esos mitos, como bien señaló Ayn Rand, son atajos para no pensar, para llegar a conclusiones comfortables de forma instantánea eludiendo la realidad. “Se puede evadir la realidad pero no las consecuencias de haberla evadido”, escribió la filósofa ruso-americana. Si es toda la sociedad, toda la humanidad, quien de forma masiva e irreflexiva, malaconsejada por sus líderes de opinión y por las estructuras estatales, opta por evadir la realidad, nuestra especie sufrirá las consecuencas de esa evasión como los pasajeros de primera clase bailaban en el Titanic minutos antes de estrellarse contra el iceberg. Y la voz de José Luis Cordeiro es una de las principales que hoy nos avisan de los peligros inminentes y, a la vez, nos anuncian con entusiasmo las oportunidades inéditas, igualmente inminentes, que la revolución tecnológica está a punto de hacer realidad. Los cambios que vamos a experimentar como individuos y como especie son tan radicales que eliminan todo atisbo de exageración en el concepto de transhumanismo.

“El ser humano no es el fin de la evolución sino el inicio de la evolución consciente”. “Vamos a pasar de la manufactura a la mentefactura”. “Vamos a diseñar la materia átomo a átomo”. “En los próximos treinta a cuarenta años vamos a acabar con todas las enfermedades”. “La vida nació para vivir, no para morir”. Estas son algunas de las ideas seminales que José Luis Cordeiro lleva en la maleta, y que llenan una y otra vez los salones de grados y las aulas magnas, también de profesores pero sobre todo de estudiantes, de jóvenes que inevitablemente van a presenciar la singularidad —el momento, de aquí a unos quince o veinte años, en el que la inteligencia artificial superará a la humana— con los correspondientes retos a asumir, riesgos a gestionar y oportunidades a aprovechar. Por otro lado, la revolución de la longevidad ya es un hecho y además se prevé que hacia 2045 la biotecnología haya derrotado a la mismísima muerte por causas naturales, y ello también implica retos que no podemos eludir.

El conservador siempre empleará las inercias de la tradición y las creencias místicas para que nada cambie

Como explicó Hayek, lo que carecteriza al conservador es su terror irracional a la innovación, al progreso. El conservador siempre estará dispuesto a pagar cualquier precio por preservar el statu quo, y no tendrá el menor reparo ético en hacerlo por la fuerza, obligándonos a todos. Ya se lo justificará a sí mismo con algún mandato divino o con su propia visión del “interés general”. El conservador siempre empleará las inercias de la tradición y las creencias místicas para que nada cambie. Conservadores, por supuesto, los hay por igual en la “izquierda” y en la “derecha”. Y ambos son lo diametralmente opuesto a la gente de la Libertad: a los liberales sin hibridar y a los libertarios. Corren malos tiempos para los conservadores, para los estatistas, para los totalitarios, para los socialdemócratas. Todo está a punto de cambiar, y es muy conveniente darse cuenta y prepararse (para bien y para mal). Como dice José Luis Cordeiro, “no hay que tenerle miedo a la inteligencia artificial sino a la estupidez humana”.


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